Mudan a nuevos edificios en Barracas a 108 familias que vivían en la villa 26

Lo había ordenado la Corte Suprema en 2008; el traslado estuvo a cargo de los gobiernos nacional y porteño; ya demolieron casas del asentamiento
Alí Ayala García
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21 de enero de 2015  

Y un día se marcharon del riesgoso predio a orillas del Riachuelo: comenzaron a mudar esta semana a 108 familias que viven en la precariedad de la villa 26, en Barracas. Están siendo reubicadas en un edificio situado en Luzuriaga 827, a pocas cuadras del asentamiento, según lo dispuso la Corte Suprema de Justicia en 2008 y hoy lo ejecutan los gobiernos nacional y porteño.

El nuevo complejo habitacional construido por el Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) cuenta con 125 unidades equipadas con cocina, estufa, gas, luz y agua potable.

Las restantes familias serán trasladadas al complejo San Antonio, obra que está en construcción y que tendrá comodidades similares a la de la calle Luzuriaga.

El operativo de mudanza organizado por el IVC consiste en desocupar 108 casas de las más de 200 que existen a la vera del Riachuelo. Luego, serán demolidas para evitar que vuelvan a ser ocupadas por otras personas.

María Virginia Chile, de 43 años, se mostró preocupada porque no tuvo tiempo de sacar la cerradura de su puerta ni las chapas que utilizaba como techo. "Voy a extrañar mucho todo de esta casa, porque nos tomó mucho tiempo construirla", aseguró la mujer.

Ella vive con su esposo, Nazario Sánchez, y sus tres hijos. María y Nazario llegaron de Salta a este lugar hace 20 años; un familiar de ella los animó a venir a la Capital y consiguieron este terreno al lado del Riachuelo a cambio de 2500 pesos.

La pareja construyó su vivienda con cemento y ladrillo. Además, abrieron un quiosco en el sector que da a la calle. Vendían hielo y bebidas, entre otros productos.

"Puedo agradecer a Dios que me voy, porque quiero un mejor futuro para mis hijos. Pero lo hago con mucha tristeza. Acá dejaré alegrías y muchos recuerdos feos", dijo la mujer entre sollozos.

Un grupo de trabajadores de la IVC llegó a la casa de María para subir al camión de mudanza los muebles y artefactos que la familia había protegido con cartón. Debieron derribar la puerta de entrada para facilitar el trabajo, mientras la pareja observaba con tristeza y resignación.

Las casas deshabitadas eran demolidas con premura para evitar su ocupación, pese a que las fuerzas del orden custodiaban el predio. Según funcionarios del IVC, mañana trasladarían al resto de las familias y se demolería toda la villa. Allí, según el mandato judicial, será construido un camino ribereño con áreas verdes.

Como María y Nazario, la mayoría de los habitantes del asentamiento provienen de Salta. Casi todos tienen algún grado de parentesco entre ellos y, por eso, están organizados como comunidad.

"Vamos a extrañar a los vecinos, que son como mi familia. Lo que no vamos a extrañar es la droga y la delincuencia, que han aumentado mucho. Yo tengo que esconder a mis nietos para que no vean esos problemas", comentó Matilde Ocampo, 58 años, que administraba un quiosco en la villa.

Matilde también resalta el hecho de que, ahora, será propietaria de una casa de material. Según ella, se trata de un cambio radical, porque tendrán beneficios como, por ejemplo, el acceso a créditos bancarios.

Los habitantes de la villa trasladados al complejo Luzuriaga pagan un promedio de 600 pesos por mes al IVC en concepto de cuotas por préstamos otorgados a 20 años. El monto varía según la cantidad de ambientes que posea la vivienda.

Ya instalada en su nueva morada de la calle Luzuriaga, Nidia Segura, profesora de jardín en el Colegio del Sol en Carabelas, contó que ahora vive sola en un departamento de dos ambientes y, además, tiene como vecinos a sus hijos, también con nueva casa. En la villa 26 vivían todos juntos.

"Dormí muy bien toda la noche. Estoy muy agradecida. Ayer lloraba, pero eran lágrimas de felicidad", aseguró.

Vecinos que estrenan casas

Qué dicen los que dejan la precariedad habitacional

Fanny Ibarra

Ama de casa

"Me fui de la villa para que mis hijos vivan mejor, pero me costó dejar un montón de recuerdos"

Bernardino Romero

Empleado de mantenimiento

"En el Riachuelo estábamos expuestos a las enfermedades. Vivo con dolor de garganta y huesos"

Nidia Segura

Maestra Jardinera

"Ayer lloraba, pero de alegría. En la nueva casa ahora soy una reina. Antes sufría un montón"

Nazario Sánchez

Empleado

"En la villa hay gente que se droga y roba. En el nuevo lugar, espero un mejor presente y futuro"

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