
Eficaz receta para estimular la mente infantil
Científicos del Cemic probaron que el trabajo grupal es igual o más efectivo, incluso, que el individual
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Hace unos meses, científicos del Centro de Educación Médica e Investigación Clínica Norberto Quirno (Cemic), liderados por el doctor Jorge Colombo, lanzaron la propuesta de desarrollar un programa masivo y público de estimulación de la mente infantil.
Hoy, con los resultados que arrojaron pruebas realizadas en Salta y en la provincia de Buenos Aires en la mano, los científicos pueden afirmar que la concreción de ese sueño no sólo es deseable, sino perfectamente posible: las experiencias muestran que la eficacia de la estimulación cognitiva grupal es similar o superior a la individual, que ya había sido demostrada por el mismo equipo de investigación.
"Observamos en todos los grupos un incremento del rendimiento cognitivo estadísticamente significativo. En algunos casos, la eficacia de la estimulación grupal superó a la individual", afirma Colombo.
Los Programas Piloto de Estimulación Cognitiva se realizaron a lo largo del año último durante 16 semanas para probar la hipótesis de que es posible estimular la mente de chicos en riesgo y así optimizar su rendimiento escolar gracias a convenios firmados entre la Fundación Conectar (para el desarrollo de la Neurociencia) y el Ministerio de Desarrollo Humano de la provincia de Buenos Aires y la Secretaría de la Niñez y la Familia de Salta.
Incluyeron a 160 chicos de entre 3 y 5 años de las localidades de Claypole y Burzaco, y 220 de la capital salteña, que dos veces por semana participaron en actividades destinadas a desarrollar distintos comportamientos considerados inteligentes: planificación, memoria de trabajo o de corto plazo, atención y flexibilidad.
"Para estimular la capacidad de planificación, utilizamos una prueba denominada «torre de Londres» -explica el doctor Sebastián Lipina-. Se trata de ordenar una configuración de bolitas de acuerdo con un modelo que hay que reproducir con el menor número de movimientos posibles, en entre uno y seis pasos. Los chicos tienen que generarlos en su mente y ejecutar la secuencia."
Los investigadores también trabajaron sobre la capacidad de atención -los participantes tenían que observar una lámina con distintos dibujos entre los cuales algunos eran "blancos"; luego se les daban cartoncitos y tenían que tapar los que eran iguales-, y sobre la memoria -tenían que recordar una secuencia de hasta nueve cubos en los que se encendían luces-.
"Esos procesos cognitivos son básicos; es decir, permiten aprendizajes complejos como la lectoescritura y la aritmética", detalla Lipina, coordinador de los programas.
Tras tomar pruebas de partida, los científicos dividieron a los chicos en tres grupos: el que se expondría a estimulación colectiva (un operador cada 15 chicos), individual (un operador por chico), y el de control, sin estimulación.
"Se les propusieron distintas actividades similares a las escolares -recuerda Lipina-: por ejemplo, aparear formas, colores o tamaños en una pizarra, encontrar el camino en un laberinto o jugar a la lotería. Al final, realizaban una actividad con papel y lápiz. En planificación, la estimulación grupal fue más eficaz que la individual. Los grupos fueron variables, pero he visto cosas que me sorprendieron."
Las pruebas de evaluación permiten afirmar que fue alto el porcentaje de chicos que respondieron a la intervención. "No todos mostraron el mismo cambio, pero podría estimarse que un 60 o 70% de los chicos respondieron al programa -afirma Colombo-, aunque hay que tener en cuenta que no necesariamente todos estos procesos básicos tienen una maduración simultánea. Sí está claro que sería ideal aplicar estas intervenciones lo más temprano posible y sostenerlas durante un tiempo prolongado. Lo ideal sería formalizar un diseño pedagógico que permita una exposición continuada, algo que estamos estudiando."
Por otro lado, si bien todavía no hay una respuesta concluyente y no se sabe hasta cuándo estos procesos son permeables a un entrenamiento sistemático, es posible que sus efectos, tanto desde el punto de vista biológico como del comportamiento, beneficien también a chicos más grandes. "Si estos programas se aplicaran en forma continuada sería posible lograr un impacto mayor -subraya Colombo-. Pero hay un tema que no deberíamos obviar, y es que la situación del chico en riesgo es compleja y que el hogar es el pivote central sobre el que habría que actuar. También habría que explorar en qué medida también los chicos con necesidades básicas insatisfechas, cuando su educación está tercerizada, sufren retrasos cognitivos y pueden beneficiarse de un programa como el que proponemos."
El siguiente paso hacia un programa público de estimulación cognitiva sería formar los recursos humanos adecuados para llevar los beneficios de esta "receta" al mayor número de chicos posible.
"Habría que generar una «cascada», en el sentido de que cada persona formada participara en la formación de otros", dice Colombo. Pero si bien el acuerdo original contemplaba los fondos necesarios para ponerlo en marcha, en estos momentos la continuidad del programa está en suspenso.
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