La historia de una casona que fusiona diferentes oficios
Una florería, una editorial y un restó de alta gama, bajo el mismo techo
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Están los libros, están las flores, el arte y la buena cocina. Todo se conjuga en esa imponente casona justo enfrente de la plaza Alemania, en Palermo Chico. Construida a principios del siglo pasado por el arquitecto noruego Alejandro Christophersen, Casa Cavia celebra los oficios que contiene. Llamada en aquellos tiempos Residencia Bollini Roca, la casona fue restaurada por el estudio londinense de arquitectura y diseño Kallos Turin, con la intención de "borrar las líneas entre los ambientes para que floristas, editores y cocineros se sintieran en casa a través de los distintos espacios".
Techos altos, piedra, madera, mármol. Pero también sillas y sillones de gamuza verde y mesas blancas y doradas que aportan un diseño contemporáneo que juega como contrapunto al estilo arquitectónico ecléctico del lugar, según cuenta a LA NACION Guadalupe García Mosquera, a cargo de la dirección creativa de Casa Cavia.
Hay armonía en esta casa. También buen gusto y una amalgama entre los distintos oficios que dan sentido a la nueva propuesta. La gastronomía es comandada por Julieta Caruso, que trabaja desde hace nueve años en el restaurante vasco Mugaritz, que lleva más de una década en el top 10 de los mejores restaurantes del mundo. En la planta alta de la casona está la editorial Ampersand, especializada en ejemplares únicos y valiosos tanto por su contenido como por su forma. Dirigida por Ana Mosqueda, allí también hay una sala destinada a dar algunas clases, presentaciones y charlas.
Por último, y al cruzar el jardín rodeado de plantas y donde se impone una pared de muro vivo, está el espacio de Camila Gassiebayle, directora de la florería Blumm Flower Co., que nació de su pasión por el campo. Camila, dicen sus colegas, se anima a experimentar con formas y combinaciones inesperadas en cada arreglo floral que realiza.
Cuando el comensal se sienta a la mesa de Casa Cavia, todo se conjuga en una misma experiencia. La carta, o el libro, consta de tres capítulos: entradas, principales y postres. Pero antes de llegar al índice, el menú tiene su introducción, donde se lee: "Siempre hay flores para aquellos que quieran verlas", Henri Matisse.



