
El desempleo afecta la relación de pareja
Mientras los varones sin trabajo pueden sentir que pierden su virilidad, ellas tienden más a sostener la situación límite
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Dice el refrán que cada persona, cada pareja o cada familia "es un mundo". Sin embargo, el universo de los sentimientos y las relaciones interpersonales de la Argentina golpeada por la desocupación está mostrando una constelación de conflictos y dificultades que, según diversos especialistas en salud mental, toman formas algo similares entre sí. No se trata de unificar, ni de elaborar improvisadas estadísticas, sino de dejar sentado que en el recuento de las consultas (y las no consultas) del último tiempo se observa de qué modo hombres y mujeres echan mano de sus recursos psi frente a la crisis.
Algunos de los testimonios recogidos por los especialistas son elocuentes: "No puedo adaptarme a esta nueva situación. Mi marido está todo el día en casa, deprimido, y no sé cómo ayudarlo", dice Rosa, de 58 años, ama de casa. "Mi mujer me pregunta por qué no tengo deseo sexual, y no sé qué responderle", confiesa Roberto, de 45, ingeniero, que debió reducir a la mitad su jornada laboral y está buscando insertarse de nuevo en la actividad. "Hago lo que puedo: voy a la oficina, cuido a mi madre, a los chicos...Entiendo la situación de Jorge, pero siento que encima de todo tengo que bancarme su mal humor porque la plata no alcanza", protesta Susana, de 48, empleada.
"El cambio de roles que se fue gestando a medida que la mujer se incorporó al mercado laboral implicó crisis y cambios en las relaciones de pareja y de familia. Sin embargo, en el imaginario social no ha variado la representación que se tiene de la mujer con respecto al trabajo: éste es uno de sus espacios entre muchos otros, y la pérdida del mismo no está, como en el hombre, entre los primeros desencadenantes de la depresión", afirma la psicoanalista Mirta Pipkin, psicoanalista, que lleva años de experiencia en el abordaje de las emergencias en el Centro de Salud Mental número 3 Florentino Ameghino.
Acostumbrada a las pérdidas (menstruación, parto, destete), la mujer está menos presionada a sostenerse por ciertos atributos relacionados con el "tener". Siempre tomando en cuenta que para el psicoanálisis decir hombre y mujer es postular abstracciones, "el hombre se define por lo que tiene, su diferencia sexual, su órgano sexual y son símbolos de dicha definición tener éxito, tener dinero, poder, potencia sexual. En consecuencia, sus depresiones están asociadas a pérdidas de ese tipo".
Se dice habitualmente que la mujer está más preparada para sostener o soportar situaciones límite: "No sé si es exactamente así. Lo que sí observamos es que las mujeres podemos hacer varias tareas a la vez. Tal vez la potencial o real maternidad colabore con esta idea", opina la licenciada María Rosa Glasserman, directora del Centro para Familias y Parejas (Cefyp).
Si la pregunta de la mujer es "¿Qué soy?", el interrogante del hombre es "¿Qué tengo?" Según Pipkin, "en la clínica se observa cómo se produce la degradación en un sujeto cuando excluido, marginado del mercado laboral, no tiene más identificaciones. Al principio se esfuerza por negar ante sí y su partenaire esas pérdidas, en un intento por continuar satisfaciendo toda demanda, dándole lo que no tiene, hasta que despojado de todo valor de intercambio se abisma en la depresión -agrega-. Aunque la posición de la mujer es otra, en esta situación no está por fuera de la valoración de esos atributos, a ella también se le hacen intolerables esas pérdidas, o las niega, o pierde su deseo sexual".
Si bien es sabido que la depresión es mayor en las mujeres que en los varones, "en este nuevo escenario de desocupación e incertidumbre la consulta de los hombres se está haciendo más frecuente", asegura la doctora Stella Diamanti, jefa del Servicio de Salud Mental del Hospital Español. En una experiencia de trabajo gratuito y abierto a la comunidad, investigando ataques de pánico, el número de consultas de mujeres sigue siendo mayor, pero en la continuidad del tratamiento y la participación en talleres grupales la relación se equipara. El hombre está aprendiendo a pedir ayuda".
El poder del dinero
Las relaciones de pareja toman distintas aristas frente a la desocupación. "Están los que no llegan a la consulta porque el conflicto laboral no produce síntomas en la relación de pareja: la mujer aporta económicamente sin reprochar, no piensa que el hombre que está a su lado es "un perdedor", y puede reflexionar que esto es transitorio. El hombre (depende como sea) puede aceptar y colaborar en la casa y con los hijos sin demasiado conflicto. En tanto, los que nos llegan a la consulta generalmente tienen un deterioro previo, que desata algo encapsulado", dice Glasserman.
Cuando aparecen, "los síntomas suelen estar vinculados con la depresión. Sentimientos de exclusión, de desvalimiento, desvalorización, impotencia, pérdida y envidia invaden la relación de pareja", afirma Glasserman.
Las especialistas coinciden en que la situación actual exacerba la violencia. "Esta violencia surge cuando desaparecen las palabras adecuadas", afirma la doctora Diamanti.
"Por supuesto que hay excepciones. Muchos apelaron a recursos creativos para salir de estos lugares agobiantes. Pero por ahora son los menos", dice Glasserman.
Para Diamanti, "si la relación persistente es sólida, de mutuo respeto, probablemente la pareja se dañe poco o nada, ya que serán capaces de pensar en lo transitorio de la situación sin perder de vista que en algún momento se solucionará el problema. De no ser así, puede surgir una pelea por el poder". Un poder que, tradicionalmente, se asigna a quien provee el dinero.






