
Hora de arriesgar
Como protagonista y observador del quehacer científico, el doctor David Schiffrin tiene una posición privilegiada: se formó como químico en la Argentina, reside y trabaja desde hace años en el Reino Unido, y tiene otros contratos en la Comunidad Europea y, en especial, con uno de sus integrantes más recientes, Finlandia.
Esta ubicuidad profesional le permite transitar por sistemas científicos de distinto nivel de desarrollo con la naturalidad de quien se cambia de traje. Claro que las comparaciones le resultan inevitables: recién llegado al país en virtud de un subsidio del programa Raíces para participar de una singular experiencia -la primera Escuela de Nanopartículas y Nanotubos, que durante diez días reune a 60 jóvenes científicos argentinos y brasileños (además de dos chilenos y un uruguayo)-, no tarda en advertir que, si quiere progresar, la Argentina tiene que recomponer su ya crónico talón de Aquiles, la falta de inversión en infraestructura.
"No se puede pensar en nanotecnología si no hay un instrumento para ver los objetos infinitamente pequeños que uno estudia -dice-. Y aquí hay un solo equipo de ese tipo. En Bariloche. Si uno quiere medir algo, tiene que viajar a Bariloche. Y rogar que no se descomponga."
La observación de Schiffrin, que dice haber tenido un pasado "ultracientificista" y confiesa que la comprobación de las ventajas productivas y el impacto social del desarrollo tecnológico lo deslumbraron, no difiere del diagnóstico hecho "en casa". Es que sólo para edificar unos 65.000 metros cuadrados en centros científico-tecnológicos que den cabida a los investigadores que se están incorporando al Conicet desde hace tres años y terminar las obras pendientes en Rosario, el Comahue y el Noroeste se necesitaría una inversión de alrededor de 120 millones de pesos, en tres ejercicios, de los que hasta ahora se desembolsó una pequeña parte.
El aporte privado a la investigación merece un renglón aparte, ya que mientras que en Irlanda alcanza al 69% y en Corea al 72%, en la Argentina generosamente llega al 20%. Las compañías locales no tienen vocación de investigar...
Entre el lunes y el miércoles de la semana próxima, más de cuatrocientos investigadores argentinos y brasileños discutirán sobre estos y otros vitales temas que conciernen a la ciencia local en el Museo Argentino de Ciencias Naturales, durante la Segunda Reunión de Ciencia, Tecnología y Sociedad ( http://www.reunioncts.org.ar ).
Pero al parecer hay cosas que ya no se discuten. "La única forma de progresar en el mundo moderno es incorporar masivamente la ciencia a la economía", afirma Schiffrin. Para el investigador, no se puede aspirar a "jugar en las ligas mayores" si no se toma el toro por las astas. "Hay que hacer una inversión, y eso requiere espíritu de aventura y tomar riesgos. Muchos países ya lo han hecho", asegura.
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