Licitarán un polo recreativo bajo la plaza Houssay
El ganador de la contienda pagará la obra y explotará por 30 años espacios culturales y gastronómicos
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La creación de un nuevo polo gastronómico, comercial y cultural dio el segundo y definitivo paso ayer con una mayoritaria aprobación en la Legislatura porteña. Se trata del llamado "campus urbano" que se desarrollará bajo la plaza Houssay mediante capitales privados que tendrán la concesión del espacio durante 30 años.
El proyecto contempla la construcción de locales y espacios de encuentro para los 170.000 estudiantes que transitan por esa zona -rodeada por las facultades de Ciencias Económicas, Medicina, Farmacia y Odontología- y para los vecinos. Se realizará en el primer subsuelo del estacionamiento subterráneo existente en dos niveles, que reducirá su capacidad en un 30%.
Supervisará la obra el Ministerio de Desarrollo Urbano y Transporte de la ciudad, que, de esta forma, completará la puesta en valor de la plaza Houssay, cuya primera etapa fue inaugurada el año pasado. El próximo paso será el llamado a licitación, que se llevará a cabo en las próximas semanas; luego de la adjudicación, las tareas demandarán 18 meses.
Ayer, la Legislatura sancionó en segunda lectura la autorización al Poder Ejecutivo para convocar a esa licitación. El proyecto oficial había sido tratado en diciembre último y ayer recibió el aval definitivo, previa realización de audiencia pública. Pro logró el acompañamiento del Frente para la Victoria, la Coalición Cívica, parte del socialismo, Suma+, el Frente Renovador y Confianza Pública, para obtener 53 votos a favor, frente a apenas cuatro negativos. En un mismo paquete de leyes, aprobó el permiso para dar en concesión el nuevo Centro de Exposiciones y Convenciones, así como el endeudamiento para construir la Villa Olímpica.

"El pliego que saldrá incluye diseño, construcción, operación y mantenimiento del polo comercial y gastronómico; es decir, será una concesión con cargo de construcción", explicó a LA NACION el subsecretario de Proyectos del Ministerio de Desarrollo Urbano, Álvaro García Resta. "La inversión será privada, a la Ciudad no le saldrá un peso. Vamos a utilizar la inversión privada para generar seguridad y oferta recreativa en beneficio de los vecinos", amplió. Además, el concesionario deberá encargarse de la puesta en valor del entorno, como la superficie de la plaza y las veredas.
En el primer subsuelo habrá espacios recreativos, culturales, comerciales y gastronómicos, que contarán con patios abiertos con mayor presencia de iluminación natural. En el segundo subsuelo, funcionará la playa de estacionamiento, que actualmente cuenta con 1000 lugares. El gobierno porteño entiende que la plaza Houssay es un área de convergencia de transporte público (línea D de subte y gran cantidad de líneas de colectivos) y, por esa razón, no considera perjudicial la reducción de los espacios para estacionar.
A pesar del amplio acompañamiento que obtuvo el oficialismo, algunas voces se alzaron en contra. "Es un cheque en blanco, porque entregamos una concesión de un espacio público a 30 años y sin contraprestación. Los pliegos son desconocidos. Yo soy parte de la oposición, necesito conocer los pliegos antes de votar", se quejó el diputado del Partido Socialista Auténtico Adrián Camps, quien emitió un voto negativo. "No hay un estudio de impacto ambiental o el oficialismo no lo mostró. Es una concesión muy extensa para algo que no es de primera necesidad", dijo el legislador del Frente de Izquierda Patricio del Corro, que también votó en contra.
Sin embargo, para el presidente del bloque oficialista, Francisco Quintana, no existe polémica. "Dos hechos legitiman el proyecto. Se hizo una audiencia pública y no hubo opiniones en contra, y el nivel de acompañamiento en la Legislatura lo avala", sostuvo. Quintana aseguró a LA NACION que el concesionario "tendrá que pagar un canon mensual" como contraprestación y que las obras "volverán a la ciudad" cuando finalice el contrato de concesión.
En la zona, la opinión fue variada. Julieta y Valentina cursan tercer año de la carrera de Medicina en la UBA y cuestionaron la propuesta. "No me parece mal la idea, siempre que nos brinde más lugar para estudiar. El espacio en nuestra biblioteca se agota siempre y muchos tenemos que ir a estudiar a Económicas", contó Julieta.
Evangelina es vecina del barrio y pasea a su perro Pepe por la plaza tres veces por día: "Me daría lástima que cambien la morfología de la plaza con esa obra. Además, ¿quién va a bajar a comprar algo ahí abajo cuando ya tenemos todo arriba? ¿Qué más van a inventar?", se preguntó.
Mate en mano, Florencia y Martina, estudiantes de Filosofía en el Instituto Joaquín V. González, criticaron que el dinero de la obra no se utilice para fines solidarios, como instalar allí más paradores para gente de la calle. "Sería bueno que los privados no lucren con esto y que se use el espacio para fines culturales y públicos", enfatizó Florencia.
Con la colaboración de Marina Mon



