
Autismo: cada chico necesita su terapia
La estimulación precoz es la clave
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"Muchos padres llegan a nosotros con la esperanza de que curemos a su hijo autista, pero el autismo no se cura: debemos ser sinceros y explicarles que se puede manipular el entorno para estimular cierto desarrollo y ayudar a suplir o compensar cosas", dijo Isabelle Rapin, profesora de Neurología y Pediatría del Albert Einstein College of Medicine, de Nueva York, en el Congreso Internacional sobre Habilitación Neuropediátrica, desarrollado en Buenos Aires.
El autismo no es considerado una enfermedad, sino un déficit en tres aspectos de la conducta: la sociabilidad, el lenguaje y la flexibilidad de comportamiento. El deterioro en la comunicación es una de sus mayores discapacidades.
Durante muchos años, se creyó que el autismo estaba determinado por la relación del niño con los padres. Ahora se sabe que se trata de un trastorno del sistema nervioso central. "Un síndrome que afecta a una cantidad tanto mayor de varones que de niñas _3 o 4 a 1_ no podía estar definido por el ambiente. Evidentemente, se trata de un síndrome conductual determinado en términos biológicos", subrayó la doctora Rapin.
Es claro que la genética desempeña aquí un papel importante: estudios sobre gemelos idénticos monocigóticos muestran una concordancia de un 90% en el diagnóstico, pero no en la severidad.
Actuar a tiempo es lo más importante. "La educación temprana e intensiva del comportamiento y el lenguaje deben hacerse en un momento en que el desarrollo cerebral es aún muy activo y sumamente plástico", explica Rapin.
Entrenar sistemas
"En el niño normal, la comunicación se desarrolla al establecer esquemas sensitivo-motrices desde los primeros meses de vida, que se perfecciona a través de las interacciones con los otros. En el niño autista esto es muy distinto: no establece un contacto visual con su mamá, parece sordo, no le extiende los brazos. Son signos de su trastorno, que se hace evidente alrededor de los 3 años", comenta la doctora Catherine Berthélémy, del Centro Hospitalario Universitario de Tours, Francia.
La especialista explica que los niños con autismo presentan desórdenes de percepción que les impiden procesar la información proveniente del medio de la misma manera que lo hacen los demás: el modo en que reaccionan a los sonidos es distinto, al igual que la forma en que perciben los objetos en movimiento o, también, cómo sienten las emociones. Estas disfunciones se manifiestan como ansiedad o severa intolerancia y llevan a un aislamiento social y a un desarrollo perturbado.
"Con la terapia entrenamos esos sistemas utilizando juegos simples y atractivos, respetando el ritmo y el contexto del niño y proporcionando condiciones adecuadas para un aprendizaje libre", agrega la doctora. "Para esto, la terapeuta trabaja con el niño en una habitación tranquila donde están libres para acercarse el uno al otro y explorar el entorno: la sociabilidad se promueve por medio del intercambio y de la imitación recíproca de gestos, expresiones y sonidos", describe Berthélémy.
Los resultados muestran que la habilitación temprana de funciones psicofisiológicas básicas promueve la comunicación con otros y ayuda al desarrollo psicológico.
"Como no hay un solo tratamiento para el autismo _describe la doctora Laura Schreibman, directora del Programa de Autismo de la Universidad de California, en San Diego_, nos concentramos en las conductas individuales, y también en las que el niño no desarrolla. Por ejemplo, si no habla bien, nos ocupamos del lenguaje, o de los caprichos si es muy intolerante o de la motricidad si tiene problemas para moverse."
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