La avenida Avellaneda ya es el mayor centro del comercio ilegal porteño
Según un informe de la Cámara Argentina de Comercio, la cantidad de puestos de venta informal en esa zona de Flores dobla la de Liniers y Once; el gobierno recién intervendría en 2014
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Cada mañana, entre las 8 y las 9, las veredas y calles de la avenida Avellaneda empiezan a abarrotarse. Es la hora en la que, a falta de control oficial, los manteros imponen su ley. Según un informe de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), esta arteria encabeza, con 413 puestos, el ranking de calles, avenidas y peatonales más afectadas de la ciudad por la venta ilegal, en una tendencia que va en aumento. Entre clientes, proveedores y peatones, los manteros surgen de aquí y de allá y se convierten en protagonistas de un hormiguero humano en el que reinan sin que nadie amenace su poder.
El último informe mensual de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME) ratifica los datos del relevamiento de la CAC e indica que las avenidas Avellaneda y Nazca y la calle Bogotá concentran el 32% del comercio ilegal de la ciudad. El porcentaje determina que esa zona de los barrios de Flores y Floresta ya es el principal foco del mercado informal porteño, seguida de muy lejos por Liniers (16%) y Once (15%).
Por Avellaneda, los puestos empiezan a armarse desde temprano. Mientras algunos manteros llevan sus mercaderías en carros desde depósitos de la zona, muchos las descargan de autos particulares. Así, un coche se estaciona sobre la línea amarilla en la esquina de Nazca y Avellaneda y, en lo que dos mujeres tienden las mantas sobre el piso, el conductor descarga pilas de remeras y calzas. En la cuadra de enfrente, una camioneta que minutos antes había provisto de remeras a un puesto en Concordia y Bogotá, ante la vista de dos efectivos de la Policía Federal, repetía la tarea.
En Avellaneda y Argerich se monta una zapatería a cielo abierto con un depósito móvil, ya que el auto les sirve a los vendedores para ofrecer su mercadería en la calzada. En la intersección con Helguera, otro puesto ocupa hasta la tercera franja de la senda peatonal. Una tabla de madera y unos cartones separan las pilas de ropa de los baches y los charcos de la calle.
Sobre la acera, los puesteros aprovechan cada intersticio para acomodar sus percheros, mantas, parrillas metálicas y tablas de madera. Meses atrás, y por iniciativa de la Asociación Coreana de Empresarios en la Argentina, los comerciantes de la zona habían colocado maceteros móviles para disuadir la instalación de los puesteros. Pero la estrategia no dio ningún resultado.
En tanto, en el tramo entre Nazca y Argerich, que se encuentra en obra, el vallado metálico se usa como exhibidor para carteras, medias, fundas de celulares y breteles de corpiños. Allí, el gobierno de la ciudad instala nuevos canteros de cemento, luminarias, árboles y tachos de residuos.
En la opinión de Ariana Menaged, propietaria de un comercio de ropa en Avellaneda y Nazca, las obras sirven, pero "sólo si hay control". Para esta comerciante, la venta ilegal representa "una competencia desleal" y perjudica sus ventas, al punto que, según relató, dos meses atrás decidió echar a baldazos a un puestero que quiso instalarse frente a su negocio. "Si no los frenamos, uno de los centros comerciales más grandes del país va a convertirse en una zona liberada", opinó.
También Susana Barbera, dueña de otro local de ropa, sostiene que por el aumento del comercio ilegal bajaron sus ventas. "Si seguimos así, con todos los gastos que tenemos, convendría bajar la persiana y salir a vender todo afuera", expresó.
Para Gabriel Molteni, economista jefe de la Cámara Argentina de Comercio, el aumento de puesteros sobre Avellaneda se debe a un incremento de la actividad formal en la zona, que tracciona el comercio ilegal, sumado a la reubicación de puesteros de otras zonas como Florida y Retiro, donde el gobierno de la ciudad realiza operativos desde el año pasado.
Si bien la mayoría de los puestos callejeros son de ropa, en las calles aledañas como Bogotá no falta la oferta gastronómica, que incluye sándwiches de milanesa, empanadas, pollo, tortas y gelatina. En tanto, por Avellaneda, el salame y el queso son el menú principal. "Salame auténtico de Colonia Caroya", explican los manteros, mientras invitan a los peatones a degustar.
En las calles, la circulación no es sencilla. Al tránsito habitual se suman los ómnibus y las combis que llevan pasajeros de todo el país, en los conocidos "tours de compras". En las calles adyacentes a Avellaneda es común ver colectivos de doble piso que se quedan estacionados durante horas y ocupan la mitad de la cuadra, así como las combis en doble fila que, por $ 30, llevan pasajeros hasta la feria de La Salada.
"No es sólo un problema de tránsito. Los micros se adueñan del barrio y asaltan el espacio público, con la ocupación de las veredas y la suciedad que queda al día siguiente. Sentimos que la zona está entregada", expresó Luis Sáenz, un vecino del barrio.
En respuesta a la problemática del comercio ilegal, Patricio Di Stefano, subsecretario de Uso del Espacio Público porteño, explicó a LA NACION que Avellaneda "está en el marco del plan de ordenamiento del espacio público de la Ciudad", aunque, aseguró, "dado que la Policía Federal no presta colaboración al gobierno de la ciudad, esperamos la incorporación de nuevos efectivos de la Metropolitana e inspectores, para actuar en algún momento del primer trimestre de 2014".



