
"El Sida deja muchos huérfanos en el camino"
Es contadora y desde hace ocho años está al frente de la Fundación Cor, que brinda amparo a hijos de padres con HIV
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Alicia Valente de Martínez podría ser una típica mujer de clase media acomodada. Es contadora, igual que su marido, tiene 52 años, dos hijos y dos nietos. Mujer elegante, su hobby es la pintura, y parece que no lo hace mal porque tiene algunos cuadros premiados.
Sin embargo, desde hace casi ocho años ha puesto su personalidad avasalladora al servicio de la Fundación Cor que preside, que es el único hogar que alberga y se ocupa de chicos cuyos padres son HIV positivos, y que por diversas razones vinculadas con la enfermedad y con cuestiones sociales, no pueden atenderlos.
Una de esas razones, también, es la muerte. Justamente por todo este trabajo, que en 1999 la llevó a estar nominada para el premio a la Mujer del Año, no es una típica mujer de clase media acomodada.
-¿La gente de la fundación llegó a trabajar con la problemática del sida por alguna razón particular?
-No. Esta fundación no nació como consecuencia de una desgracia personal de alguno de los miembros como es el caso de otras entidades, que las hay y que son muy respetables. Simplemente es una opción de quienes armamos esto de comprometer nuestra ayuda a los más pobres, y en el sentido amplio creemos que los pobres más pobres son los enfermos de sida.
-¿Y cómo llegó a esa opción?
-En 1993, por curiosidad o por saber un poco mejor de qué se estaba hablando cuando se hablaba de Sida participé de un curso que dictaba el doctor Antonio Parisi -hoy asesor científico técnico de la Fundación Cor- en el Hospital Materno Infantil de San Isidro. Y cuando me interioricé sobre la enfermedad decidí que era el momento de dejar de criticar siempre por las cosas que no se hacían o que se hacían mal y comenzar a hacer algo, a acercar mi aporte.
Comprendí que si mantenía el verbo en potencial, eso de "habría que o tendría que hacer tal cosa", nunca haría nada. Y lo mismo les pasó a otras personas que compartieron el curso, como Gloria Zaffia, la primera presidenta de la entidad, que hoy vive en España, y a Silvia Valerio de Martínez -la vicepresidenta de la Fundación Cor, que luego se sumará a la charla-. De modo que poco tiempo después ya estábamos dándole forma a esta idea.
El lema de la Fundación Cor ("corazón", en latín) es una frase de Peter Drucker, que afirma que "el mundo puede cambiar si todos y cada uno de nosotros hacemos algo para que así sea". Y las personas que integran este proyecto de vida para hijos de padres enfermos de sida, se esfuerzan para aplicar esta sentencia al pie de la letra.
Alicia Valente es un torbellino que gestiona, organiza, se enoja, insulta a las paredes, se ríe a carcajadas y trabaja con un ímpetu demoledor para la Fundación Cor. "Un día de éstos, mi marido, que es mi socio en el estudio contable, me va a matar. El debe ser quien más lamenta que ya no le dedique más tiempo a la pintura", bromea.
A diferencia de Alicia, cuyo trabajo se centra más en la gestión de Cor puertas afuera, Silvia Valerio de Martínez, (que a pesar de llevar el mismo apellido de casada no tiene ningún vínculo sanguíneo con Alicia), es una especie de tractor que se complementa y hace funcionar la Casa Cor. Y no se trata de una tarea sencilla. En el hogar viven 12 chicos en forma permanente y otros 12 se acercan al hogar de día. Todos son hijos de enfermos de sida y muchos de ellos también están infectados por el virus.
-¿Y cuál fue el dato revelador de ese curso?
-En esa charla descubrimos dos cosas fundamentales. Una, tomar conciencia de la cantidad de huérfanos que deja el sida. La otra, de la necesidad de conseguir que se llegue a la atención domiciliaria del enfermo de Sida, porque como se trata de inmunodeficientes, ingresan en un hospital para curarse una cosa y salen con otras tres encima.
-Esa idea de que optaran por los más pobres parece emparentada con la encíclica del papa Juan Pablo II. ¿La fundación tiene alguna vinculación confesional?
-No. No hay ningún tipo de confesionalidad detrás de nuestro trabajo, porque el virus es ecuménico, no discrimina a ninguna raza ni a ninguna religión- contestó Silvia Valerio, que es catequista y llegó a ese curso en busca de información por un caso de la enfermedad que había aparecido en su parroquia.
La Casa Cor que no tiene carteles de identificación, sino que funciona como una vivienda más del barrio del partido de San Isidro, en donde está ubicada. Los 24 chicos que viven o pasan gran parte del día allí son atendidos por dos mujeres, que están entre las pocas personas a sueldo de la institución. "Intentamos dar un marco familiar, pero ninguno quiere apropiarse de estos chicos, que tienen un hogar de origen al que muchos vuelven diariamente, aunque tengan problemas, nosotras somos tías", dijo Alicia Valente.
Los chicos tienen entre 7 meses y 13 años y cuentan con atención psicológica permanente, tanto para ellos como para el grupo familiar. Además tienen la provisión de la medicación específica y el seguimiento médico en el Hospital Materno Infantil de San Isidro. La gente de la Fundación Cor también los acompaña y brinda asistencia cuando algunos de los chicos derivados por Minoridad tiene que cumplimentar trámites legales, tanto si son de la provincia de Buenos Aires como del lugar del país de donde provengan.
-¿También se ocupan de la escolaridad de los chicos?
-Por supuesto, todos los chicos de la Casa Cor van al colegio público del distrito. Claro que nosotros estamos en contacto permanente con las escuelas y con los docentes, con quienes trabajamos especialmente el tema de la bioseguridad; porque contra lo que indica el prejuicio generalizado estos chiquitos más que representar un peligro para los otros chicos, son ellos mismos susceptibles de contagiarse cuanta enfermedad circule. Para ellos, una erupción o un hongo es mucho más complicado de curar que para un chico que tiene su sistema inmunológico normal.
Cualquiera de estas enfermedades "menores" que contraigan los chicos significa un tratamiento, por lo general costoso, que sale de las escuálidas arcas de la Fundación Cor. El Estado cubre la medicación específica para el sida, pero no la que requieren las enfermedades derivadas de la inmunodeficiencia. El financiamiento se logra por medio de distintos planes y becas (ver recuadro) pero, además de estos gastos, el costo operativo de la Casa Cor representa unos 5000 pesos por mes, que no siempre consiguen reunir.
-¿Qué necesitan?
-Son muchas cosas -enumera Alicia Valente-. Desde un lavarropas industrial hasta medicamentos, antisépticos o, directamente, donaciones constantes y sonantes; pero lo importante es que tengan continuidad, aunque sea poco dinero. Si es posible, necesitamos un vehículo para transporte de los chicos que pueda aportar alguna empresa.
-¿Cuántas son las personas que trabajan en Cor, para cubrir tanta actividad?
-Muy pocas. Sin contar a los asesores y colaboradores, cuyo trabajo es valiosísimo, los que estamos a tiempo completo somos nosotras dos (Silvia Valerio de Martínez), la secretaria (Delia Estrada de Ibarguren), la tesorera (Susana Atis de Klappenbach). Después está el trabajo de los -voluntarios, que son 15 personas; el de los colaboradores, que son otros tantos que participan de algunas tareas específicas, pero no todos los días..., y no muchos más.
-¿Y cómo hacen?
-La clave es no perder el humor ni la esperanza- dice Alicia Valente, una vez más, riendo a carcajadas, a pesar de todo.
Prejuicio
Por supuesto, todos los chicos de la Casa Cor van al colegio público del distrito. Claro que nosotros estamos en contacto permanente con las escuelas y con los docentes, con quienes trabajamos especialmente el tema de bioseguridad, porque contra lo que indica el prejuicio estos chiquitos más que peligrosos son suceptibles de pescarse cuanta enfermedad circule, pero para ellos una erupción o un hongo es mucho más complicado de curar que para un chico que tiene su sistema inmunológico normal.
Financiamiento
Gastos fijos:
La Fundación Cor tiene un gasto fijo estimado en más de 5000 pesos mensuales. Por becas y subsidios reúnen casi 3400 pesos, el resto sale de donde se puede, y muchas veces de los bolsillos de la gente que trabaja allí como voluntaria porque, como se ve, no hay aporte de las empresas, ni siquiera una exención de los servicios.
Becas:
reciben cinco becas mensuales del Consejo del Menor y la Familia de la provincia de Buenos Aires, de $270, cada una.
Medicación:
el Municipio de San Isidro aporta un subsidio mensual de $800. Además, Acción Social de la Municipalidad de San Isidro les provee la medicación antirretroviral que necesitan.
Cuidadores:
el Plan Ayudarte, de Cáritas aporta $1236 por mes, que se aplica íntegramente a cubrir parte del sueldo de las ciudadoras del hogar.
Cómo ayudar:
la sede administrativa de la Fundación Cor están en la localidad bonaerense de Martínez, en Emilio Mitre 214 (CP 1640). Tel.: 4793-8468. E-mail: fundacioncor@ets.sida.org.ar
*Esta nota fue publicada en el Suplemento Testimonios Solidarios (Fundación LA NACION) del 8 de abril de 2001.
INFORMACIÓN ACTUALIZADA
La Fundación Cor informó a LA NACION LINE que desde abril hasta la fecha el número de niños infectados con VIH que esperan un hogar ha ascendido a 161.
Entre las acciones orientadas a disminuir el número de huérfanos con VIH, que según las Naciones Unidas ha llegado a los 13 millones en los 20 años de existencia de la epidemia, se encuentra el Proyecto Necesitamos Abrazos.
Según explicó la presidenta de Fundación Cor, Alicia Valente de Martínez, de los 2370 llamados que se hicieron este año sólo en 3 casos aceptaron la adopción temporal de un niño infectado con VIH.
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