
"Muchas embarazadas viven su angustia y sus miedos en silencio"
Afirma el obstetra Mario Sebastiani, coautor de un libro que aborda el problema
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"¿Quién dijo que el embarazo es una dulce espera? Esta frase es expresada con vehemencia y cierto humor por muchas mujeres en estado avanzado de su gestación, cuando ingresan en el control prenatal. En realidad, lo que estas palabras revelan es que se hace hincapié en un solo aspecto de la espera: el dulce, el gozoso", señalan Mario Sebastiani y Mercedes Raffo Magnasco de Testa en su libro "Claroscuros del embarazo, el parto y el puerperio" (Ed. Paidós).
Es que durante nueve meses, la alegría que motiva la llegada de un hijo se entremezcla con la ansiedad, las tensiones y los miedos propios de la espera, así como con cambios corporales que generan situaciones poco confortables. Pero como la espera debe ser "dulce", es común que las mujeres callen sus angustias, molestias y temores. Y así, muchos casos de depresión o trastornos de la ansiedad quedan huérfanos de asistencia psicoterapéutica.
"Algunas mujeres experimentan síntomas muy marcados de ansiedad, de trastornos obsesivos-compulsivos o de psicosis -afirman los autores del citado libro, de reciente aparición-. Estas mujeres no suelen consultar con su obstetra, probablemente porque sienten vergüenza o pudor de manifestarlas frente a él, así como frente a su marido o a sus familiares."
Según Sebastiani y Magnasco de Testa, "la sociedad les impone a las mujeres, cual mandato bíblico, la obligatoriedad de sentirse «inmensamente felices» durante el transcurso de un embarazo y no está bien visto que se hagan cuestionamientos del tipo: «¿lo que me pasa es normal o anormal?»".
Una situación ambivalente
"La gestación puede ser descripta como una situación probablemente gozosa, pero seguramente ambivalente", comentó a LA NACION el doctor Mario Sebastiani, docente de la cátedra de Obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Una mujer puede estar contenta por la llegada de un hijo, y a la vez tener miedo de que algo salga mal o sentirse incómoda ante los cambios corporales que experimenta.
El embarazo es un período durante el cual el cuerpo de la mujer cambia, y mucho. Como ejemplifica el especialista, "si su cuerpo contenía cuatro litros de sangre, al séptimo mes de la gestación tendrá seis; si su corazón latía 100.000 veces por día, ahora late 150.000; si respiraba 10 veces por minuto, ahora respira 15 veces".
Y ni que hablar de los kilos extra. Ni de las hormonas femeninas, cuyo aumento durante la gestación es enorme.
"Todos estos cambios biológicos tienen un correlato emocional -dice Sebastiani-. Y el hecho de que la mujer no tenga la libertad de expresar que se siente mal cuando se siente mal, o de que tiene miedos, fantasías o ansiedad en relación con el embarazo hace que tienda a vivir todo esto en silencio."
Un espacio de gran utilidad para que la mujer embarazada pueda romper el silencio son los cursos de preparto (también llamados de psicoprofilaxis). Pero siempre y cuando en ellos haya interés por la problemática emocional de sus participantes.
"Es muy común que en los cursos de preparto sólo se prepare a la mujer para el momento del parto, se le enseñe a respirar o a pujar, y no se le ofrezca un espacio de reflexión en el que compartir con su pareja lo que le está pasando", dice Sebastiani.
En ese sentido, agrega el especialista, sería interesante que los cursos de psicoprofilaxis para embarazadas comenzaran no en el séptimo mes, como es habitual, sino en forma más precoz, cuando la mujer se entera que va a tener familia: "Por eso, hoy hay algunas instituciones médicas que ofrecen reuniones de inicio del embarazo", concluye Sebastiani.






