Plaza Serrano, la que nunca duerme
Los vecinos dicen que es imposible descansar por el bullicio y la música a todo volumen de los bares de la zona
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Los vecinos del pasaje Santa Rosa, que viven a metros de la plaza Julio Cortázar, desde hace tiempo están desvelados. Dormir es el sueño que tienen cada noche, pero que jamás pueden concretar. La música a altas horas de la madrugada y el cuchicheo incesante de los clientes de los distintos bares de la zona convirtieron su vida en un calvario.
"Lo que queremos es descansar", reclamó Ana Cruz, quien desde hace un año compró un departamento en las inmediaciones de la plaza y confiesa no haberse mudado aún por el ruido. "Las paredes de mi habitación tiemblan", contó horrorizada.
Según los vecinos, la música fuerte y la presencia de bandas es cosa de todas las noches, pero es aún peor los fines de semana.
"Empiezan a las 22 o 23 y se han quedado hasta las 7.30. Los parlantes en la calle a todo volumen y las puertas y ventanas abiertas, sobre todo en verano, hacen que pensemos que están metidos en nuestra casa", dijo, indignada, María Elena Ybarra, que vive desde hace siete años en el pasaje Santa Rosa, y asegura que con el paso del tiempo la situación se pone cada vez peor.

Llamadas a la fiscalía, a la comisaría número 25, innumerables denuncias tanto individuales como en conjunto, visitas a los bares y charlas con los encargados de los distintos locales son algunos de los métodos que intentaron para terminar con la situación, pero, hasta el momento, fue en vano.
"Llamé un montón de veces a la policía, la respuesta es siempre que no tienen patrullero, y cuando finalmente lo mandan, el jolgorio ya terminó porque el bar cerró", contó Bernardo Forteza, quien dice que es tal el ruido que, más de una vez, en su cocina no se puede hablar ni oír la televisión.
Aseguran que hace años que esperan una solución y dicen que para resolver el problema la clave está en hacer un estudio sobre el volumen del sonido y revisar la habilitación de los locales. "La gente corre peligro", dijo Forteza, preocupado.
Cruz explicó: "No cuentan con un sistema de insonorización ni salidas de emergencia adecuadas; que los techos son de plástico, de chapa, las escaleras muy angostas, y lo que es peor aún, como muchos durante la tarde venden ropa y luego se transforman en bares, si se llegan a prender fuego, podría ocurrir una verdadera tragedia".

Jazz, blues, rock resuenan en el barrio, retumban en los locales, y se mezclan con la cumbia y el reggaeton que irrumpe a todo volumen de los estéreos de los autos. Veredas colmadas de mesas impiden el paso, espacios sin puertas ni ventanas, techos y paredes precarias, pasillos angostos en los que es casi imposible escucharse son algunas de las imágenes que pudo ver, en un recorrido, LA NACION.
Según informaron desde la Agencia Gubernamental de Control (AGC), organismo encargado de fiscalizar la seguridad e higiene de establecimientos, obras en construcción y salubridad de alimentos en la ciudad de Buenos Aires, sólo en uno de los siete bares denunciados por los vecinos -Crónico Bar, Complejo Brujas, Madagascar, Como te extraño Clara, Bar Abierto, Espacio Dadá, Espacio en Borges- se registraron irregularidades en los últimos meses.
En Como te extraño Clara se labraron dos actas de infracción; una de ellas por la ausencia de libreta sanitaria del personal y la otra por falta de seguro. Por otra parte, Espacio Dadá tiene una clausura vigente desde 2010 por uso indebido de un montacargas.
Desde la Agencia de Protección Ambiental (APRA), encargada del cuidado y la protección de la salud de los ciudadanos, informaron que muchas veces suele suceder que los vecinos se quejan por ruidos molestos, pero que no hacen las denuncias en el lugar adecuado.
"Deberían realizarlas en la agencia ambiental para que un técnico pueda ir a la casa del damnificado, medir el sonido y verificar que lo que dicen es cierto", explicaron.
"Tenemos todos los papeles en regla y están a disposición de quien quiera verlos", dijo Víctor Ghio, encargado del Complejo Brujas. "Muchas veces han venido a quejarse los vecinos por la música, yo lo que les pido es que me dejen entrar a su casa y verificar que el ruido viene de este local; yo no sé si no es del que está al lado del mío", se quejó Ghio, quien asegura que nunca le permitieron comprobarlo.
Dominique, encargado de Espacio Dadá, se mostró sorprendido y enojado: "Acá nunca vienen a protestar, el año pasado tuvimos que solucionar un tema por un aire acondicionado, pero nada más, cosas normales", sostuvo, indignado.
En Bar Abierto aseguraron que la música está siempre baja, que las paredes son de hormigón para que no pase el sonido y que sólo tienen inconvenientes con la vecina de al lado.
En Como te extraño Clara manifestaron que sólo una vez en el verano recibieron reclamos por tener los parlantes cerca de la vereda, pero que no suelen tener inconvenientes.
Mientras tanto los vecinos no duermen.



