
Misterios de la psicología
Un chiste algo vetusto pinta a la Argentina como el país de los psicólogos, por la cantidad de estudiosos de la salud mental que egresan de sus universidades, y a Buenos Aires como un paraíso del psicoanálisis, por la cantidad de porteños que se sienten inclinados a desentrañar sus laberintos mentales sobre el diván o al menos... frente a una mesa de café.
Pero a pesar de la difusión que alcanza localmente la ciencia de Freud y colegas , uno tiende a pensar que la psicología de quienes integran los círculos de poder las más de las veces puede llegar a ser un verdadero misterio.
¿Cómo se explica, si no, la impermeable desesperación por acceder y, luego, aferrarse a cualquier segmento del poder público cuando la falta de capacidad para encontrar soluciones llega a niveles exasperantes? ¿Y la tozudez para defender privilegios injustificables mientras millones de personas se debaten en la mayor de las miserias, material y moral? ¿Qué emociones viajarán por sus circuitos cerebrales cuando cada mañana se miran al espejo?
Hasta para el especialista más avezado, tal inmunidad a los cachetazos de la realidad debe expresar una configuración mental notable... Porque está claro que, mientras muchos se conceden el lujo de seguir postergando plazos de decisión, el tiempo de los que sufren se acorta inexorablemente.
Un ejemplo: la desnutrición y la subnutrición que hoy padecen muchos miles de personas no perdonan. Una ingesta inferior a lo normal tiene secuelas en el desarrollo físico y mental de los chicos, y en la salud y productividad de los adultos.
Según el informe El Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación , publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), un cuerpo mal nutrido reduce sus niveles de actividad y, en los chicos, su crecimiento. Además, "aumenta la vulnerabilidad a las enfermedades, provoca apatía y limita la capacidad de concentración".
Por eso, aunque la buena alimentación es un derecho básico de las personas, cada vez se la ve menos como un gasto y más como una inversión.
Un estudio de J. Strauss calcula que un aumento del 50% en las calorías aumenta la producción agrícola en un 16,5%, en promedio. Otro, realizado en Etiopía, sugiere que un aumento del 10 % en el índice de masa corporal aumenta la producción y los salarios en aproximadamente el 23 y el 27 por ciento, respectivamente. También sostiene que la estatura, un indicador de la nutrición de la persona en el pasado, es un factor que se relaciona con el salario: una persona que mide 7,1 cm más que el promedio gana aproximadamente un 15 % más.
"Las inversiones en una mejor nutrición deberían contituir la primera prioridad para los países en desarrollo -afirma la FAO-. Hay una relación clara entre el PBI per cápita y el suministro de energía alimentaria."
Está claro que no ganamos nada si perdemos el capital más valioso que tenemos, el humano. Esperemos que esté cercano el día en que el espejo devuelva ésta y otras verdades a quienes tienen nuestro destino en sus manos...
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