Luca, el chico que lucha para no perder un pie

Tiene cuatro años y quedó atrapado entre los hierros retorcidos de un vagón; su extremidad derecha estaba sostenida apenas por una arteria; lo operaron en el Hospital Posadas, donde hacen todos los esfuerzos para evitar una amputación
Fernando Castro Nevares
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15 de junio de 2013  

"Fue un segundo. Estaba todo oscuro y de repente sentí un golpe. El piso se levantó, los asientos saltaron por el aire y se empezaron a escuchar gritos y llantos. Al principio pensé que el tren había descarrilado porque no sentí el golpe. Busqué a mis hijos. Tiziano, de dos años, seguía al lado mío. En cambio, Luca, de cuatro, estaba atrapado entre el piso levantado y el asiento, y debajo de una señora. Moví a la señora e intenté sacarlo, pero estaba trabado. Le pedí ayuda a un hombre que logró liberarlo.

Cuando prendí la linterna del celular me pareció ver que a Luca le faltaba el pie, volví a ver y le estaba colgando, estaba lleno de sangre y la herida estaba pegoteada con pelos y plantas. A mi lado vi a un hombre con las tripas afuera. Salí lo más rápido que pude del vagón y una enfermera me dijo Anda al patrullero que tu nene está por perder el pie. "

El testimonio transmitido a LA NACION es el de Eva Munguía, una joven de 21 años, vecina de San Telmo, y ama de casa.

No era frecuente que la joven tomara ese tren. Lo hacía cada tanto, cuando iba a visitar a su pareja y padre de sus hijos, José Hernán Reynoso, que está detenido en la cárcel de Marcos Paz. Reynoso trabaja en el penal bonaerense y cobra un sueldo que Eva mensualmente retiraba después de visitarlo.

El jueves, Munguía había decidido retirar el dinero y poder comprar con él algunos útiles que le faltaban a su hijo Luca.

"Después de una semana de no poder llevarlo al jardín de infantes, al volver de Marcos Paz, me iba a bajar en Once y tomar la línea H para dejarlo en la escuela, que queda en Parque Patricios", contó la madre. Pero sus deseos no se concretaron. Desde el accidente, la joven vive en el Hospital Posadas, en Haedo. Allí en el 5° piso, en terapia intensiva de Pediatría, está su hijo, que fue la primera de las víctimas del siniestro ferroviario en ser operado en ese nosocomio.

A las 8 de la mañana del jueves empezó la operación, que terminó recién 4 horas después. Los médicos le colocaron clavos en el pie derecho e hicieron todo lo posible por salvarle la extremidad, a la que por el daño le quedó sólo una arteria. A casi dos días de la intervención, el parte médico seguía siendo el mismo: pronóstico reservado, con la arteria funcionando y a la espera de ver la evolución.

Mientras espera, Eva Munguía y su familia recibieron muchas visitas sospechosas. Sergio Mansilla, tío de su marido, relató que muchas veces se acercaron personas que se presentaron como de los trenes y les ofrecieron ayuda. Entre otras cosas, plata para que pudieran tener un vehículo para movilizarse estos días o un colchón para pasar la noche más cómoda. Hasta una pareja que se presentó como del Ministerio de Desarrollo Social le ofreció a la madre de Luca asesoramiento jurídico y un abogado para iniciar acciones legales. Pero Eva y sus familiares desconfiaron. Lo único que aceptó fue un colchón que le llegó poco antes de las 20. Escucharon a las supuestas psicólogas de "los trenes" aconsejarles no hablar con periodistas, no dar notas. Y según cuentan los tíos, el hospital hizo lo posible para que hubiera el menor contacto con los heridos que todavía están en el nosocomio. Pero Eva Munguía quiera hablar. "Ayer escuché en el buffet que había visto un informe por la tele y que en el Posadas no había ningún menor", agregó la madre del chico que la pelea día tras día.

Otro herido grave

Romario Gilberto Peralta, de 18 años, había llegado hace poco de Paraguay, donde nació, para vivir con su madre y su padrastro en Paso del Rey. Hace 22 días empezó a trabajar en una fábrica de envases plásticos de Caballito. Trabajaba en horario nocturno, de 22 a 6, y todas las mañanas, alrededor de las 6.30, tomaba en la estación Caballito el tren hasta Moreno.

Su padrastro, Alberto Roque Gaitán, estaba viendo el noticiero de Mauro Viale cuando, a las 7.07, un flash informativo anunció el terrible accidente. Inmediatamente su madre lo llamó al celular y el joven contestó: "Me estoy desangrando la cabeza". Eso fue lo último que escuchó. Peralta fue trasladado en una ambulancia al Hospital Posadas. El joven presentaba una fractura de cráneo y fue intervenido quirúrgicamente durante más de cuatro horas y media. Desde entonces, se encuentra en terapia intensiva.

"Tiene un hundimiento de cráneo y los médicos le sacaron parte del mismo para descomprimirlo. Está dormido, sedado y conectado a muchísimos tubos y con respirador artificial", contó su padrastro.

"Nos dijeron que tiene que pasar 48 horas dormido como mínimo. Estamos acá, esperando. Entre ellos su mujer, que está embarazada de cinco meses", agregó Gaitán.

En el segundo piso, fuera de una de las habitaciones, una mujer y una adolescente no podían contener las lágrimas. Quebrado pero haciendo un esfuerzo como para parecer entero, Carlos, familiar de otra de las víctimas de Castelar, pedía disculpas, pero prefería reserva. "Estamos tristes con la esperanza de que las cosas se mejoren", atinó a decir. La expresión de su cara y sus ojos vidriosos lo dijeron todo.

Un testimonio y una esperanza

El desgarrador relato de una madre

  • Eva Munguía

    Víctima y madre de Luca

    "Estaba oscuro todavía cuando el tren paró de repente y sentí que se achicharraba. Prendí la linterna del celular y vi el pie de mi hijo colgando"
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