Se fue de vacaciones y al regresar encontró retoños de 50 cm dentro de su dormitorio

Está en litigio con la Ciudad desde 2006 por el pago de los destrozos
Josefina Marcuzzi
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28 de octubre de 2015  

Silvina, hija del damnificado, junto al brote
Silvina, hija del damnificado, junto al brote Crédito: Familia Nicastro

En el invierno de 2006, Julio Nicastro y su mujer se fueron de vacaciones a El Bolsón, donde viven su hijo, su nuera y sus nietos. Dejaron su casa de Lisboa 623, en Versailles, para pasar unos días en familia. Nunca se imaginaron con qué se iban a encontrar a su regreso. Julio atraviesa sus recuerdos con un gesto de resignación y esboza una sonrisa: "Escuché los gritos de mi mujer y pensé que habían entrado a robar. Cuando llegué a la habitación, no podía creer lo que veía. Tenía un árbol dentro de mi dormitorio", relata.

Tres retoños de paraíso se asomaban por entre las placas de madera levantadas del parquet, a un costado de la cama matrimonial. Tenían cerca de 50 centímetros de altura y sus raíces amenazaban con seguir moviendo los cimientos del suelo de la habitación de Julio y su esposa, Esther.

"En ese momento comenzó el litigio con el gobierno de la ciudad, que me trajo grandes dolores de cabeza. En 2009, autoridades de la comuna 10 me adjudicaron $ 3400 para el arreglo. ¡Para toda la obra! Yo tenía el daño del suelo, el marco de la puerta ladeado e incluso los cerámicos de la bañera agrietados. Esa plata, obviamente, no alcanzaba para todo lo que era necesario hacer", dice.

Desde entonces, viene presentando cada año un nuevo reclamo a través de la Defensoría del Pueblo porteña. Se niega a bajar los brazos y a costear él mismo los gastos de las reparaciones. El paraíso culpable del daño en la casa de la familia Nicastro fue removido de su lugar, el frente del terreno lindero, en Lisboa 611. Como ese lote es un baldío, las raíces del árbol se propagaron por debajo de las baldosas hasta alcanzar la habitación de Julio y Esther.

Las tareas de remoción del árbol, a cargo del gobierno de la ciudad, rompieron las baldosas de la vereda y no solucionaron el tema de fondo: el avance de las raíces.

Julio y su mujer decidieron rechazar la oferta inicial realizada por la comuna 10 a través de la Defensoría del Pueblo en 2009, porque en ese momento la obra le costaba, según un presupuesto privado, $ 8000.

"En la última mediación, en enero de este año, la Procuración General de la Ciudad determinó que el árbol fue retirado y que las veredas de los frentes fueron reconstruidas en hormigón peinado. Atribuyeron el daño dentro de mi casa a la «posible humedad» y no me dieron una respuesta concreta. Sigo esperando que se hagan cargo de la obra", agrega Nicastro, entre resignado y enojado, mientras señala el suelo pulido bajo la puerta de ingreso a la habitación; se había levantado por culpa de las raíces.

Apelación

En aquel dictamen, la Procuración estimó el daño en 6000 pesos y sostuvo que, bajo ese monto, podría llegarse a un acuerdo. Sin embargo, el presupuesto actualizado por Julio estimó que la obra costaría hoy unos 22.000 pesos. "Con esa plata no hago nada, ni la mitad del arreglo. Además del piso, el marco de la puerta está entarugado porque se había abierto dos centímetros y me había quedado colgando la puerta", señala el damnificado.

En su incansable lucha, llegó a hablar con Horacio Rodríguez Larreta a fines de 2014, cuando interceptó al jefe de gabinete porteño en un mercado de pulgas de Versailles y éste le prometió hacer todo lo posible para resolver su situación.

Fuentes del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad dijeron a LA NACION que "cuando se agota la vía administrativa lo aconsejable para el vecino es la instancia judicial". Aclararon, además, que el llamado arbolado público lineal es responsabilidad de la junta comunal correspondiente y no del ministerio.

"Para la comuna no hay nada más que hacer cuando existe un dictamen de la Procuración General. Si el vecino considera que el monto no es suficiente, debe recurrir indefectiblemente a la vía judicial", dijo a la nacion Eduardo Macchiavelli, secretario de Atención Ciudadana del gobierno porteño.

Por el momento, el matrimonio Nicastro convive con los destrozos que el paraíso provocó en el piso de madera de la propiedad. El daño se propagó hasta el baño, donde unas incipientes grietas amenazan con destrozar también la bañera.

Julio, como muchos descendientes de italianos, tiene un carácter fuerte. "Me tienen bastante cansado, pero yo no me voy a hacer cargo de una obra que no me corresponde. El árbol estaba en la calle y rompió mi casa", concluye.

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