
La teoría del bien y del mal
A estas alturas tal vez resulte trillado, pero el espectáculo de violencia desatada, incoherencias y negocios sucios con los que cada mañana nos desayunamos los argentinos, excede todo parangón y desafía las más desarrolladas capacidades de entendimiento.
No alcanza ningún argumento -ni siquiera el de la necesidad, que puede fundamentar muchas cosas- para explicar la muerte gratuita, las agresiones a chicos o la destrucción de hogares. Es entonces cuando uno empieza a preguntarse cuáles serán los mecanismos mentales que pueden estimular a un individuo a perseguir el bien propio y ajeno, en lugar del mal. Y viceversa.
La psicología hace tiempo que intenta averiguarlo, aunque con poco éxito, según escribe el profesor de psicología de Yale, Paul Bloom, en "Los próximos cincuenta años" ( Vintage Books , 2002). Según el especialista, se sabe muy poco acerca de cómo los chicos y los jóvenes llegan a desarrollar nociones maduras del bien y el mal, y cómo pueden afectar su comportamiento adulto.
Y no es que falte interés... De hecho, el estudio del desarrollo de conceptos morales tiene grandes implicancias prácticas: los padres quieren saber cómo criar a sus hijos para que sean buenas personas y los miembros responsables de la sociedad quieren rodearlos de estímulos que permitan educar a una generación de individuos positivos. Son deseos loables... y aunque -puestos a dilucidar sobre casos concretos- muchas veces no nos ponemos de acuerdo acerca de qué se considera bueno o moral, hay reglas universales que son indiscutibles.
Y ahí es donde surge el problema, porque queda claro que no existe una receta clara para formar adultos que, por lo menos, respeten la primera premisa del juramento hipocrácito: ante todo, no hacer daño.
¿Hay que utilizar el rigor o la permisividad? ¿Fomentar los videogames o desalentar las escenas de violencia en el cine? ¿Guardería, sí o no? "A pesar de lo que uno puede leer en los diarios y revistas, no sabemos la respuesta a ninguna de esas cuestiones -dice Bloom-. Todo lo que sabemos es que los chicos criados por buenos padres frecuentemente también resultan buenas personas. De algún modo, los defectos de los padres emergen en sus hijos."
En The Descent of Man , Darwin intentó explicar la aparición de lo moral en la especie humana en términos de un aumento general de la inteligencia que nos permite trascender las reacciones emocionales de nuestros ancestros primates, y apreciar el comportamiento ético y la necesidad de respetar leyes justas y objetivas. Alfred Wallace sentía que el impulso hacia el altruismo es tan misterioso que su propia existencia refuta la teoría de la selección natural.
Para Bloom, la existencia del altruismo y la moral, que alguna vez fue tema central de la filosofía y la teología, es una de las materias pendientes de la psicología para los próximos cincuenta años.
"Necesitamos una teoría del desarrollo moral. Sólo entonces podremos enfrentar los problemas de causalidad y prevención", escribe.
Además de ayudar a curar las enfermedades mentales, ¿podrá la psicología del futuro enseñarnos a acallar la violencia? Es innegable que descubrir cómo se forman buenas personas es una tarea verdaderamente a la altura del tan celebrado siglo XXI...
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