
Cuando los padres divorciados se distancian de sus hijos
Psicólogas especializadas afirman que es porque no aceptan el dolor de la pérdida
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La escena, es casi seguro, se repite en muchos hogares: los chicos están listos, bien peinados y con sus mochilitas en la espalda, cerca de la puerta, esperando que suene el timbre. Esperan a papá.
Pero papá no llega.
Y tampoco llama.
Más allá de las críticas y condenas -aun legales- que estas actitudes despiertan, ¿qué le pasa a ese hombre?
"Una separación, como una migración, dejar un trabajo o la muerte de un ser cercano tienen algo en común: son pérdidas, y toda pérdida implica un duelo. Si ese duelo no se resuelve bien, se niega lo que se perdió, en el caso de una separación ese proyecto inicial de familia que no prosperó. Y la persona se siente como anestesiada para evitar enfrentarse al dolor."
La explicación es fruto de la reflexión de las licenciadas Silvia Alper y Verónica Basel, psicólogas del Centro de Orientación y Acompañamiento en Duelo (coad@fibertel.com.ar), una institución especializada en trabajar con los complejos procesos que se ponen en juego cada vez -y son tantas a lo largo de la vida- que a los seres humanos nos toca atravesar el camino de las pérdidas.
"Todo el tiempo enfrentamos pérdidas: se vinculan con superar etapas que implican ciclos, como por ejemplo atravesar el duelo de la infancia para vivir la pubertad y la adolescencia -dice Silvia Alper-. El duelo supone explicitar estas pérdidas. Si bien es variable de persona en persona, todo duelo tiene tres momentos: evitación, asimilación y acomodación. Y nosotros decimos que un duelo funcional o habitual dura entre un año y un año y medio."
Verónica Basel aclara enseguida que ese lapso no debe cumplirse a rajatabla, "porque hay muchas personas que sufren una pérdida, están mal después del año y creen que su duelo es patológico, cuando puede no ser así. Por lo tanto, hay que guiarse por cada caso en particular".
Las etapas del duelo
No tanto por los tiempos, pero sí por las actitudes y los sentimientos, es posible encontrar indicadores de cuándo alguien no atraviesa bien por esa etapa difícil pero a menudo enriquecedora que consiste en dejar algo atrás para seguir enfrentándose con lo nuevo del mundo.
"En los primeros momentos de una pérdida generalmente uno se defiende, se anestesia para evitar el dolor, -agrega Alper-. Es la etapa de evitación, y es frecuente que se acompañe de accesos de bronca o ira, que en realidad son el reverso de la tristeza. Ese lapso suele extenderse durante el período en que la persona fantasea con que puede volver a la situación anterior. Cuando se comienza a aceptar que eso no volverá a ser como era o que alguien ya no regresa (en el caso de la muerte, por ejemplo), se produce la asimilación. La tristeza se vuelve tristeza, pero convive con nuevos proyectos que nos hacen seguir adelante. La persona se acomoda a la nueva realidad: hizo el duelo por aquello que perdió, que no olvida, pero que no le impide la continuidad de la vida personal."
Según Verónica Basel, la dificultad de muchos hombres divorciados en construir una nueva relación con sus hijos después de la separación está basada "en que permanecen en la evitación de la pérdida -afirma-. En nuestra cultura los hombres fueron enseñados a no expresar abiertamente lo que sienten, y tienen que metabolizarlo de otra forma. No pueden sentir. Entonces actúan. Y así es mucho más frecuente que se enganchen rápidamente en nuevas relaciones. No asimilan que hubo una separación y no se acomodan a que esa situación ha modificado la realidad para siempre. Evitan, niegan el dolor. Y la única forma de sostener esa evitación del sufrimiento en forma crónica es desaparecer, aun de los propios hijos".
El precio de ser hombres
Silvia Alper explica que el trazado social de la personalidad del varón comienza bien temprano. "Ya a los 5 años las nenas reciben más mimos que los nenes y mientras ellas pueden llorar a ellos se les dice que no."
Basel añade que los varoncitos tienen más dificultad para resolver duelos por separación de los padres.
"Porque no expresan el dolor y en cambio se les impone actuar. Lo suelen hacer agresivamente, algo que se refleja mucho en la escuela", dice.
Hay ciertas actitudes por evitar: hacer sentir al chico que dada la ausencia del papá él es "el hombre de la casa" (sigue siendo el hijo), hablarle mal del padre o mentirle. "Si el papá no llama o no viene y la madre no sabe cuándo lo hará, es preferible que le diga no lo sé a inventar. Y que le permita expresar su tristeza. Si no, los varones pagan muy caro no manifestar sus sentimientos."






