"La miseria imposible de ocultar en el centro de Buenos Aires": el crudo informe de El País sobre la Villa 31
El corresponsal del diario español en Buenos Aires publicó una radiografía del asentamiento porteño
1 minuto de lectura'

"El ayuntamiento ha colocado vallas, mallas de metal y plantas para separar la autopista de la villa. En teoría, se pretende proteger a los vecinos y evitar que las casas literalmente se monten sobre los coches. Pero muchos, abajo, creen que quieren aislarles y conseguir que los automovilistas no les vean. Es casi imposible, la villa es enorme. Pero algo tapa".
Algunas de las primeras frases de un crudo informe del diario español El País alcanzan para reflejar cómo se percibe en Europa el fenómeno de las villas porteñas. En este caso se describe a la Villa 31, ubocada "en el corazón de Buenos Aires, a 200 metros del barrio más caro de la capital argentina y un centro comercial de lujo".
El periodista Carlos Cué, corrsponsal de El País en Buenos Aires, realizó una recorrida por uno de los asentamientos más representativos de la ciudad y lo contó en el diario español. A continuación, algunos de los fragmentos más destacados de la nota.
- La 31 ha doblado su población en la última década. Ya viven allí entre 40.000 y 50.000 personas. Nadie lo sabe con certeza. Pero mientras arriba, en la autopista, la villa se difumina, abajo la realidad es cada día más dura. Una guerra entre bandas narco, peruanos contra paraguayos, ha dejado cinco muertos en un mes, el último de solo 14 años. Un récord incluso para esta zona donde el asesinato no es algo raro, aunque siempre fue más tranquila que la 1-11-14, la villa más dura.
- Diego Fernández, secretario de integración urbana y social de la Ciudad de Buenos Aires, rechaza cualquier crítica las plantas que desde la autopista tratan de cubrir la villa. "La ciudad no tiene ninguna voluntad de ocultar la villa 31 sino de integrarla", asegura.
- En el camino de entrada a la villa, al lado de la principal estación de trenes de Buenos Aires, Retiro, el mundo cambia. Quedan atrás las espectaculares avenidas de la capital, con sus árboles centenarios y sus mansiones de otra época, hoy embajadas, y empiezan las calles sucias, con colchones en el suelo donde duermen los adictos al paco, que deambulan como zombies. Son parte del paisaje. Cables, escaleras de caracol imposibles para los pisos más altos y cumbia villera. Son los grandes protagonistas del día a día de esta miniciudad.
- Una ambulancia intenta entrar en la 31, justo bajo la autopista. Es el único lugar con semáforos, uno a la entrada y otro a la salida. Pero no los respetan. El colapso es la norma. Para pasar, la ambulancia tiene que lograr que cuatro coches den marcha atrás bajo los pilares de la autopista, una maniobra lenta y complicada. Cada metro está ocupado, las casas crecen como enredaderas alrededor de los pilares. Arriba los coches van a 80 por hora cada vez más ajenos a la villa. Pero abajo todo va despacio. La 31 no es un lugar para urgencias.



