
¿Es posible que exista el célebre yeti?
La evolución ya no es lo que era
1 minuto de lectura'
El hallazgo del Homo floresiensis no sólo aporta una pieza inesperada al ajedrez de la evolución, sino que también deja abiertas algunas cuestiones "bizarras", como la posibilidad de que exista el yeti, y pone en tela de juicio la exclusividad del Homo sapiens.
Esta es la tesis que analiza Henry Gee, autor de una columna de opinión en la revista Nature: si todavía hoy se encuentran ramas inesperadas del árbol genealógico humano, ¿quién sabe qué más podría aguardar allí afuera?
Hasta hace alrededor de 12.000 años, cuando una erupción volcánica parece haber terminado la historia, la isla de Flores era un jardín de dragones Komodo, tortugas gigantes y ratas enormes. También había elefantes diminutos y, como se sabe ahora, pequeñas personas primitivas.
Según explica Gee, probablemente descendientes del Homo erectus hayan llegado a la isla de Flores hace 900.000 años, donde perseguían a los dragones y cazaban elefantes. Pero cazadores y presas se hicieron más pequeños en cada generación como consecuencia de un fenómeno conocido: la reducción endogámica, que determina que las poblaciones aisladas disminuyan de tamaño con el paso del tiempo. Al final, el Homo erectus se transformó en el Homo floresiensis.
"Esta gente, de una altura de alrededor de un metro en la adultez, vivió en Flores hasta hace 12.000 años -dice Gee-. Pueden haber estado vivos cuando el Homo sapiens llegó a la región. Sin embargo, por lo que sabemos, el Homo floresiensis sobrevivió durante miles de años sin ser advertido y sin ser molestado por los humanos, antes de extinguirse."
Los descubridores del Homo floresiensis sugieren que su hallazgo podría ser el primero de muchos y que otras especies de humanos recientemente extinguidas pueden ser encontradas en islas aisladas. Para Gee, el descubrimiento de que el Homo floresiensis sobrevivió hasta fecha tan reciente, en términos geológicos, hace más creíbles las historias de otras criaturas míticas de apariencia humana, tales como los yetis.
Por otro lado, esto trastrueca nuestra visión de la evolución. "Hasta hace poco se veía la evolución como una trayectoria lineal que se elevaba desde formas de vida más elementales y culminaba en el ser humano -dice Gee-. En paleoantropología, esta idea impone la perspectiva de que en cada época existió una sola especie de homínido. Pero ahora sabemos que la evolución humana es como un arbusto, no como una escalera. (...) Estamos habilitados a cuestionar la seguridad de algunas de nuestras creencias más profundas."






