
Hallan restos fósiles de un roedor de una tonelada
Fue descubierto en Uruguay; medía entre 2 y 3 metros
1 minuto de lectura'
Una suerte de carpincho sobredesarrollado, cuyos restos fósiles fueron desenterrados en la costa rioplatense uruguaya, acaba de robarle al Phoberomys pattersoni , de Venezuela, el título de roedor más grande del mundo. Con un peso aproximado de una tonelada, el Josephoartigasia monesi ha logrado que su primo venezolano de sólo 700 kilos de peso parezca... un alfeñique.
"Es el roedor más gigantesco que se conoce hasta la fecha", dijo a LA NACION el paleontólogo Andrés Rinderknecht, del Museo Nacional de Historia Natural y Antropología de Uruguay y uno de los autores de la descripción del J. monesi , publicada en la revista Proceedings of The Royal Society B .
El cráneo del roedor, de 53 centímetros de largo, fue desenterrado hace varios años en Playa Kiyú, en el departamento de San José, Uruguay. Pero apenas el año pasado cayó en manos expertas.
"Recién hace dos años que el museo contrató personal científico", comentó Rinderknecht, y aseguró que apenas tuvo contacto con el cráneo del J. monesi se dio cuenta de que estaba frente al que probablemente fuera el roedor más grande del mundo.
"Lo que no sabía entonces era que se trataba de una especie nueva", agregó.
Estudios realizados por Rinderknecht y R. Ernesto Blanco, del Instituto de Física, de Montevideo, sugieren que el cráneo tiene entre 2 y 4 millones de años de antigüedad. "Este roedor convivía con otros animales fantásticos -dijo Rinderknecht-: perezozos gigantes, de hasta 400 kilos de peso, gliptodontes de hasta 2 toneladas y aves carnívoras también de gran tamaño."
Esa fauna gigante, desaparecida hace 10.000 años con la última extinción masiva, fue común en América latina. "La mayoría de los roedores gigantes fue hallada en la Argentina -apuntó el paleontólogo-. Los primeros registros de estos animales son de Ameghino."
Pero la relevancia del hallazgo del J. monesi no sólo está dada por su tamaño. "Es un cráneo completo, y no existen piezas tan completas de este tipo de roedores. En general, los materiales fósiles de roedores gigantes con los que contamos son todos muy fragmentarios -dijo Rinderknecht-. La importancia de contar con este cráneo es que nos va a ayudar a saber cómo eran sus otros parientes, de los que hasta ahora sólo teníamos pedacitos de dientes o de mandíbulas."
Por último, si bien el aspecto del J. monesi hoy podría hacer palidecer a los roedores actuales -el más grande, el pacaraná, de Brasil, mide un metro-, lo cierto es que era hervívoro: "Se alimentaba de hojas y frutos", dijo Rinderknecht.




