
Mueren por un cáncer evitable casi 10.000 argentinas al año
En siete provincias se registra hasta el doble de casos del promedio nacional
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En el mismo país donde relucen la más avanzada tecnología y conocimientos médicos, mueren por año casi 10.000 mujeres jóvenes o de mediana edad por un cáncer que tiene grabado el sello de la pobreza y que, como una cruel paradoja, es totalmente curable: si se realizan revisiones periódicas, es posible detectar y tratar lesiones precancerígenas.
Pero esto no sucede en Corrientes, Chaco, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones y Salta, donde la tasa de mortalidad por este tumor es más del doble que la media del país (10,7 contra 23,4 en Formosa). En nuestro país el cáncer de cuello uterino mata anualmente a casi 10.000 mujeres y deja huérfanos a muchos chicos.
Considerado un problema de salud pública, fue temática central de un simposio al que convocó la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC), con sede en Ginebra, durante el XVI Congreso Argentino de Oncología Clínica, realizado recientemente en Córdoba.
"Es una enfermedad con áreas definidas, de alta incidencia: centro y sur de Africa, norte argentino, sur de Bolivia y Paraguay. Pero, por las migraciones, ahora hay muchos casos en Nueva York, Los Angeles, Miami. Es un problema de salud pública que pensábamos solucionar a través del Papanicolaou (PAP), pero sin embargo no generó el impacto de curación esperado", dijo el doctor Miguel Angel Escudero, vicepresidente de la Asociación Argentina de Oncología Clínica (AAOC).
Escudero, jefe de oncología clínica del hospital San Bernardo, de Salta -su ciudad natal-, dirige el curso de educación a distancia de la AAOC (informes gratuitos: www.aaoc.com.ar )
El médico dijo que si bien el PAP tiene buen valor diagnóstico, la falta de accesibilidad, por distancia o factores culturales, conspiró contra su realización. "En ciertas zonas del país hay etnias en las que el varón no quiere que nadie, ni un médico, toque a su mujer", dijo Escudero.
Pese a las gravedad del problema, agregó Escudero, "los estamentos gubernamentales se interesaron, pero en forma espasmódica: les importa mucho, pero un rato. Y para que esta situación cambie, los planes deben ser de larga duración".
La Federación Latinoamericana de Sociedades de Cancerología, la AAOC y la Sociedad de Oncología cordobesa llamaron la atención de la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC). Y tuvieron respuesta.
Los visitantes
Phillip Castle, del Instituto Nacional del Cáncer de los EE.UU., representó a la delegación enviada por la UICC para difundir las investigaciones sobre una vacuna preventiva del virus del papiloma humano (HPV), que en el 90 o el 92% de los casos produce -luego de una larga evolución- el cáncer de cuello uterino. El HPV posee numerosas cepas; varias han sido identificadas y en los laboratorios del Instituto Nacional del Cáncer se desarrolla una vacuna que protegería a todos (varones y mujeres) de este virus de transmisión sexual.
¿En cuánto tiempo estará lista? Algunos aseguran que en tres a cinco años. "Pero para hablar responsablemente -dijo Escudero-, no en menos de 10 años. Porque, además de eficaz, debe ser accesible. ¿De qué vale una vacuna buena pero cara?"
Otro aporte ofrecido por la UICC por medio de la experta Marta Oliva, del Jackson Memorial Hospital, de la Universidad de Miami, es la provisión de un software que homologará los registros del cáncer de cuello en el nivel mundial, con diagnósticos precisos. "Hablar el mismo idioma y que también se involucren los gobiernos -dijo Escudero-. La idea es estudiar las historias clínicas y el seguimiento en cada país. Tendremos datos de incidencia, es decir, nuevos casos cada año, algo de lo que no disponemos ahora", dijo el oncólogo.
El aporte del doctor Carlos Santos, de Perú, es un nuevo método que facilitaría el acceso de más mujeres a la revisión en lugar del PAP.
Se trata de la observación directa del cuello uterino, que puede identificar con una especificidad de más del 90% casos sospechosos de cáncer.
"El método puede aplicarlo un médico, pero también una enfermera, una partera o una maestra. La idea es que sea de mujer a mujer, por razones culturales. El otro punto a favor es que cuando hay sospecha de cáncer el mismo operador puede, con criocirugía, que es relativamente económica, quitar la lesión. Es un método de diagnóstico y tratamiento, y podría aplicarse en el país", agregó Escudero.
Los aportes locales
En el simposio participó también el cirujano oncólogo Claudio Maañón, director del Nuevo Hospital del Milagro, en Salta, quien luego de una cuidadosa revisión propuso disminuir la morbilidad de la cirugía y, en algunos casos, no operar, sino aplicar en forma simultánea radio y quimioterapia, con iguales resultados.
La doctora Thais Morella Rebolledo, presidenta de la Asociación de Radioterapia de Venezuela, especificó los secretos de una radioterapia más eficaz: cuidar que la paciente no se vuelva anémica, no extender el tratamiento más de 8 semanas y usar aparatos que permitan una mayor protección de las áreas no tumorales.
En cuanto a la quimioterapia del cáncer de cuello uterino, la doctora Ana María Alvarez, del Instituto Angel Roffo, definió el tratamiento estándar de calidad internacional con el nombre de una droga: "De ningún esquema quimioterapéutico contra este tumor debe faltar el cisplatino."
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