
De genes, cromosomas y citoplasmas
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De la antigüedad del óvulo depende el riesgo mayor o menor de anomalías cromosómicas. “En el caso de ovodonación se utiliza el óvulo de una mujer que en general no supera los 30 años; entonces, la receptora tiene el mismo riesgo de anomalías cromosómicas que el de la población general”, explica el doctor Santiago Lippold, presidente de la Sociedad Argentina de Genética Médica y jefe del Departamento de Ginecología y Obstetricia del Cemic.
Lippold agrega que el riesgo de una anomalía de este tipo es de 1 en 900 nacimientos en una mujer de 30 años, pero aumenta a 1 en 20 o menos cuando la madre tiene 45.
“No sé si en la Argentina –continúa el especialista– los donantes masculinos y femeninos son sometidos a estudios genéticos o cromosómicos, como ocurre en laboratorios extranjeros. Si hay antecedentes de enfermedades genéticas en la familia, pasaría a segundo lugar como donante. Algo similar ocurriría si se detecta una anomalía cromosómica estructural, que son las transmisibles. Lo ideal sería que estos análisis se realizaran, como buena práctica médica. Una pareja que recibirá un óvulo o un espermatozoide donado puede solicitarlos.”
En cuanto al futuro, existe una técnica, llamada transferencia citoplasmática, que pondría más cerca de las mamás tardías la posibilidad de tener un hijo propio y, además, genético. Al menos, en gran parte.
“Hoy se puede utilizar el núcleo del óvulo de una mujer de más edad que desea un hijo y transferirlo al citoplasma de una mujer más joven –explica el doctor Ramiro Quintana–. La mayor parte de la información genética está en el núcleo, que recibe nueva energía del citoplasma.
“Ya nacieron niños con esta técnica –añade–. Pero no se aplica en nuestro país y está en experimentación.”




