Villa Tranquila, el lugar que eligen los taxistas para escapar del caótico tránsito porteño

Frente al Velódromo, varios choferes descansan, almuerzan y disfrutan del paisaje
Florencia Silveyra
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11 de febrero de 2015  

El calor en la ciudad es agobiante. La sensación térmica, que supera los 30°, empuja a los porteños a quedarse dentro de casa. En las calles, los taxistas buscan un lugar con sombra donde puedan tomar un respiro. Librarse por unos minutos del tránsito caótico. Quieren tranquilidad y descanso, para ellos y para sus cuidados autos. Y ese lugar elegido por muchos es la plaza Benjamín A. Gould, detrás del planetario Galileo Galilei, a lo largo de la avenida Belisario Roldán; un sendero que rodea al abandonado Velódromo municipal, en Palermo. También denominado "Villa Tranquila", según los taxistas.

En el verano, el pavimento y la hora de la siesta no son una buena combinación para hacer una pausa. A la sombra de los árboles, los conductores buscan protegerse del sol. Muchos aprovechan este rincón para almorzar o estirar las piernas; algunos, para hacer ambas cosas. Estacionan su vehículo, bajan las ventanillas y abren el capot para que se enfríe el motor.

Algunos taxistas están equipados con sillas; otros se quedan dentro del auto, descalzos, y reclinan el asiento para dormir una "siestita".

Apenas se baja de su auto, Roberto dice: "Mirá, voy a mostrarte mi ritual". Abre el baúl y señala: "Traje mantel, sillas y una lunchera". Toma sus cosas, cruza la calle y se ubica en el césped. "Vengo por la tranquilidad de este lugar. Luego, se sumarán otros compañeros. Sabemos que después del mediodía esto se llena."

Claudio, de 39 años, asegura: "Busco sombra y estar tranquilo, para comer y después arrancar otra vez. Me quedo entre 20 y 30 minutos". El hombre hace 20 años que trabaja de taxista y considera que en la última década "el tránsito se volvió insoportable".

Lo mismo opina Oscar González, de 61 años, que asegura que no hay un día en que no pase por "Villa Tranquila" para "almorzar y dormir una siesta, pero también es importante que el auto descanse: lo cuido más que a mí. Sobre todo en verano, por el uso del aire acondicionado".

Hace 31 años que Jorge tiene un taxi, y siempre que puede se detiene para almorzar y descansar media hora en este lugar. Cuenta que busca estar conectado con la naturaleza: "Veo a las aves de corral, a la gente que camina, los pájaros que te vienen a cantar. Es mi cable a tierra: así, es imposible que me estrese".

La mayoría de los taxistas traen sus tuppers con comida que hicieron en su casa. Los menús preferidos son: ensalada, sándwich y empanadas. Otros, que cuidan su figura, tienen alguna fruta y una botella de agua. Alguno hasta trae una heladerita. Eso sí: lo que todos encuentran en este rincón de la ciudad es tranquilidad. Como Oscar, que afirma que necesita este rato para "salir de la locura" que es el tránsito.

A la sombra

Un taxista equipado con reposera y heladerita
Un taxista equipado con reposera y heladerita Fuente: LA NACION - Crédito: Maxie Amena

Todos los días, hace ya varios años, Luis Albano, de 70 años y 43 como taxista, detiene su vehículo a la sombra de un lapacho, una tipa blanca o un arce plateado. Se queda allí 40 minutos; almuerza con el aire acondicionado encendido y escucha música clásica. Esta vez compró en el supermercado una ensalada de verduras y pollo, con mayonesa. Justifica su elección: "Acá está fresco y hay buen paisaje".

"Elijo este lugar por el espacio verde, la tranquilidad, el silencio, y porque puedo estar con amigos", contó Héctor de Palma, de 61 años. Mientras dice esto, saluda a un colega que, con su vianda y una silla, pasa a su lado: "Qué hacés, Juancito", le grita.

Sobre la avenida Belisario Roldán, que rodea al antiguo Velódromo, también hay varios taxistas que aprovechan la sombra de los árboles para descansar.

La ventaja de este sitio arbolado, explica Luis, radica en que "no hay gente y no pasan autos: estamos totalmente aislados". Héctor de Palma agrega, a modo de crítica: "Lo único que falta es un baño público. Nada más".

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