Una ficticia democracia participativa
El récord de inscriptos en las audiencias públicas convocadas para que los ciudadanos dieran su posición sobre un cuestionado paquete de leyes acordado entre el macrismo y el kirchnerism o no obedece a una primavera participativa entre los vecinos de la ciudad. En realidad, fue el único recurso que cientos de porteños encontraron en un intento quimérico por frenar el apurado trámite legislativo que ambos espacios políticos diseñaron adrede con el propósito de aprobar antes de fines de año las normas acordadas entre los poderes de turno en la Capital y la Nación; esos proyectos, que en líneas generales, enajenan tierras públicas –y por lo tanto, consideradas de todos– y las ponen en manos de privados.
El mecanismo de audiencias públicas debería haber sido replanteado hace tiempo. Si bien fueron alumbradas por la progresista Constitución porteña de 1996 como una instancia para la expresión y el control ciudadano sobre la producción legislativa, nacieron viciadas en origen, pues se categorizaron como no vinculantes. Una forma elegante de decirle a los vecinos que su opinión será escuchada, pero no tenida en cuenta. Una ficticia democracia participativa, que perdió la batalla ante la más vigente democracia representativa.
Como si esta limitación no fuera suficiente, a la hora de someter a debate popular al paquete de leyes del pacto Pro-K, fueron convocadas cinco audiencias públicas de apenas una hora cada una en el mismo día, para que se hablara poco al respecto y se pudieran llevar los temas al recinto en segunda lectura lo antes posible. Los vecinos descubrieron la jugada y se inscribieron masivamente como oradores, para prolongar la duración de las audiencias y hacerlas materialmente imposibles.
Nada bueno podía derivar de esta desprolijidad. Mucho menos con el condimento de que los K habían decidido respaldar negocios inmobiliarios pese a su discurso nacional y popular, contrariando a vecinos y organizaciones sociales de las comunas más pobres que habían trabajado dentro del espacio político.
El ambiente comenzó caldeado. La tensión fue creciendo, a medida que los oradores denunciaban la complicidad de los "veleta" y "traidores" K con un macrismo del que nadie "podía esperar otra cosa" más que "favorecer a las corporaciones", pero que en los kircheristas era doblemente inaceptable. Y la jornada culminó con un escándalo, como suele ocurrir siempre que los representantes de la ciudadanía legislan de espaldas a la sociedad.




