
Hasta ahora no hay ningún indicio de los parásitos en el país
Trabajos de un equipo de la UBA
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Después de bañarse en aguas infestadas, la persona sentirá un picor irritante. Luego, durante tres o cuatro semanas, sufrirá fiebre alta, sudores profusos, intensos dolores de cabeza, musculares y articulares. Con el tiempo, padecerá hemorragias y otros trastornos. Finalmente, la enfermedad entrará en una fase crónica.
La esquistosomiasis, un mal tan antiguo que en el papiro egipcio de Eberse ya puede encontrarse una pormenorizada descripción de los síntomas expuestos más arriba y que actualmente afecta a más de 200 millones de personas en todo el mundo, inquieta a los epidemiólogos porque se encuentra a unos cientos de kilómetros de la Argentina.
"El caso más austral ocurrido en Brasil es de 1998 y se produjo en Rio Grande do Sul -afirma el doctor Linus Spatz, uno de los especialistas que en el Laboratorio de Parasitología de la Facultad de Medicina les están siguiendo el rastro a los parásitos-. Pero aquí todavía no encontramos ni caracoles infectados ni casos humanos."
Junto con la doctora Stella Maris González Cappa (directora del proyecto) y los licenciados Martín Torres Jordá y Lubiana Grassi, desde hace cinco años Spatz ha estado trazando un completo mapa de situación de los caracoles que transmiten el parásito (Biomphalaria) y del riesgo de transmisión en la Argentina del Schistosoma mansoni, el agente causal de la enfermedad.
Según explican los investigadores, en este momento los caracoles que existen en el norte argentino no son peligrosos. "Capacidad de transmitir el parásito sí tienen, pero es potencial", afirma Spatz.
Hace algunas semanas, LA NACION dio a conocer un proyecto de la Subsecretaría de Recursos Hídricos de la Nación -a cargo del ingeniero Daniel Di Giusto- para hacer un diagnóstico de situación y elaborar una propuesta de soluciones. Pero esto es algo que los científicos de la UBA vienen haciendo desde 1995.
"Comenzamos a instalar un laboratorio de esquistosomiasis ese año -explica la doctora González Cappa-. Lo primero que hicimos fue obtener apoyo de la Fundación Antorchas, que solventó un viaje de Linus a Brasil para que se entrenara en todo lo conocido sobre esta parasitosis. Después obtuvimos un subsidio de 5000 dólares del Conicet, que nos permitió equiparnos; recibimos apoyo de la Fundación Roemmers para un estudio epidemiológico, y luego, del Foncyt y de la UBA. Estudiamos el tema, desde la dinámica de la población de los caracoles hasta sus mecanismos de defensa."
Según el doctor Spatz, en Brasil la expansión de la esquistosomiasis se dio principalmente por las migraciones humanas, de la mano de pacientes portadores que se instalan en nuevas áreas que no tienen el parásito, pero sí el caracol que lo transmite. "Nosotros tenemos siete especies de ese género, de las cuales dos podrían transmitir el Schistosoma, las mismas que lo transmiten en Brasil", explica.
La puerta de entrada
Lo que es altamente improbable, aclara el licenciado Torres Jordá, es que los caracoles infectados se desplacen por las vías fluviales desparramando los parásitos. "Este tipo de caracoles vive más bien en cuerpos de agua quietos, como un charco, una cuneta de ruta o un bañado, y prácticamente no se mueve -explica-. Lo que puede ocurrir es que el parásito ingrese con una persona infectada, alguien que se instale en un rancho, en una casa precaria, que no tenga servicios sanitarios, que las heces tomen contacto con agua cercana en la que haya caracoles y, entonces, se establezca el ciclo."
La cercaria, que es el estadio en que el parásito emerge del caracol y puede infectar, vive más de 24 horas, pero no tiene capacidad de infectar durante todo ese tiempo. Las personas se infectan con el agua que está cercana al caracol, sin necesidad de tocarlo.
Según un estudio de campo del equipo de la UBA, los caracoles Biomphalaria sobreviven al verano cuando se secan los cuerpos de agua. "Pueden mantenerse hasta que llueva y retomar su vida normal, por eso es tan difícil combatirlos -explica Torres Jordá-. Por otro lado, tienen una capacidad muy alta de regenerar las poblaciones. Un único caracol en unos meses puede colonizar rápidamente todo el hábitat, porque se autofecundan. Cuando la temperatura es adecuada, alrededor de los 25° C, ponen miles de huevos, y puede llegar a haber 3000 caracoles por metro cuadrado."
Para la doctora González Cappa, la mejor medida profiláctica posible es instalar sanitarios a lo largo de las rutas. "Sin embargo, también es importante conocer cuál es el riesgo potencial, que es lo que estamos tratando de averiguar", precisa.
Si no se cuenta con una red de buenos baños en las estaciones de servicio del litoral, el nutrido tránsito vehicular que en este momento se mantiene con Brasil podría ser una de las puertas de ingreso de la esquistosomiasis.
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