La cerrajería de 1917 que conoce los secretos de la Casa Rosada y otros edificios emblemáticos
Cuatro generaciones de descendientes de asturianos se encargan de reparar las cerraduras más antiguas de la ciudad, entre ellas, las de la Casa Rosada
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No siempre funciona el “ábrete, sésamo” para destrabar cerraduras y abrir puertas. El tradicional oficio de cerrajero, con robos a la orden del día, está más vigente que nunca, especialmente en Antigua Casa Martínez. Ahí, desde 1917, cuatro generaciones descendientes de asturianos se encargan de reparar las cerraduras más antiguas de la ciudad: entre ellas, las de Casa Rosada. Es un pequeño local a metros de la Plaza de Mayo que trabaja en los edificios emblemáticos de la City porteña: ministerios, aseguradoras, bancos. Solo ellos conocen los trucos de las primeras llaves inglesas y, gracias a este saber perduraron en el tiempo y fueron testigos de un siglo de historia nacional.
“Al día siguiente de haberse ido de la Rúa me llamaron para cambiar la cerradura de su despacho”, recuerda Patricio Martínez, en relación a diciembre de 2001, cuando lo convocaron desde la Casa Militar. Cada vez que un funcionario de primera o segunda línea deja su cargo, deben acudir a colocar una nueva cerradura de la oficina, explica a LA NACION Patricio, de 48 años, bisnieto del fundador de la cerrajería considerada la más antigua de Buenos Aires, ubicada en la Avenida Leandro N. Alem 52.

Todo comenzó a fines del 1800, cuando José Martínez y su esposa Herminia llegaron en barco desde Asturias, España, y pisaron suelo porteño. Primero vendieron y repararon cocinas económicas, a leña, en una herrería. Aún no existían las cerrajerías. Pero luego incursionaron en el tema cuando a principios del siglo XX se levantaron los icónicos edificios del Microcentro con materiales importados de Europa que usaban cerraduras inglesas o norteamericanas marca Yale o Ruswin, con llaves de una sola paleta. “Todos los edificios eran ingleses, entre ellos el Banco de Londres y La Holando Sudamericana, una aseguradora a la cual desde que nació nosotros proveemos”, explica.
En muchas de estas construcciones aún se conservan las antiguas cerraduras. Nunca se pusieron a hacer la cuenta, pero a simple vista, los Martínez aseguran que el ministerio con más puertas y cerraduras es el Palacio de Hacienda, le sigue el de Transporte y luego el Guardacostas de la Prefectura.

Unos pocos saben repararlas; se trata de un oficio artesanal. Es difícil y se transmite de generación en generación. Son cerraduras con hasta 80 años de antigüedad, más nobles y duraderas, asegura. Los insumos para arreglarlas los traen del exterior cuando tienen oportunidad de viajar. Aquí no se consiguen.
Pero no solo en el la City tienen este sistema: también algunos departamentos de Recoleta, el CCK y el Teatro Colón. En el caso de los dos últimos, cuando fueron puestos en valor contaron con el servicio de Antigua Casa Martínez.

Amigos de presidentes y ministros
Pero no solo deben ocuparse de las puertas de los ministerios y de Casa de Gobierno, sino también de las cajas fuertes que por lo general poseen los despachos en su interior. “Cuando dejan sus funciones también les cambiamos la clave de la caja de seguridad donde, por lo general, se esconde documentación importante. Son papeles que no se pueden guardar en una computadora”, revela.
¿Qué fue lo más insólito que llegaron a encontrar al destrabar la combinación de una caja de seguridad? “Medio millón de dólares. Los padres habían muerto y el hombre no sabía que hallaría tanta cantidad dinero”, cuenta. Pero también fue testigo de lo contrario: observar la pena de un cliente al darse cuenta que, por desgracia, no le habían dejado ninguna herencia.

En otra ocasión, por ejemplo, se encontraron adentro de una caja fuerte con un revólver de colección americana carísima.
Los Martínez se jactan de haber conocido a casi todos los presidentes y aseguran ser apolíticos para mantener buenos vínculos con diferentes gobiernos. Así se los enseñó su bisabuelo. “Ellos nos dan de comer”, repetía.

El local está al lado de la Cámara de Comercio. Los presidentes solían ir a hablar ahí una vez por año, y cuando pasaban frente al negocio los saludaban. Conocieron a Arturo Illia, a Juan Domingo Perón, a Raúl Alfonsín, a Carlos Menem y a todos los ministros de estos presidentes. Sobre Perón, su abuelo decía que “era muy simpático”. A su vez, Patricio, dice que el exministro Florencio Randazzo “es muy sencillo y campechano”, y al funcionario menemista Luis Granillo Ocampo lo describe como “macanudo y sencillo”. Además, por estar a una cuadra de Plaza de Mayo, fueron testigos de importantes acontecimientos como el bombardeo del 55, o las protestas por la crisis del 2001.
Con más de un siglo de historia lograron sobrevivir a varias crisis económicas, como la época del exministro Martínez de Hoz con la Ley 1050 y la pandemia de los dos últimos años, con una ciudad desierta y las oficinas vacías. ¿El secreto para mantenerse? “Somos gente de palabra y por eso nos tienen confianza. Los clientes son amigos. Eso lo aprendimos de nuestros mayores”, asegura Patricio, que maneja el local junto a sus cinco primos. “Yo tengo la llave de tu casa, de tu cerradura; imaginate la confianza que me tenés que tener”, remarca con orgullo.

También tienen clientes en barrios como Puerto Madero, donde hay otro tipo de cerraduras, más sofisticadas. Sin embargo, pueden fallar: un día el cantante Cristian Castro se quedó encerrado en el baño del edificio donde estaba alojado y, cuando los Martínez lo fueron a salvar, se reía sin parar, recuerda. “Nosotros cobramos más caro pero también nos pasó de escuchar que pagaron un servicio barato en Puerto Madero y a la semana siguiente les desvalijaron el departamento”, aclara. Entre los clientes de esa zona se encuentra el Hotel Hilton, con el que trabajan desde su inauguración.
Del cantante Mariano Mores dice que era agente de bolsa, con su oficina al lado del local. Cuando le cambiaban la cerradura, les cantaba un tango.
¿Urgencias atienden? “No —dice—. La gente sabe que siempre estamos acá”.






