La trama oculta del circuito: células, delitos y grupos antichoque

La Justicia probó la existencia de organizadores que administran los lugares y pagan por día al mantero
Pablo Tomino
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12 de enero de 2017  

En un viejo cuaderno Rivadavia se detallaba: "13/5 Cabildo y Juramento: Juan José / $ 3500. Pago $ 110". La lista se extendía hasta 23 puntos de venta ilegal de frutas y verduras en esquinas de la Capital, con nombre de presuntos empleados que la organización contrataba, el dinero que recaudaban por el expendio de la mercadería y la paga que recibían los manteros por la jornada laboral.

Este tipo de documentos utilizó la Justicia hace poco más de un año y medio para condenar a 52 personas acusadas de organizar la venta callejera en Once, y además precisar que el modus operandi de estas organizaciones era lucrar con el apremio económico que sufren numerosos manteros.

Según consta en las causas que lleva la Fiscalía de la Ciudad, a las que tuvo acceso LA NACION, las organizaciones están conformadas por células que operan cada una en un barrio determinado. Cada grupo puede tener entre 20 y 30 manteros a cargo; cuanto más se explayan, mayor es su poderío. Hay clanes familiares y también están agrupados por vecindad. Particularidades que se repiten son la compra de automóviles al contado y las prendas sobre estos vehículos por el doble de su valor. De esta manera, blanquean dinero "negro", cuenta un investigador.

Nadie puede instalarse en una cuadra de Once, Liniers o donde fuera que prolifere la venta ambulante sin un acuerdo con los "dueños de calle". El circuito está debidamente coordinado y cada uno tiene asignado su lugar. Incluso, por las noches hay personas que cuidan las estructuras fijas que dejan en la calle los manteros, para que nadie se las quite o les robe su espacio.

Algunos grupos de manteros organizados tienen una logística que asombra: combis que distribuyen la mercadería, las balanzas y los tablones en los puntos asignados, y luego los retiran al caer la tarde. Algunas también pasan a mediodía para dejar viandas de almuerzos. Estas situaciones fueron fotografiadas y filmadas en causas de investigaciones coordinadas por la fiscal de cámara Verónica Guagnino.

La zona de Once no es sólo un punto de venta: algunos locales comerciales funcionan como depósitos de mercadería que luego se venderá en la calle. En 2015, por ejemplo, tras un allanamiento en la cochera de Perón 2870 se encontró un depósito de alimentos congelados y enlatados y, también, cocinas clandestinas. El garaje se hallaba bajo la concesión otorgada por la Administración de Bienes Ferroviarios -dependiente de la Nación- a Nueva Estación Once SA. Ni el garaje, ni los depósitos ni las cocinas detectadas tenían habilitación para funcionar, según se determinó de la causa.

Existen además grupos antichoque. ¿Quiénes son? Otras personas, no manteros, dispuestos a resistir cualquier operativo de control y desalojo.

La gente sin trabajo, que oficia de mantero por día, también es víctima de este sistema sin control, con años de desidia de parte de funcionarios, policías, fiscales y jueces.

La ruta de la mercadería

Para la Justicia hay indicios de que la indumentaria que aterriza en la zona de Once provendría, por ejemplo, de locales de La Salada, la popular feria de Lomas de Zamora. Además, sigue bajo la mira la compra ilegal de containers con mercadería importada, repleto de juguetes, peluches y artículos de plástico.

Fuentes policiales insisten: "A Once también llega mercadería de piratas del asfalto y, desde ayer, se abrió una investigación por presunta venta de drogas en el lugar".

En el rubro indumentaria, las pistas apuntan a comercios que ofician de intermediarios entre los grandes productores y los manteros. Y mucha ropa llegaría también por contrabando ilegal desde Bolivia. La cruzan a pie, por la frontera, por pasos no vigilados, las "mulas".

Otra ruta de venta ilegal que se investiga tiene su origen en la importación china, cuya mercadería se almacena en grandes depósitos de la Capital. Los contenedores con productos de ese país, denominados "bagallos", llegan al puerto porteño y desembarcan en depósitos fiscales. Una vez que son liberados, la mercadería recala en galpones dentro de la ciudad. Luego, se distribuyen en locales de zonas comerciales, con participación de los intermediarios. En el último escalón, aparecen los manteros.

Más allá de la venta ambulante, la evasión impositiva y la violación de la ley de marcas, en Once predominaban los casos de falsificación de documentos y prestación de nombres. "La policía se quedará en Once custodiando las calles hasta que sea necesario. Nosotros actuamos de oficio. Y seguiremos todas las líneas de investigación", dijo ayer a LA NACION el fiscal general Luis Cevasco. Consultado sobre los dichos de un mantero respecto de que le pagaba $ 500 a un policía para poder trabajar, dijo. "Abrimos una causa". La connivencia policial también está en la mira.

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