
El país de las paradojas
Paradoja , según el diccionario de la Real Academia Española, es una "idea extraña u opuesta a la común opinión y al sentir de las personas; aserción inverosímil o absurda, que se presenta con apariencias de verdadera; figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción".
Los argentinos estamos acostumbrados a las paradojas, en todos los sentidos: el nuestro es el país que tiene cuantiosas riquezas naturales... pero no las aprovecha; el que forma recursos humanos de primer nivel... y después los cede sin culpa para que ofrezcan los frutos de su talento en los países desarrollados; el que insiste en postergar el estímulo a la creatividad científico-tecnológica, mientras otros, menos favorecidos, exhiben éxitos contundentes...
Un capítulo novedoso de la paradoja nacional es que el país dispone de desarrollos originales en múltiples campos de la ciencia, como la bioingeniería, las sustancias antitumorales, los biomateriales, los implantes cardiovasculares, los biosensores, los materiales para la industria electrónica e innumerables ideas originales, pero actualmente sólo una fracción minúscula de esas riquezas potenciales está protegida por patentes.
"Es como tener un auto deFórmula 1 en el garaje y andar en bicicleta", afirma el doctor Carmelo Felice, profesor de la Universidad Nacional de Tucumán e investigador adjunto del Conicet, que analizó detalladamente el tema en un extenso trabajo sobre "El patentamiento y la generación de riquezas a partir de la ciencia en la Argentina" (ISBN 987-432-5319-8, 2002).
Según Felice, la Argentina posee abundantes diamantes en bruto , pero es incapaz de sacarles brillo. Nuestra producción científica por habitante (registrada en el Science Citation Index), es entre dos y tres veces superior a la de países como Egipto, Venezuela o México, aunque diez a quince veces menor que Finlandia o Israel. Pero en cuanto a las patentes por habitante, estamos casi al final de la lista: poseemos un número similar al de Brasil, Bulgaria o Chile, pero trescientas veces menor que el de Finlandia o Israel.
La experiencia internacional en el tema es más que elocuente. Tal como muestra Felice en su trabajo, las instituciones académicas norteamericanas a las que se les concedieron patentes, según la National Science Foundation, se multiplicaron más de seis veces en los últimos quince años, de 500 a más de 3000. La Universidad de California, por ejemplo, aumentó más de ochenta veces sus ingresos por regalías de patentes desde 1943, año en que se estableció el sistema. Otras crean hasta una empresa por mes.
"En Alemania, el Estado a través del Ministerio para la Educación y la Ciencia considera el patentamiento como el medio para asegurar el futuro nacional y el que, junto con la investigación científica, les permitirá jugar internacionalmente en primera fila", asegura Felice, y agrega que no es un sueño hacer que cada universidad argentina posea un parque tecnológico de alta tecnología, sino un proyecto posible.
"La gran limitación son nuestros propios temores y barreras culturales", afirma.
Después de todo, y aunque todavía existe resistencia al patentamiento, es un recurso que ya figura en el artículo 17... ¡de la Constitución de 1853!
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