Patrimonio: edificios sobre casas históricas, una moda con críticos
Cuestionan el creciente número de construcciones de ese tipo
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Cuando en 2010 algunos vecinos de Las Cañitas se enteraron de que el gobierno porteño había aprobado la demolición de La Imprenta, en Migueletes al 800, para que allí se construyera un edificio de media cuadra y 12 pisos, sintieron que la identidad del barrio quedaría malherida. Se organizaron y presentaron un amparo en la Justicia para que se revocara la autorización de demolición. Lograron el objetivo y La Imprenta quedó en pie. La megaobra, sin embargo, hoy está en ejecución. No a un costado del centenario edificio. Tampoco cerca, sino encima de él.
Lejos de resultar excepcional, casos como éste se registran con mayor frecuencia en Buenos Aires: grandes proyectos inmobiliarios se levantan encima de pequeños edificios que por su valor arquitectónico no pueden ser demolidos.
Algunos especialistas en preservación patrimonial consideran que estos proyectos arquitectónicos degradan los edificios protegidos, que las leyes de conservación son débiles y que el gobierno de la ciudad suele ser "demasiado flexible" con los desarrolladores inmobiliarios.
Otros, en cambio, sostienen que a veces este tipo de intervenciones son un recurso que permite preservar inmuebles -aunque parcialmente- que, por sus altos costos de mantenimiento, resultan de muy difícil conservación para sus dueños.
Fabio Grementieri, arquitecto especialista en patrimonio y vocal de la Comisión Nacional de Monumentos, dice que hasta la década del 70 el edificio de La Imprenta aún guardaba una escala con su entorno barrial, de casas bajas. Pero que desde la década del 80 el barrio creció muchísimo en altura.
"En ese nuevo contexto, no estoy en desacuerdo con la ejecución de proyectos como el de La Imprenta", consideró. Aunque añadió que aprueba la conservación de retazos de edificios antiguos entre las construcciones nuevas de gran escala. "Preservan la memoria de cómo se configuraba la ciudad", dijo. Y agregó: "En la compleja dialéctica de lo nuevo y lo viejo en la ciudad, creo que son muy recomendables las alternativas que preservan en todo o en parte edificios patrimoniales rodeándolos de estructuras modernas. Aún los ‘retazos’ contribuyen al carácter del paisaje, especialmente a nivel peatonal, sobre todo en ciudades de tejido muy heterogéneo como Buenos Aires y casi todas las de la Argentina que son fruto de diversos códigos de edificación y la adopción de muchos estilos diversos”
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Grementieri fue más allá: “Los mejores y más deseables resultados se obtienen combinando un saludable respeto por lo histórico integrándolo sabiamente al conjunto (como un viejo árbol dentro de un patio diseñado ad-hoc); una eficiente gestión y tutela del planeamiento y la preservación que guíe el diseño final de la propuesta; y una buena cuota de sensibilidad o destreza por parte de los proyectistas a quienes les toca engarzar esa pieza patrimonial dentro de un estuche siempre agigantado por inmobiliarias y desarrolladores”
En otra tesitura, algunos arquitectos expresan fuertes prevenciones ante estas prácticas.
"Este tipo de soluciones son la manifestación de una contradicción importante, en la medida en que el agregado tiene un impacto que altera el edificio original de modo definitivo e irreversible", alertó Marcelo Magadán, arquitecto especialista en restauración. Agregó que suele haber un problema de escala entre ambos: "Los volúmenes agregados tienen una presencia que aplasta visualmente a los restos del original".
En similar sentido se expresó la arquitecta Cristina Beatriz Fernández, integrante del Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo, y responsable del programa Moderna Buenos Aires: "Cuando a una casa de una o dos plantas se le construyen varios pisos arriba, el resultado suele ser pavoroso". Además, agregó que aún no se debatió a fondo qué construcciones merecen ser preservadas por su valor patrimonial y cuáles no.
Para Fernández, este tipo de "soluciones" son una forma de eludir ese debate: "Se conserva el edificio antiguo, pero la ciudad queda deformada", se lamentó.

Durante cerca de 100 años, un elegante petit hotel de dos plantas engalanó con su estilo francés la cuadra de Arcos, entre Mendoza y Olazábal, en Belgrano. Una escalera de mármol con balaustrada conducía hasta el sólido portón de madera de su entrada. La fachada, profusamente ornamentada con molduras, y las rejas forjadas de sus balcones denotaban una calidad de diseño y materiales notables.
Pero el año pasado este edificio fue reciclado: le construyeron encima otros cinco pisos vidriados, se eliminó la escalera, la balaustrada, el portón de madera y las rejas de los balcones. A la nueva puerta, además, se le colocó un gran alero de aluminio.
El arquitecto Carlos Blanco, de la ONG Basta de Demoler, expresó su preocupación por la interpretación del gobierno porteño en la aplicación de las normas que regulan el planeamiento y patrimonio.
Según coincidieron los especialistas, mientras a los propietarios de los inmuebles notables se les vuelve cada vez más oneroso su mantenimiento, el Estado les presta muy poca ayuda con el fin de que puedan conservarlos.
Grementieri señaló que en Buenos Aires hay cada vez menos familias en condiciones de afrontar los altísimos costos que supone vivir en petit hotels o casas de gran tamaño. A muchos de los grandes palacios porteños los compró el Estado y son usados como embajadas o museos. Así se preservó la casa de Enrique Larreta, en Belgrano, en donde hace años también se proyectó levantar torres. "Pero es difícil que el Estado siga comprando edificios para instalar museos", dijo.
En tanto, Fernández se lamentó de que el Estado no haya desarrollado herramientas suficientes, como créditos o reducciones impositivas, para ayudar a los propietarios de los edificios con valor patrimonial a mantenerlos en buenas condiciones.
Mientras tanto, son muchos los barrios en los que la práctica de construir sobre edificios notables gana terreno.
Con el nombre de Callao Clásico, en la avenida Callao 1834, en Recoleta, se proyecta la construcción de un edificio vidriado de 15 pisos sobre un petit hotel de dos plantas. Mientras que en la esquina de Seguí y Salguero, en Palermo, se planea la ejecución de una torre de 18 pisos vidriados que se apoyará sobre una casa centenaria, de dos plantas, protegida legalmente por su valor patrimonial.



