
Cómo superar los traumas infantiles
Los especialistas recomiendan el diálogo familiar para crear un sentimiento de seguridad en los hijos
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Silencio, gritos, llanto, victimización, vergüenza o desinterés repentinos son sólo algunas de las formas más comunes -y a veces únicas- que, según los psiquiatras Thomas Rudegeair y Susan Farrelly, de Nueva Zelanda, los chicos tienen para mostrarles a sus padres que algo anda mal.
Durante el III Congreso Internacional de Trauma Psíquico y Estrés Traumático, que finaliza hoy en el Centro Cultural General San Martín, de esta ciudad, la pareja de especialistas invitados dialogó con LA NACION sobre el manejo de situaciones traumáticas infantiles que, muchas veces, choca con la falta de diálogo que los padres instalan en casa cuando las preocupaciones económicas y laborales los superan.
Pero, ¿qué es un trauma infantil? Según Rudegeair, que dirige la Unidad de Salud Mental Te Whetu Tawera, del hospital de Auckland, un trauma es cualquier situación que le impide a un chico armar en su mente una secuencia normal de los hechos vividos. "No puede integrar distintas situaciones traumáticas en una estructura única y superior", explicó.
Esas experiencias generan inseguridad en los chicos y los inhiben para controlar su mundo como ocurre, según los especialistas, en el abuso infantil verbal, físico o sexual.
"En estos casos el niño está aterrado y no puede hablar de ello porque no comprende lo que ocurre, porque conoce a la persona que abusó sexualmente de él, teme por su integridad física cuando le pegan o se siente inferior por la agresión verbal", agregó.
Es así como, en su cabecita, el mundo se fragmenta en experiencias que no logra unir en un universo propio cuando el agresor integra su entorno.
Pero no sólo sufre ese desarreglo psicológico el chico que es sujeto del abuso, sino también el que es testigo. "Comienza a sentir que está en riesgo permanente... Que no recibe la medicina necesaria y que puede morir", ejemplificó Rudegeair.
Si bien el concepto de trauma es amplio, los especialistas coincidieron en que su definición "depende del impacto que el hecho tiene en el individuo en desarrollo". Y los niños son la población más vulnerable a ese impacto porque, para Farrelly, "son fácilmente superados por las situaciones y no saben cómo pedir ayuda".
Comunicación familiar
La comunicación familiar es la herramienta más importante que los padres tienen para construir la contención que sus hijos necesitan, advertir los cambios repentinos -y aparentemente inexplicables- en sus conductas o en sus emociones y mejorar, en síntesis, la calidad de vida del entorno de crecimiento.
"Los cambios más comunes en los chicos con estrés traumático son dejar de hacer algo que antes disfrutaban, negarse a ir a los lugares a los que siempre querían ir o dejar de hablar sin poder explicar el motivo", subrayó la especialista.
Tanto Rudegeair como Farrelly coincidieron en que si bien una situación traumática en los niños tiende a crear en ellos una inhibición a expresar libremente un problema, siempre hay un indicador que los padres atentos pueden detectar.
"Cuando los chicos participan en una situación no placentera tienden a querer olvidarla y esta evasión no es patológica, sino que es una reacción que supera la capacidad de los padres de comprender por qué el niño ya no quiere hacer algo que amaba hacer sin una explicación lógica para los adultos", señaló Rudegeair.
En la mayoría de los casos, la solución a los traumas infantiles está en el hogar. "Para poder superarlos bastará con prestarles atención a los hijos y explicarles que no es malo tener esos sentimientos, incluso si nunca los compartieron, de modo que se sientan lo suficientemente seguros para explorarlos por ellos mismos", dijo.
Para Farrelly, que siguió atenta las palabras de su esposo, lo más importante es que los padres logren que los niños sepan que contar lo que sienten o lo que les da miedo es mucho mejor que reservárselo... "Y eso se logra con diálogo y afecto", explicó.
Ausencia afectiva
Sin embargo, muchas veces los padres están afectivamente ausentes ante el pedido de ayuda de los hijos, que comienzan a portarse mal como una forma de llamar la atención de los adultos.
"Eso es justamente lo que llamamos invalidación -puntualizó Rudegeair-. El hijo busca llegar a sus padres de cualquier manera, pero ellos están tan ocupados con sus problemas que lo ignoran y, por cierto, él prefiere gritar que ser ignorado."
Según los especialistas, la solución para los padres puede ser sencilla y compleja a la vez: "Deben ser sensibles a la forma en que sus hijos llaman la atención, algo que también es muy difícil porque estamos ocupados con otras situaciones que compiten por nuestra atención... Pero en ese momento, el niño es crucial", explicó el psiquiatra. "Los niños no necesitan muchos elementos para ser felices, sino atención y afecto", agregó Farrelly.
Para Rudegeair, no se necesita dinero para crear un sentimiento de seguridad en los hijos, sino que basta con evitar transmitirles los inconvenientes diarios y las preocupaciones económicas. "Ellos merecen que los protejamos de nuestros problemas", concluyó, y su esposa asintió.
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