
En el 90% de los casos las aves forman parejas monógamas
Entre los mamíferos los machos tienden más a la poligamia que las hembras
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Para la biología la reproducción no es otra cosa que un contrato establecido entre dos individuos de distinto sexo que con el objetivo de tener descendencia (y perpetuar así sus genes) negocian condiciones.
Entre todas las especies que se reproducen sexualmente (incluido el ser humano) el macho y la hembra ponen en marcha estrategias que determinan cómo, cuándo y con quién van a aparearse. Esto da como fruto auténticos sistemas sociales (por ejemplo, rituales y complicadas secuencias de cortejo) que organizan de generación en generación la empresa reproductiva.
Es por eso por lo que, en esta materia, no hay fórmulas únicas: entre algunos animales un macho se aparea con varias hembras; en otros una hembra tiene varios machos y también están aquellas donde hay un varón por hembra y viceversa. Pero, en líneas generales, hay una tendencia: mientras en casi el 90% de los casos las aves son monógamas, entre los mamíferos la desigualdad es lo más común: lo más frecuente es que un macho tenga acceso a varias hembras. Pero todo tiene su explicación.
"Existe un motivo fundamental que ayuda a comprender por qué la mayoría de las aves tiende a ser monógama y eso no ocurre entre los mamíferos", explica el biólogo argentino Alex Kacelnik, profesor y director de un grupo de investigación sobre ecología del comportamiento en la universidad inglesa de Oxford, donde está radicado hace casi tres décadas.
El biólogo agrega que, entre las aves, como los huevos son incubados fuera del cuerpo de la hembra, ambos sexos tienen la capacidad de cuidar y alimentar a la descendencia, pero también de desertar de la empresa.
En mamíferos existen la preñez y la lactancia, y durante ese período es la hembra la que está a cargo del episodio reproductivo. Si copula y se embaraza no puede continuar buscando descendencia. Entre los machos lo que se ve generalmente es una competencia por acceso a un mayor número de hembras. En éstas, en cambio, hay un mecanismo de cuidadosa selección. Eligen al macho que consideran mejor para producir sus descendientes. Es decir que invierten más directamente en el cuidado de la cría.
Monogamias especiales
La monogamia de las aves, sin embargo, es un fenómeno más complejo de lo que parece. No siempre es una monogamia para toda la vida (hay parejas que se hacen y se deshacen al finalizar la estación) y existen otras que aparentan felices uniones cuando en realidad lo que ocurre es algo muy distinto.
"En Australia -añade Kacelnik- el sistema que se utiliza para identificar mediante huellas genéticas la paternidad y la maternidad permitió estudiar el comportamiento de un pájaro llamado Superb Fairy Wren ( Malurus cyaneus ).Lo que se descubrió es que más del 75% de los nidos contiene pichones que han sido generados fuera de la pareja... En cada barrio hay un macho privilegiado que es responsable de casi todos estos hijos extramatrimoniales. Muy temprano, al amanecer, la hembra sale del nido sin que su compañero lo advierta y visita al dominante, que a su vez convive con otra hembra. Copulan y ella luego vuelve a su nido. Su compañero no detecta el engaño : el macho dominante no es reconocido como tal por el resto."
Otro ejemplo curioso es el ñandú: "En algunas especies incuba los huevos la hembra, en otras ambos y en el caso del ñandú los incuba el macho", afirma Kacelnik.
Una vez que construyó un sencillo nido se le acerca un grupo de hembras que durante varios días copulan con el ñandú y ponen huevos en el nido, que el macho debe cuidar cuando las hembras se retiran. Ellos son polígamos simultáneos (con varias hembras a la vez), en tanto ellas son polígamas seriadas (en un momento tienen un solo macho, pero cambian).
Estos particulares sistemas de apareamiento pueden ser contrastados con la relación que durante años establecen aves como el albatros, los cisnes, las golondrinas. "Estas vuelven a estar juntas de estación en estación -dice el especialista-. Aunque a veces, claro, hay divorcios."
El motivo que explica las separaciones en estas especies es el poco éxito en la temporada reproductiva: tener bajo número de pichones, que nazcan enfermos o mueran.
¿Polígamos o promiscuos?
-Y si los mamíferos no son monógamos, ¿son promiscuos?
-Lo más frecuente es que sean polígamos o, mejor dicho, poligínicos: acceden a varias hembras. La promiscuidad es otra cosa, es un descenso en la selectividad con quien uno se aparea.
-¿Hay especies promiscuas?
-Sí. Uno de nuestros parientes más cercanos, el chimpancé enano, también llamado Bonobo. Hay grupos de varios machos y varias hembras y todos copulan con todos. Es distinto de lo que pasa con el chimpancé común, donde existe un poco más de selectividad, y con el gorila, donde hay un macho muy grande físicamente que tiene un harén.
-Hay una pregunta inevitable: los humanos somos mamíferos y primates, ¿tendría un justificativo biológico la conducta infiel del varón en la pareja?
-No se trata de justificar. La cuestión es si esa conducta responde o no a una realidad biológica. Si observamos anatómicamente a la especie humana, en el conjunto de las demás especies de primates, todo indica que tiene una tendencia mayor a la monogamia. Entre los seres humanos hay una gran variedad de estructuras sociales: ninguna es la forma típica. Lo que se observa en las sociedades, de hecho, y aun en la actualidad, es que hay mayor número de culturas (generalmente no occidentales o industriales) que tienden más a la poliginia que a la poliandria: que un macho tenga acceso a varias hembras y no al revés.
-¿Entonces el macho humano tampoco es monógamo?
-No, no es una cuestión tan simple. Existe una relación entre el dimorfismo sexual, la diferencia de tamaño entre macho y hembra, y la cantidad de hembras por macho que es posible hallar en los grupos reproductivos. Si se ubica al ser humano en esta escala vemos que los hombres son un poco más grandes físicamente que las mujeres. Esa diferencia derivaría de que en el pasado evolutivo del hombre los machos peleaban entre sí para controlar un mayor número de hembras.
Hoy en día, en tanto primates, deberíamos esperar que en los grupos reproductivos humanos algunos machos sean monógamos, otros tengan dos hembras y que, en promedio, los que se están reproduciendo accedan a poco más de una hembra... Pero ésta es una explicación solamente biológica. En los últimos cien mil años el ser humano cambió muy poco desde el punto de vista biológico, pero enormemente desde el punto de vista sociocultural. Lo que observamos es el resultado de la interacción entre una cultura que está indudablemente montada sobre la biología, que es una condición, necesaria pero no suficiente, para entender al ser humano.
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