Renace Barracas desde el arte y el diseño

Se profundiza la tendencia iniciada hace más de una década por el artista Santa María y su intervención de 40 fachadas de la calle Lanín; vecinos y autoridades apuestan a que las iniciativas culturales sostengan el crecimiento
Julieta Paci
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22 de octubre de 2012  

Entre las callecitas empedradas, los galpones vacíos, los grandes camiones que circulan a toda hora y un puñado de casas olvidadas, se vislumbran aires de cambio. El barrio de Barracas, uno de los más antiguos de la ciudad, sigue modificando su fisonomía e intenta renacer a través del arte, del diseño y de la cultura.

En la última década, este barrio del sur porteño ha sido escenario de importantes intervenciones urbanísticas, como el del imponente Central Park, en la manzana de Herrera, California, Vieytes e Iriarte, al que la mano de Pérez Celis le dio el gran colorido que lo distingue como una obra de arte en sí misma, ícono del modernismo.

Otro ejemplo es el de la vieja fábrica de Bagley, convertida en un complejo de oficinas y viviendas, entre Montes de Oca y General Hornos, donde también está la sede de la Fundación Lebensohn, que tiene una muestra artística permanente.

Entre los primeros responsables de esta transformación se destaca el artista Marino Santa María, que hace once años decidió terminar con el monótono gris e intervino 40 fachadas a lo largo de las tres cuadras de la calle Lanín.

"Yo me considero pionero de lo que está ocurriendo en Barracas. Mi aporte artístico fue el estandarte de un cambio arquitectónico y urbanístico en la zona. Además de modificar el paisaje, se adquirieron nuevos comportamientos sociales; uno de ellos fue que los vecinos comenzaron a juntarse para cenar en la calle", dice orgulloso Santa María.

Llevado por su deseo de ver florecer a Barracas, este artista no se detiene; anuncia que para fines de noviembre podrá verse, en las paredes del Hospital Británico, uno de sus murales, de 100 metros por tres de alto, y asegura que en el barrio florecen nuevos emprendimientos.

Una muestra de ello es el auge de los outlets, en el entorno de Central Park, junto a la autopista 9 de Julio. Debido a la aparición de un gran número de tiendas de ropa, indumentaria y calzado, en los últimos años, las calles California, Iriarte y Herrera dejaron de ser un corredor tranquilo para convertirse, según cuentan los empleados que trabajan en el lugar, en "la mejor opción para los que viven en la zona sur".

Grimoldi, Cardon, Christian Dior, Levi’s, Wanama, Peter Pan, Lacoste, La Martina, Alpargatas, John L. Cook y Sweet Victorian son algunas de las marcas más conocidas que pueden encontrarse.

"Este barrio creció un montón en el último tiempo. Desde que abrimos, en 2010, las ventas aumentaron al doble y cada vez son más los que se acercan. De a poco se va levantando Barracas", dice Melisa Benítez, encargada de uno de los locales de ropa ubicados en California al 2000.

A pesar de que cada vez son más las construcciones modernas que intentan revitalizar la zona, Victoria Oyhanarte, actual dueña de la Flor de Barracas –uno de los bares más emblemáticos, en la esquina de Suárez y Arcamendia–, decidió que la mejor forma de honrar al barrio era conservar su antiguo espíritu. Es por eso que luego de comprar el bar, en 2009, decidió reciclarlo, pero siempre respetando su arquitectura y estilo original de principios de 1900; al igual que El Progreso, que continúa intacto, en Montes de Oca y California.

"Muchos pensaban que iba a destruirlo, pero nunca se me cruzó por la cabeza. Yo quise conservar la identidad de Barracas; éste es un bar por el que pasaron muchas generaciones y sentí que debía protegerlo", dice Oyhanarte, al tiempo que asegura: "La zona se está poniendo cada vez más linda. Cuando lo compramos, esto parecía el Lejano Oeste. Hoy es otra cosa, hasta vienen a comer personalidades famosas, desde Víctor Hugo Morales hasta Mauricio Macri", cuenta orgullosa, junto a la antigua barra de madera repleta de botellas de licores de antaño.

Desconectados

Entre tanta cosa buena, los vecinos han identificado un problema clave que se debe resolver. "En un comienzo, cuando Marino intervino las casas, venían muchos turistas a recorrer el pasaje, pero pasó el furor y se olvidaron de que existe. Es cierto que hay más tiendas de ropa, bares y restaurantes, que arreglaron las plazas..., pero está todo muy disperso, falta conexión entre los emprendimientos", opina Mariana Borelo, que vive en Barracas desde hace 36 años.

Laura Salles, coordinadora general del Centro Metropolitano de Diseño (CMD), dice que esa problemática que perciben los vecinos es justamente la que se intentará resolver con el proyecto Distrito de Diseño, que en breve será enviado a la Legislatura y que tiene como objetivo promover el diseño, favorecer su radicación en la zona y generar nuevas oportunidades laborales.

Desde el Ministerio de Desarrollo Económico del Gobierno de la Ciudad explicaron a LA NACION que cuando aquel proyecto se convierta en ley, las empresas del rubro que se radiquen en el barrio recibirán exenciones en Ingresos Brutos, ABL e impuesto a los sellos. "Con el Distrito de Diseño vamos a profesionalizar el sector y a promover el diseño como valor agregado para mejorar la vida cotidiana de los ciudadanos y la competitividad de las empresas", dijo el ministro de Desarrollo Económico, Francisco Cabrera.

Mientras tanto, el barrio que inspiró a tantos artistas, como Leopoldo Marechal y Ernesto Sabato, busca seguir reinventándose para recuperar el esplendor que alguna vez, tiempo atrás, le perteneció.

Festival Internacional

  • Ayer, cerró la cuarta edición del Festival Internacional de Diseño, en el Centro Metropolitano de Diseño (CMD) de Barracas.
  • Ayer, una casa rodante recorrió el barrio y ofreció a los vecinos "tunear" sus bicicletas, canjear sus lámparas por unas con diseño aplicado, entre otros beneficios.
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