Fiebre: el síntoma que desvela a los padres

Es uno de los más comunes desde el nacimiento, aunque sólo en pocos casos se relaciona con afecciones de extrema gravedad
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3 de mayo de 2003  

La fiebre es uno de los síntomas más frecuentes con que el cuerpo expresa cuando algo no anda bien y se refiere al aumento de temperatura por encima de los índices convencionales, que en general se ubican en 37 grados centígrados.

"Que un chico tenga fiebre es motivo de preocupación tanto para los padres como para los niños. Los primeros porque lo perciben como un fantasma que encubre o manifiesta una alteración de la salud y cuanto más pequeño es el hijo, mayor intranquilidad sienten. Los segundos, sobre todo cuando son más grandes, toman conciencia de su malestar y con frecuencia les provoca miedo, ansiedad o inseguridad; incluso temen por su vida", aseguró el doctor Abel Monk, secretario del Comité Nacional de Pediatría General Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría.

"La fiebre no solamente obedece a causas infecciosas –aclaró–, ya que puede instalarse por distintos motivos. En general, responde a un proceso inflamatorio dentro del organismo, pero no es infrecuente que existan otros factores externos como, por ejemplo, la exposición a altas temperaturas en verano o el estrés, como el que se vive el primer día de clases o antes de un examen. Es función del médico intentar discriminar esto."

En casa, "para abordar la fiebre de un niño y como primera medida, se le deben realizar baños antitérmicos. Esto significa preparar la bañera llena con agua tibia o de temperatura similar a la del cuerpo del chico; una vez sumergido, ir enfriando el líquido lenta y progresivamente hasta que esté templada. No se lo debe colocar en agua fría ya que esto produce una vasoconstricción periférica, la piel se pone morada y fría e impide el efecto buscado, que es transmitir la temperatura del cuerpo al agua. Inmediatamente se consulta al médico que indicará los pasos siguientes y será quien recete los antitérmicos adecuados."

La magnitud del aumento de temperatura no necesariamente tiene relación directa con la gravedad del problema. "Los padres relacionan la fiebre alta con enfermedades serias, pero eso ocurre en un bajo porcentaje de casos; procesos o infecciones comunes de tipo estacionales pueden coexistir con temperatura elevada. Otro temor es que la fiebre llegue a niveles incontrolables, pero el organismo posee un mecanismo de autorregulación que impide que esto ocurra."

Con cierta frecuencia, las enfermedades dan fiebre elevada durante varios días; es una situación que preocupa ya que los pequeños suelen estar decaídos, inquietos, doloridos e inapetentes. "Una buena forma de evaluar la severidad del cuadro es observar cómo se siente el niño en los intervalos sin fiebre o de temperatura más baja. Si se nota una mejoría en su estado general, aunque sea transitoria, es poco probable que la alteración de salud sea importante. De todos modos es recomendable ponerse tempranamente en contacto con el pediatra ya que la urgencia estará determinada por su evaluación.

Según Monk, la temperatura normal del cuerpo –hasta 36º 9C, 37ºC– depende también de factores ambientales y de la edad del paciente. Por ejemplo, cuando hace mucho calor, un recién nacido o un lactante pequeño no pueden regular fácilmente su temperatura corporal; pueden tener cifras por encima de lo habitual y simular algo anormal. En otras oportunidades están sobreabrigados y confunden. Ocurre que el principal órgano de liberación de temperatura es la piel y lo que impida esta función provoca una elevación de la temperatura corporal y una falsa presunción de fiebre.

Por último, "cuando un recién nacido, en especial, o un lactante de los primeros meses tiene fiebre, hay que consultar inmediatamente al médico", concluyó el pediatra.

Como tomar la fiebre

  • La forma más habitual y práctica es medir la temperatura axilar


  • El clásico termómetro de mercurio suele ser el más útil


  • Pero sea cual fuere el tipo de termómetro es importante que se encuentre en buen estado


  • El niño debe estar lo más tranquilo posible


  • No debe estar sobreabrigado


  • Hay que evitar que el ambiente sea excesivamente cálido
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