La ciudad no duerme: el pulso que marcan los que trabajan de madrugada
Canillitas, taxistas, locutores, empleados de seguridad y panaderos, entre otros, le ponen vida a las calles porteñas cuando la mayoría descansa
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Cuando la mayoría de los porteños apagan las luces y se van a dormir, otros se están alistando, se están vistiendo o preparando todo lo necesario para arrancar una nueva jornada laboral. Son los que trabajan de madrugada, los que hacen que la ciudad nunca duerma.
Allí están los que marcan el pulso de la noche: cerca de 10.000 taxistas ponen en marcha sus autos después de la medianoche para largarse hacia las calles y avenidas; más de 2400 canillitas inician su jornada laboral después de las 23, y cerca de 3000 hombres de seguridad custodian los ingresos de bares, boliches y edificios porteños. Hay más: empleados de más de 650 panaderías ponen manos a la obra cuando la mayor parte de la ciudad se va a dormir. Y todos se conectan con las voces de los locutores de radio, que entre las 12 y las 6 hacen que la noche sea más llevadera.
En la esquina de Las Heras y Pueyrredón, en Recoleta, bajo una llovizna fina, Luis (padre) y Luis (hijo) acomodan pilas y pilas de diarios en el puesto que tiene la familia hace más de 50 años. En el semáforo hay dos autos parados que esperan la luz verde y hay un quiosco, de la mano de enfrente, que permanece abierto. Son las 4.30. A Luis (padre) no lo tienta demasiado la idea de hablar; en cambio a su hijo, de 30 años, sí. Y cuenta que se levanta a las 3 para repartir los diarios casa por casa. "Trabajar de madrugada no es fácil, pero te acostumbrás. Vas al revés del mundo, te levantás cuando la gente está en pleno sueño. Este es un negocio familiar y nunca evalué hacer otra cosa, pero admito que vivir de noche muchas veces pesa", cuenta Luis Trigo. Su padre lo mira y se sonríe: el hombre lleva 50 años madrugando y repartiendo diarios. Y, asegura, nunca se quedó dormido.
El camión acopia todos los diarios e inicia el recorrido, que finalizará cerca de las 7, cuando comience a salir el sol. En el camino se cruza con un taxi conducido por Juan Manuel Seoane, uno de los miles de "tacheros" que trabajan durante la madrugada. Tiene 62 años, lleva más de 30 abordo del taxi y hace diez años trabaja cuando la ciudad duerme. Mientras saborea un café negro a modo de pausa, en un puesto de la desierta plaza Miserere, cuenta que trabajar de noche es "toda una decisión".
"Soy dueño y preferí laburar de 1 a 12. A veces la noche es triste, pero a la vez es pacífica y cómoda. Nadie te apura, nadie anda corriendo. Y además se gana más plata. ¿Cuándo duermo? Desde las 21 hasta la medianoche, tres horas. Y una siestita a la tarde, también", aclara, entre risas. Seoane termina el café, se acomoda la campera y se dispone a comenzar un nuevo recorrido. Enfrente, en la estación de Once, arranca el movimiento: los primeros madrugadores van hacia su trabajo y los puesteros reacomodan su mercadería bajo un plástico que la protege del agua.
Según el Centro de Industriales Panaderos de la ciudad, en Buenos Aires hay algo más de 800 panaderías, de las cuales cerca de 650 inician su jornada productiva entre las 2 y las 3. Santiago Costilla es el panadero a cargo de la Confitería Aquiles, en Emilio Castro 7629, en el corazón de Mataderos. Vive en el barrio y llega a su trabajo caminando. Dice que la ciudad de noche a veces le da tristeza. Aprendió su tarea de oficio y trabaja dos turnos seguidos.
"Creo que hacer mi tarea de madrugada me vuelve más hostil y malhumorado. Uno se acostumbra porque no le queda otra, pero por momentos se sufre. Vamos a trasmano de los amigos y la familia", dice Costilla. Mientras coloca la crema que corona el proceso de producción de una factura, aclara que duerme por la tarde, a partir de las 18, y hasta la hora que entra a trabajar. "Lo fundamental es disfrutar mucho lo que uno hace. Si no, no se puede", concluye. Abre la puerta de hierro de un horno de barro y deposita dentro una bandeja con docenas de facturas listas para cocinar. De fondo suena una FM que, según Santiago, es su compañía durante toda la madrugada.
Del otro lado de la ciudad, en el cruce de Uriarte y Nicaragua, en Palermo, un hombre de seguridad cuida la entrada de un edificio. Cerca de allí están los estudios de FM One, donde el locutor Germán Mallo presenta canciones y acompaña a Luis, a Juan Manuel, a Santiago y a tantos otros que trabajan bajo la luz de la luna. Con su buen ánimo les informa el pronóstico del tiempo y los anima con los últimos hits. Entre tema y tema cuenta que la madrugada se vive "de manera relajada", que el ritmo de la gente "baja" y que circular por las calles se vuelve un placer. Es cierto: de noche hay muy pocos autos. "El oyente busca no pensar en nada y relajarse. Me sorprende la cantidad de gente que está despierta a esta hora y nos cuenta qué hace mientras nos escucha", sostiene.
La luz roja de "aire" se enciende y Germán vuelve al ruedo sin titubear. Por la ventana se ve la leve llovizna que cubre el asfalto de la avenida. A eso de las 6, la oscuridad da paso a la luz. Un hombre con su uniforme de barrendero se cubre del agua bajo un techo: esta noche, quienes limpian las calles porteñas optaron por dejar su tarea para mañana.
"A las 6 de la mañana se acaban los fantasmas", dice Enrique Mamani, un empleado de seguridad que trabaja en un bar de Recoleta. Y agrega: "La gente común vuelve a la normalidad cuando sale el sol". Entonces, para ellos, empleados de la noche, es tiempo de ir a dormir.
Luis Trigo: canillita

Tiene 30 años, vive en Vicente López, y su padre es dueño del puesto de Las Heras y Pueyrredón, en Recoleta. "Trabajar de madrugada no es fácil, pero uno termina acostumbrándose. Es muy importante que la pareja te acompañe y sea comprensiva."
Santiago Costilla: panadero

Tiene 40 años, es de Mataderos y hace más de 20 que aprendió el oficio. "Dormir de día te vuelve un poco malhumorado; entre la 1 y las 3 te agarra un sueño insoportable. Pero si a uno le gusta la actividad que tiene, la madrugada no es tan pesada. Se lleva bien."
Juan Manuel Seoane: Taxista

Tiene 62 años, es de Valentín Alsina y lleva adelante esta actividad en la Capital desde hace 31 años. "Lo mejor es que nadie te apura y, además, se gana más plata. El lado negativo es la inseguridad: hay que estar más atento a todo."
Germán Mallo: locutor

Tiene 29 años y trabaja en FM One, de 22 a 3. "No es fácil, sobre todo porque de noche siempre se descansa mejor y eso el cuerpo lo siente. Lo positivo es tener todo el día libre. Mi rol como locutor es, básicamente, acompañar a todos los que están despiertos. Y no son pocos."


