La Shoá espera su monumento
"Se ruega mirar la ausencia", pide uno de los cuatro carteles que anuncian la llegada del monumento nacional a la memoria de las víctimas del holocausto judío, en la Plaza de la Shoá, ubicada en la esquina de Libertador y Bullrich. El predio se inauguró el 3 de mayo, y aún espera por la obra anunciada.
"El gobierno de la ciudad se ocupó del predio y a la Nación le toca financiar el monumento. Hablamos en varias oportunidades con Jorge Coscia, secretario de Cultura de la Nación, y nos dijo que van a hacerse responsables, pero que aún no saben cuándo. Parece que faltan los recursos", explicó Aldo Donzis, presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) e impulsor de este reconocimiento.
Consultados por LA NACION en la Secretaría de Cultura de la Nación, desde allí manifestaron que desconocen el tema. Por ahora, la única certeza es cómo será el monumento, obra de los arquitectos Gustavo Nielsen y Sebastián Marsiglia, quienes en 2009 obtuvieron el primer premio por su proyecto en un concurso llevado a cabo por la Secretaría de Cultura de la Nación.
"Nuestra obra opera mediante un sistema de piedras que llevan impresas las huellas de objetos cotidianos: paraguas, libretas, vajilla, ropa", explicó Nielsen. El monumento, que medirá 39 metros de largo por cuatro de alto, tiene un coste de $ 3 millones [tres veces más que la plaza], y estará formado por 114 bloques de hormigón. Ellos estarán divididos en dos partes: por un lado, representarán a las víctimas del atentado a la embajada de Israel y, por el otro, a las de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA).
Las piedras conformarán un muro y estarán incrustadas sobre el terraplén de las vías del ferrocarril Mitre, tren similar al que durante la Segunda Guerra Mundial transportó a millones de judíos a los campos de concentración. Nielsen define a la obra un "rompecabezas existencial", y subraya que se inspira en el pensamiento del artista alemán Jochen Grez, para quien "los monumentos deben ser construidos para ser invisibles, ya que mientras las imágenes se desgastan, las palabras mantienen viva la memoria". De ahí, tal vez, que la intención de ambos arquitectos haya sido, como señala Marsiglia, "crear un monumento que recuerde el olvido".



