Las devastadoras revelaciones que dejó el escáner cerebral del paciente más joven con Alzheimer
Un joven de 19 años en China se convirtió en un caso que redefine el entendimiento de la enfermedad; sus estudios mostraron un daño cerebral sin mutaciones genéticas conocidas y a una edad inusualmente temprana
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Los escáneres cerebrales de un adolescente de 19 años, considerado el paciente más joven diagnosticado con probable enfermedad de Alzheimer, revelan el impacto devastador de esta condición neurodegenerativa. El caso, descrito por investigadores de la Capital Medical University de China, sacude la comprensión tradicional de una enfermedad que suele asociarse a la edad avanzada, algo que muestra cómo el deterioro puede manifestarse con virulencia en cerebros jóvenes y sin precedentes genéticos. El joven de Beijing comenzó a experimentar síntomas a los 17 años, lo que marcó un declive que lo debilitó rápidamente.
Los exámenes de neuroimagen fueron cruciales para el diagnóstico. Una tomografía por emisión de positrones (PET) y una resonancia magnética con 18 F fluorodesoxiglucosa mostraron “atrofia del hipocampo bilateral e hipometabolismo en el lóbulo temporal bilateral”, tal y como expuso el portal SAGE Journals. El hipocampo, fundamental para la formación de la memoria, se redujo significativamente, un hallazgo confirmado por resonancias magnéticas que señalaron su reducción. Además, las cortezas parietal y temporal, esenciales para el pensamiento crítico, también exhibieron una visible reducción de tamaño.

El análisis del líquido cefalorraquídeo (LCR) del paciente proporcionó más evidencia del daño. Se detectaron niveles elevados de proteínas tau y una proporción anormal de proteínas amiloides, marcadores distintivos de la enfermedad de Alzheimer. Aunque las exploraciones PET especializadas para amiloide no mostraron una acumulación evidente, los expertos señalaron que estas exploraciones pueden tener limitaciones para detectar las etapas iniciales, por lo que las pruebas de LCR son más sensibles en esos casos.
Los síntomas cognitivos del joven reflejaron la gravedad del daño cerebral. Su memoria general era un 82% más baja que la de sus compañeros de edad, y su memoria inmediata un 87% inferior. Recordaba solo 37 palabras en cinco intentos inmediatos, frente a las 56 normales para su grupo etario, y apenas dos palabras tras 30 minutos, cuando lo esperable eran 13. Este profundo déficit le impidió finalizar la escuela secundaria y lo llevó a una clínica de atención de la memoria.
Lo que hace este caso particularmente desconcertante es la ausencia de mutaciones genéticas conocidas asociadas al Alzheimer de inicio temprano, como las de los genes PSEN1, PSEN2 o APP. Casi todos los pacientes diagnosticados menores de 30 años presentan mutaciones genéticas específicas, pero este joven no presentaba dichas mutaciones ni antecedentes familiares de demencia, lo que descarta las vías conocidas de la enfermedad. En el estudio publicado en SAGE Journals, los investigadores de la Capital Medical University indicaron que la “patogénesis de la enfermedad aún queda por explorar”, lo que sugiere la posible existencia de factores genéticos no descubiertos, interacciones ambientales únicas o vías de enfermedad nunca antes documentadas.
Tal como informa el sitio oficial del PAMI, el Alzheimer es una enfermedad crónica y progresiva que causa daños generalizados al cerebro. Además, altera funciones vitales de las neuronas como la comunicación, el metabolismo y la reparación. Inicialmente, afecta el hipocampo y la corteza entorrinal, para luego extenderse a áreas responsables del lenguaje, el razonamiento y el comportamiento social, algo que lleva a una pérdida gradual de la independencia y, finalmente, a la muerte.

Si bien es más común en personas mayores de 65 años, los estudios recientes sugieren un aumento de diagnósticos en menores de 50, con un incremento del 200% entre 2013 y 2017 para adultos de entre 30 y 64 años con seguro comercial, según Blue Cross Blue Shield. Aunque parte de este aumento podría deberse a una mejor detección de lo que antes se atribuía a estrés o agotamiento, factores de estilo de vida como la mala alimentación, el sedentarismo, el alto tiempo frente a pantallas y la obesidad están bajo escrutinio como posibles contribuyentes. Se investiga si estos factores promueven la inflamación, el daño vascular y la disfunción metabólica, lo que aceleraría el envejecimiento cerebral y el deterioro cognitivo mucho antes de la vejez.
Este caso subraya que, aunque el riesgo aumenta con la edad, el deterioro cognitivo no es una característica normal del envejecimiento y puede comenzar 15 a 25 años antes de los primeros olvidos, tal y como se destacó en el sitio del PAMI.
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