
La radiación solar afecta la salud de los viajeros frecuentes
Aumenta el riesgo de cataratas y cáncer
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Según la mitología griega, Icaro voló muy cerca del Sol después de escapar del laberinto del Minotauro, por lo que el calor de Febo derritió la cera que sostenían las plumas de sus alas y murió al caer al mar.
Este milenario relato que advertía sobre los peligros de volar cerca del astro rey, hoy toma relevancia científica a partir de recientes estudios que vinculan la radiación cósmica que reciben los astronautas -pero también los pasajeros y el personal aeronavegante que vuelan periódicamente- con enfermedades, como el cáncer de mama, las cataratas y el deterioro neuronal que favorece la aparición prematura del Alzheimer y el Parkinson.
Uno de los últimos trabajos fue publicado en la revista de la asociación médica de los Estados Unidos. El estudio demostró que "los pilotos tienen un riesgo tres veces mayor de desarrollar cataratas, y creemos que se debe a la radiación cósmica que reciben en sus horas de vuelo", dijo por correo electrónico el doctor Vilhjálmur Rafnsson, autor principal del estudio. Otro de sus trabajos abarcó a 1532 azafatas y concluyó que aquellas que trabajaban más de cinco años tenían el doble de riesgo de desarrollar cáncer de mama que las de menor experiencia. Pero entonces, ¿qué es la radiación cósmica y cómo nos afecta?
"Los rayos cósmicos son partículas subatómicas que tienen una elevada carga de energía debido a su masa y a la rapidez con la que viajan. Provienen del espacio exterior y son generados por la muerte de las estrellas. También las origina nuestro sol cuando está en el máximo de su actividad y produce erupciones solares y manchas negras en su superficie", explicó Vicente Ciancio, director del posgrado de Medicina Aeronáutica y Espacial de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
Según Ciancio, durante el período de mínima actividad solar - que coincide con este año- hay un incremento de rayos cósmicos, por lo que el peligro de exposición crece.
Nuestro planeta cuenta con dos escudos protectores naturales que reducen las dosis de radiación: la magnetósfera y la atmósfera. A nivel del mar, el "blindaje atmosférico" equivale al otorgado por un escudo de plomo de un metro de espesor, pero a medida que ascendemos la atmósfera se hace cada vez más tenue y a los 12.000 metros (nivel crucero de vuelo internacional), la radiación es cien veces mayor que a nivel del mar. Además, la dosis es tres veces superior en las zonas polares que en las ecuatoriales.
Por eso, los expertos recomiendan que los viajeros frecuentes no hagan más de diez viajes ida y vuelta a Europa o seis transpolares (Buenos Aires/Sydney). También advierten que se debe evitar viajar durante una tormenta solar. Es por esto que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos publica en Internet (http://spaceweather.com) los niveles de radiación ambiente y las épocas de las erupciones solares.
La dosis justa de rayos cósmicos
En 2001, la Comisión Internacional de Radioprotección (CIPR), que utiliza la unidad milliSievert (mSv) para medir la cantidad de radiación recibida, recomendó reducir los límites anuales de 5 a 1 milliSievert por año.
Esa comisión también calculó que un trabajador aeronáutico recibe entre 5 y 15 unidades anuales, dependiendo la cantidad de horas de vuelo y la trayectoria de las rutas aéreas que cubre.
Desde 1996, en Europa se considera al personal de aviación como trabajador expuesto a radiaciones cósmicas, por lo que se le restringen sus tiempos de vuelo. Pero en nuestro país no existen leyes específicas que cuiden las salud de los trabajadores aéreos ni la de los pasajeros frecuentes.
Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aconseja que una persona no debe sobrepasar la dosis de 2 milliSievert de radiación por año.
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