Las cúpulas porteñas abren sus puertas para dibujar la ciudad desde lo alto

La Plaza del Congreso, desde la cúpula del expalacio Heinlein
La Plaza del Congreso, desde la cúpula del expalacio Heinlein Crédito: Diego Spivacow/AFV
La experiencia es impulsada por una arquitecta que busca hacer conocer los edificios emblemáticos de la ciudad; la imaginación, más importante que la técnica
Virginia Mejía
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26 de febrero de 2020  

Tintas, carbones, grafitos, acuarelas, gomas de borrar y hojas en blanco se despliegan sobre las mesas de un taller montado en una de las cúpulas rojizas del edificio La Inmobiliaria, sobre Avenida de Mayo al 1400, un mirador privilegiado con vista hacia el Congreso Nacional que, por lo general, está cerrado al público.

"Los invito a elegir un punto de vista y a dibujar lo que ustedes quieran. Siéntanse libres, no todo tiene que ser simétrico y derecho", les dice la arquitecta Marga Fabbri a quienes participan de la movida cultural que propone: rescatar el patrimonio arquitectónico de Buenos Aires por medio del arte.

Si bien la ciudad posee más de 300 cúpulas en las que hay una tendencia a ser centros de eventos de gastronomía, teatro y fiestas, este nuevo proyecto insta a visitar edificios emblemáticos y aprender sobre su historia y su estilo para luego volcarlo todo en el papel, dejando volar libremente la imaginación.

No es requisito saber pintar, ya que el encuentro, dirigido a pequeños grupos, incluye materiales, un refrigerio y una guía para animarse a dar los primeros pasos en el dibujo durante las tres horas que dura la actividad.

"Conocer para querer, querer para cuidar, cuidar para proteger", afirma Fabbri, que también es artista plástica, al recibir a trece personas que asisten a la actividad Mirar miradores, Dibujar entre cúpulas. Este plan comenzó a gestarse hace 20 años, con sus investigaciones sobre el patrimonio arquitectónico, pero se plasmó recientemente con una visita anterior al mirador de la Galería Güemes, ubicado en pleno microcentro, en Florida 165, a la que siguió La Inmobiliaria.

En primer lugar, y como para apreciar la magnificencia del ex-Palacio Heinlein, el grupo es convocado alrededor de la estatua de El p ensador de Rodin ubicada en la Plaza Mariano Moreno, a metros del Palacio Legislativo.

Allí toman fotos, y mirando a lo alto una de las cúpulas mellizas en ochava, los asistentes comienzan a vislumbrar lo que podrían llegar a plasmar sobre un papel una vez que estén en el último piso, cuyos propietarios, también amantes del arte, contactaron a Fabbri para ofrecerle su hogar en las alturas como lugar de encuentro.

Tarde de arte y de historia arquitectónica porteña
Tarde de arte y de historia arquitectónica porteña Crédito: Diego Spivacow/AFV

Después de estar en la plaza, el grupo se para en la vereda de enfrente de La Inmobiliaria, donde tienen una vista completa del edificio de principios del 1900, que ocupa casi media manzana y se despliega a lo largo de toda la cuadra, entre el 1400 y el 1500, con sus siete plantas y cuatro entradas.

Su nombre se debe a que fue mandado construir por Antonio Devoto, dueño de la primera compañía de seguros generales, La Inmobiliaria, a quien Guillermo Heinlein compró la planta baja para vender sanitarios importados de Europa, de ahí que también fuera conocido como Palacio Heinlein. En tanto, en el primer piso se ubicaba la aseguradora, y el resto de los departamentos fueron destinados a renta.

En la vereda, los participantes se sorprenden al observar por primera vez los detalles de la fachada creada por el arquitecto de la construcción, el italiano Luis Broggi.

"Paso siempre por acá a las apuradas y nunca reparé en lo bello que es el segundo piso", dice Teresa Fernández cuando le cuentan cómo la ornamentación le otorga un aspecto señorial al edificio.

Estatuas preservadas

Se trata de una técnica mural que con el paso del tiempo se fue desgastando en el resto de las plantas, pero que se conserva en el segundo piso. También se preservaron las dos estatuas, de Venus y Apolo, y el remate, donde se ve un cartel hecho con mosaico policromado dorado que reza "La Inmobiliaria".

Luego, el grupo sube al sexto piso y se instala en el taller del mirador ubicado en la esquina de Luis Sáenz Peña y Avenida de Mayo, al cual en 1986 le cayó un rayo y tuvo que ser restaurado.

"Me encanta esta cúpula, que es roja y vistosa, pero también me gusta la fotografía. Por eso tomé una foto desde abajo, y esa imagen es la que estoy intentando reproducir ahora", explica Agustina Gatti.

Afortunadamente, cuando cayó el rayo no afectó a su melliza de la esquina de la calle San José. Ambas están ubicadas a 68 metros de altura y son una de las postales indiscutidas del barrio de Monserrat.

Unos metros más allá, Fabbri se detiene frente a la obra de otra participante. "¿Cómo te va con tu dibujo?", le pregunta a María Cecilia, quien prefirió no brindar su apellido, y que pinta la cúpula verde del Congreso.

"Me interesa trabajar a contraluz y experimentar cómo se recorta el edificio en el cielo", responde mientras observa el atardecer, le saca punta a su lápiz negro, y bebe un jugo de frutas que la dueña ofrece a los invitados que habían subido en pequeños grupos por medio de un antiguo ascensor de hierro Otis.

"Adelante, está muy bien. Me gusta", le dice Fabbri, quien ya está ideando la próxima movida artística, que hará en algún otro mirador de la ciudad.

El plus estará dado por el hecho de que los edificos abrirán sus puertas a grupos de familias que quieran experimentar juntas cómo es pintar Buenos Aires desde el cielo. Para mayor información sobre el proyecto Mirar Miradores, contactar por las redes sociales Instagram @margafabbri; Facebook Marga Fabbri, y por correo electrónico a margafabbri@gmail.com para recibir novedades.

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