
María Nardo, médica y divulgadora: “Los aromas nos dan la posibilidad de volver durante unos segundos a un momento feliz de nuestra historia”
La especialista en olfato explicó por qué los olores tienen una gran implicancia con sectores del cerebro vinculados a las emociones y a la memoria
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Los aromas forman parte de la vida cotidiana desde que nacemos hasta que nos morimos. Algunos pueden generar rechazo inmediato y llevarnos a taparnos la nariz al caminar por la calle. Otros despiertan placer, como el perfume que elegimos para llevar sobre la piel, el aroma de una comida recién preparada o ese olor particular que, sin previo aviso, parece devolvernos a un momento de la infancia.
María Soledad Nardo, médica (MP 114.211) y divulgadora olfativa, combina su formación científica con su conocimiento sobre fragancias para explicar cómo los aromas pueden intervenir en la construcción de recuerdos, emociones e incluso en la identidad de las personas.
En diálogo con LA NACION, explicó por qué determinados aromas tienen el poder de trasladarnos inmediatamente hacia otro momento de nuestra historia y qué ocurre en el cerebro cuando esto sucede. “Hay aromas capaces de hacer algo extraordinario. Basta percibirlos durante un instante para que aparezca un recuerdo que parecía perdido: la casa de los abuelos, el perfume de una madre, la colonia del jardín de infantes o el olor de una torta recién salida del horno”, explicó Nardo.

Según detalló la especialista, “desde el punto de vista de la neurociencia, el olfato tiene una relación privilegiada con las regiones del cerebro encargadas de las emociones y la memoria, una característica que lo diferencia del resto de los sentidos”.
Todo comienza cuando una persona respira y las moléculas aromáticas ingresan por la nariz. “Cuando inhalamos, miles de moléculas aromáticas ingresan por la nariz y estimulan unas células especializadas ubicadas en el epitelio olfatorio. Esa información viaja hasta el bulbo olfatorio, la primera estación de procesamiento de los olores”, precisó.
“Mientras que la información visual o auditiva debe pasar primero por una especie de ‘central de distribución’ del cerebro llamada tálamo, las señales olfatorias llegan de manera mucho más directa al sistema límbico, un conjunto de estructuras profundamente involucradas en las emociones, la conducta y la memoria”, señaló.

Dentro de este proceso existen dos estructuras particularmente importantes: la amígdala y el hipocampo. La primera interviene en la carga emocional que adquieren las experiencias, mientras que el segundo desempeña un papel central en la formación y recuperación de los recuerdos autobiográficos.
“Cuando un aroma acompaña un momento significativo —un cumpleaños, unas vacaciones o un abrazo—, el cerebro almacena ambas experiencias de manera asociada. Años después, volver a percibir ese mismo olor puede reactivar todo ese circuito casi instantáneamente”, sostuvo Nardo.
Por ese motivo, un perfume no remite únicamente a su composición o a una fragancia determinada. También puede recuperar las sensaciones asociadas con el momento en el que fue percibido. “Muchas veces no recordamos solamente un perfume. Recordamos cómo nos sentíamos cuando lo olimos por primera vez”, agregó.

Este fenómeno es conocido como “efecto Proust”, en referencia al escritor francés Marcel Proust, quien retrató en su obra cómo el aroma y el sabor de una magdalena mojada en té podían despertar recuerdos de la infancia. Más de un siglo después, diferentes investigaciones permitieron comprender los mecanismos biológicos relacionados con esa experiencia.
“Diversos estudios muestran que los recuerdos evocados por olores suelen ser más vívidos y emocionalmente intensos que los desencadenados por imágenes o sonidos. No significa que sean necesariamente más precisos, sino que producen una fuerte sensación de ‘volver a estar allí’”, explicó la especialista.
¿Cómo puede ayudar la aromaterapia a las personas con enfermedades neurodegenerativas?
El vínculo entre el olfato y el cerebro adquirió relevancia en diferentes áreas de la investigación médica en los últimos años. Esto se debe a los cambios olfativos que pueden presentarse en algunas enfermedades neurodegenerativas.
“La pérdida del olfato puede ser uno de los primeros signos de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o el Alzheimer, incluso varios años antes de que aparezcan otros síntomas. Por eso hoy el estudio del olfato ocupa un lugar cada vez más importante dentro de la investigación neurológica”, indicó la divulgadora.

En relación con la aromaterapia, Nardo remarcó que por el momento es una práctica muy nueva y sin tanto aval científico: “La evidencia científica disponible sugiere beneficios modestos para promover la relajación y el bienestar subjetivo, pero todavía no existen pruebas suficientes para considerarla un tratamiento específico para enfermedades neurológicas”.
Sin embargo, la relación entre aromas, memoria y emociones también puede ayudar a comprender por qué una persona se siente atraída por determinadas fragancias sin encontrar una explicación concreta. La elección de un perfume puede estar atravesada por experiencias previas, personas significativas o situaciones que quedaron asociadas a determinadas notas olfativas.
“Quizás por eso elegimos ciertos perfumes sin poder explicar exactamente por qué nos gustan. Muchas veces no estamos buscando únicamente una combinación agradable de notas aromáticas. Estamos buscando una emoción, una sensación de refugio o, simplemente, la posibilidad de volver durante unos segundos a un momento feliz de nuestra historia”, concluyó.




