Tiro Federal: la sede social, lo que quedará entre torres y el Parque de la Innovación

El edificio fue inaugurado parcialmente en 1937 y tiene dos plantas
El edificio fue inaugurado parcialmente en 1937 y tiene dos plantas Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
El edificio de dos plantas fue declarado monumento histórico; el futuro sin polígonos ni balas desconcierta a los socios
Javier González Cozzolino
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19 de marzo de 2019  

El 20 de noviembre pasado, LA NACION informaba que las tierras del Tiro Federal Argentino (TFA) habían sido subastadas en favor de un fideicomiso privado. Era la crónica de un final anunciado. Sobre las 17 hectáreas en juego se podrán construir, desde 2020, torres y el futuro Parque de la Innovación. Sin embargo, la sede social del club, con entrada por Avenida del Libertador 6935, se conservará en pie ya que desde 2005 es monumento histórico.

Se trata de un edificio racionalista, inaugurado parcialmente en 1937 y consagrado polígono de tiro internacional en 1949, cuando se celebró en el país el Campeonato Mundial de Tiro. Compuesto por un eje central y dos alas, tiene dos plantas y terrazas. En la planta baja hay oficinas y un hall que conecta con las galerías que preceden las líneas de tiro. En la planta alta se despliega un salón de fiestas con todos sus servicios y, tras unas cortinas, permanece intacto un fresco de Benito Quinquela Martín titulado "Desembarco de cañones".

En 1940, la Revista de Arquitectura definió este edificio realizado por la Dirección General de Ingenieros del Ministerio de Guerra como "el más completo de su género en Sudamérica".

El lema del frontis de la sede reza: "Aquí se aprende a defender a la Patria". Es una declaración propia de todos los tiros federales del país. Eva Szabó, desde 2017 primera mujer presidenta en la historia del club, entiende doblemente el significado de la frase. "Nací en un pueblito de Bavaria, pero soy húngara porque así me siento y por ius sanguinis. Vengo de un país que desde hace 1000 años tiene que defenderse de distintos invasores, de manera que, genéticamente, entiendo el sentido del lema". Además, Szabó se remonta a los orígenes del TFA para sustentar el espíritu impreso en el frente de revoque símil piedra.

Todo comenzó con agricultores suizos que, en 1859, fundaron la primera entidad de tiro en la Argentina, en Villa San José, Entre Ríos: la Sociedad Internacional Suiza. A ella le siguió, en 1860, el Tiro Suizo de San Carlos Sur, en Santa Fe. Estos inmigrantes contagiaron la idea de armarse en defensa de la soberanía. Y no se detuvieron en su afán. Durante el gobierno de Domingo F. Sarmiento, el Tiro Suizo de Belgrano fue una realidad, y de esa entidad, hacia 1891, un grupo de tiradores fundó el TFA, con el fin de que los ciudadanos cumplieran con una práctica de tiro al blanco para la defensa nacional, frente a hipótesis de conflicto de la época: las fronteras con Chile y Brasil.

Cuatro años más tarde, en el Círculo de Armas, se reunió la primera asamblea del TFA y se eligió su primera junta, presidida por Aristóbulo del Valle, con Roque Sáenz Peña como vice. Bernardo de Irigoyen, Bartolomé Mitre, Julio A. Roca, Carlos Pellegrini y Leandro Alem, entre otros, integraron los orígenes del TFA e impulsaron la primera sede en el Parque 3 de Febrero, estrenada en 1896, con 38 líneas de tiro. Funcionó hasta principios de la década de 1940.

Oficialmente, la actual sede del TFA y sus polígonos quedaron inaugurados en 1944, cuando el presidente Edelmiro Farrell realizó el primer y simbólico disparo. Ya con el advenimiento del período constitucional de 1946, Juan Domingo Perón sería atraído por la entidad. Reza el libro Historia del Tiro Federal Argentino de Buenos Aires, escrito por Oscar Vázquez Lucio, que el líder justicialista y su esposa asistían "con cierta frecuencia al Tiro Federal para presidir diversos actos de la institución". Y, en un salto en el tiempo, muestra a otro presidente, Raúl Alfonsín, en 1985, con un fusil apuntando al blanco en ocasión del XIV Campeonato Nacional de Tiro de ese año y II Match Argentina-Brasil.

Desde el fondo de la sede suena una balacera de práctica del Ejército. "Sin este ruido -comenta Szabó- este lugar es la muerte". No hay para ella música más maravillosa, pero no se debe solo a su cargo: además de dirigir la institución, es tiradora profesional. Hoy la entidad reúne a 3000 socios. Además, vienen por mes más de 2000 uniformados a realizar sus prácticas de tiro, entre efectivos de las policías Federal y de la Ciudad, el Ejército, la Prefectura y la Marina.

Hasta fines de 2020, la sede social del TFA continuará funcionando como desde 1937. Luego, la práctica del tiro y su sonido desaparecerán: acaso tal vez sobreviva el recinto para aire comprimido. Szabó se muestra inquieta por ello. Sale de su despacho hacia los jardines que dan sobre Libertador. Además de tiro, allí se realizan otros deportes. En una cancha unos muchachos juegan al fútbol, en otra hay tenistas aficionados; más lejos, planchada, el agua de la pileta de natación.

Por la ley 5940, el gobierno porteño debe relocalizar los polígonos del TFA dentro del barrio de Núñez y otorgar su usufructo por 75 años a la institución, con la posibilidad de renovarlo. El interrogante de Szabó y de los socios es saber cómo será la histórica sede cuando ya las balas allí no suenen.

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