
Fumar predispone a tener presión alta
Dejar el hábito reduce 50% el riesgo de sufrir otras enfermedades, independientemente de la antigüedad de la adicción
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MADRID.- Por estos días, más de 5000 cardiólogos no lograron permanecer ajenos a las intimidades de una pareja que, literalmente, mata por amor al hábito: la del tabaquismo y la hipertensión.
Para sobreponerse a esa relación no existe otro camino que la separación definitiva. "Dejar de fumar es la medida más efectiva para reducir el riesgo cardiovascular en general, pero especialmente en las personas hipertensas reduce más del 50% las complicaciones futuras. Ningún otro tratamiento alcanza ese efecto", afirmó a LA NACION el doctor Peter Sleight, profesor emérito de la Universidad de Oxford y consultor honorario del hospital John Radcliffe, en Inglaterra.
Y el doctor Sleight, con más de 70 años, sabe de lo que habla. En su país fue un promotor vehemente de la puesta en marcha de estrategias públicas para desalentar el consumo de cigarrillo: "En Inglaterra, la población comprendió el mensaje y las enfermedades cardiovasculares descendieron enormemente en poco tiempo. Esta es una de las causas por las que las tabacaleras se retiran a países como la Argentina -bromeó con ironía-. Cuando estuve en Buenos Aires y Rosario me sorprendió la cantidad de médicos que fuman. Estábamos en una reunión científica y parecían chimeneas".
Para el doctor Thomas Hedner, que coordinó con Sleight el encuentro "Tabaco e hipertensión" durante el XVI Congreso Europeo de Hipertensión, en esta ciudad, no hay duda de la efectividad terapéutica de deshacerse del hábito de fumar contra la presión arterial alta.
"Fumar es un desencadenante de la hipertensión arterial", aseguró este profesor sueco del Hospital Universitario de Göteborg.
Según estadísticas presentadas en la mayoría de los 1500 trabajos difundidos en este congreso, el consumo de cigarrillo causa el 20% de las muertes en los hombres y el 5% en las mujeres. En tanto, se reprochó desde varios estrados, la medicina no logra poner a la hipertensión bajo control.
"El porcentaje de pacientes con niveles de presión arterial por debajo del objetivo terapéutico todavía es muy bajo", insistió en conferencia de prensa el presidente del congreso, doctor Luis Ruilope, presidente de la Sociedad Española de Hipertensión.
El matrimonio tabaquismo-hipertensión es, según los doctores Sleight y Hedner, un factor de riesgo para al menos 35 enfermedades, entre las que se encuentran la diabetes, la insuficiencia renal, el síndrome metabólico y las patologías cardiovasculares. "El humo del tabaco es responsable del daño arterial a través de la gran cantidad de sustancias tóxicas que contiene y no de la nicotina solamente, ya que en las personas que usan el chicle de reemplazo para dejar de fumar, por ejemplo, los problemas de salud disminuyen", especificó Hedner a LA NACION.
Aunque los efectos del tabaquismo no distinguen entre hipertensos y normotensos (por debajo de 140/90 mmHg), en los primeros el riesgo es mayor porque las arterias están más enfermas. "Cada vez que una persona fuma un cigarrillo las plaquetas en la sangre se vuelven más pegajosas y la sangre tiende a coagularse con mayor facilidad. Además, tienen más placa aterosclerótica", detalló Sleight.
Al escuchar que se necesita por lo menos una década para "limpiar" el organismo a partir del momento en que se apaga el último cigarrillo, la mayoría de los fumadores suele lanzar un "es mucho lo que tengo que esperar para tanto esfuerzo".
Sin embargo, los mayores resultados aparecen en los primeros meses. "Los efectos son sorprendentemente rápidos -aseguró Sleight-. Claro que una persona que fuma debe esperar hasta cinco años para volver a los valores normales de riesgo, pero debe pensar que esto es independiente de la cantidad de años que fumó y que los beneficios son mucho más evidentes al principio."
Sin embargo, no siempre los médicos les preguntan a los pacientes si son fumadores. "Sólo el 70% de los médicos de atención primaria indaga si el paciente fuma; si la respuesta es afirmativa, únicamente el 40% adopta alguna acción contra el tabaco", comentó el experto sueco.
Estimaciones presentadas en este congreso señalan que la mayoría de los fumadores de los países occidentales que abandonaron el cigarrillo lo hizo sin asesoramiento médico y que siete de cada diez fumadores que llegan a un consultorio por cualquier motivo dicen que les gustaría dejar de fumar.
"Esto demuestra que el problema no es que los pacientes no quieran dejar de fumar, sino que los profesionales no aprovechan esa motivación -opinó Hedner-. Pero deben saber que aun cuando un paciente no desea dejar de fumar de inmediato, respaldarlo en la motivación ya es gratificante."






