La clonación y la emoción
Por Rosa Angelina Pace Especial para LA NACION
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Suele ser frecuente que la primera reacción frente a noticias como la clonación sea más de orden emocional que racional y que las posiciones de las personas tiendan a estar polarizadas. Frente a esta primera reacción emocional tenemos la obligación moral de agregar un momento de análisis racional, prudente, tolerante y pluralista y de respeto por la diferencia.
La clonación es un procedimiento por el cual se obtienen individuos genéticamente iguales a un progenitor único a través de multiplicación asexual. Ahora bien, el problema es la racionalidad de los objetivos y los fines al servicio de los cuales se ponga la clonación. No es lo mismo solucionar problemas graves de infertilidad o la posibilidad de curación que la banalidad de lograr la perfección física, la perpetuación de ciertos rasgos o lograr un impacto mediático, como parece entreverse en este caso.
Debe descartarse además el pensamiento simplista de creer que el individuo obtenido será una copia exacta de su antecesor, porque se estaría menospreciando la compleja interacción del ambiente sobre esa realidad genética y que las personas somos genética más biografía.
Un comité de expertos de la Fundación Ciencias de la Salud de España elaboró un informe sobre clonación en el que hace unas recomendaciones provisionales:
1. Deben evitarse las expresiones de absoluto rechazo y condena o de absoluta prohibición de la clonación.
2. Máxima cautela en clonación humana, especialmente cuando los fines no son curativos sino reproductivos. Propicia el respeto de la vida en general y la humana en particular.
3. Cree necesario diferenciar dos niveles, el exhortativo y el prohibitivo: sería mejor el compromiso de la sociedad general en la discusión racional de estas cuestiones y la exhortación al respeto por la naturaleza que la urgencia en crear leyes restrictivas que prohíban la clonación, pues todavía no se conocen sus beneficios.
5. Insiste, por último, en la necesidad de establecer mecanismos de responsabilidad individual y colectiva antes que restricciones.
Por tanto, ante estas últimas noticias y después del impacto emocional sería interesante promover un debate racional que podría partir del hecho de que las investigaciones en animales aún son insuficientes como para embarcarnos en la clonación humana y que el uso indebido de la tecnología no se evita por decreto sino a partir de un profundo compromiso ético.
Recuérdese el ejemplo de la energía atómica, que sigue siendo una herida abierta, pero que bien utilizada es beneficiosa.



