Nació por óvulos madurados in vitro
Catalina de los Milagros es la primera beba concebida gracias a esta técnica aún experimental en el país
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El lunes por la noche, en Zárate, Soledad Aguado rompió bolsa. Acababa de regresar de un control de su embarazo en la porteña Clínica y Maternidad Suizo-Argentina. Ahora había que volver. "No vamos a llegar", pensaba Soledad mientras su marido, Javier Martínez, conducía bajo la tormenta los casi 100 kilómetros que separan su casa de la maternidad. Pero llegaron.
A la 1.50 del martes nació Catalina de los Milagros. "Catalina es un nombre que siempre nos gustó -cuenta Soledad-; Milagros, porque fue un verdadero milagro." Para ella el milagro no fue haber llegado a la maternidad en esa noche tan poco propicia para urgencias: tras varios tratamientos de fertilización asistida infructuosos, Soledad y Javier habían cumplido su sueño de ser padres gracias a la maduración in vitro de óvulos.
Esta técnica de fertilización asistida es extremadamente reciente: tan sólo 50 bebes han nacido en todo el mundo gracias a ella. "Es una técnica muy minuciosa, artesanal, pero que tiene la gran ventaja de que reduce significativamente la medicación" que reciben quienes se someten a tratamientos convencionales de estimulación ovárica, explica el doctor Edgardo Young, director del Instituto de Fertilidad (IFER), donde se realizó el procedimiento.
Esto es posible en tanto la maduración in vitro consiste en, justamente, madurar los óvulos inmaduros fuera del organismo de la mujer. Además, agrega el doctor Ramiro Quintana, subdirector médico del IFER, "esta técnica evita el riesgo de hiperestimulación ovárica, una respuesta exagerada de los ovarios a la estimulación hormonal que puede poner en peligro la salud de la mujer".
Se estima que la maduración in vitro podría ser de utilidad para el 40% de las mujeres con problemas de fertilidad. La técnica -aún experimental- podría permitir la maternidad en mujeres que no responden a los tratamientos habituales de estimulación ovárica y en aquellas que poseen una gran cantidad de óvulos muy pequeños.
Una nueva oportunidad
"Soledad tenía poliquistosis ovárica, una afección que se caracteriza por un gran número de óvulos, pero que muchas veces impide que la mujer ovule -explica el doctor Quintana-. El problema es que en estos casos la fertilización in vitro puede ser peligrosa, ya que puede dar lugar a una hiperestimulación ovárica."
En los meses previos a someterse a la maduración in vitro, Soledad recibió distintos tratamientos para inducir la ovulación. Pero todos fracasaron. Ante el riesgo de continuar el tratamiento con dosis más grandes de medicamentos que pudieran producir una hiperestimulación, los médicos del IFER plantearon la posibilidad de poner en práctica la nueva técnica.
"Acepté enseguida -cuenta Soledad-. No me quería perder ninguna oportunidad."
Tras recibir pequeñas dosis de hormonas que ayudan a madurar los folículos y los óvulos, "realizamos la aspiración del líquido folicular (que contiene los óvulos inmaduros) por vía vaginal. Luego, ya en el laboratorio, aislamos los óvulos y los pusimos en un medio enriquecido que favoreció su maduración", relata el doctor Ignacio de Zúñiga, especialista en reproducción humana del IFER, que participó del procedimiento.
A las 24 horas, una vez que maduraron, los óvulos fueron inseminados en forma artificial, para luego transferirlos al útero materno. Entonces, comenzó la dulce espera: los nueve meses que en algún momento Soledad y Javier pensaron que jamás vivirían.
Catalina de los Milagros nació por cesárea. Pesó 3,193 kilos y, según sus padres, la pequeña "tiene su carácter".
Un trabajo artesanal
"A diferencia de otras técnicas de fertilización asistida que se encuentran estandarizadas, ésta es como una receta de cocina, que requiere un trabajo muy artesanal en el laboratorio", afirma el doctor Ramiro Quintana, del Instituto de Fertilidad (IFER), entidad afiliada a la Universidad de Buenos Aires (UBA).
"Aunque nuestra experiencia no es necesariamente difícil de repetir [en otros centros], lleva tiempo y plantea un trabajo de laboratorio diferente" del que requieren las técnicas de fertilización asistida convencionales. No por nada sólo tres países -Dinamarca, Estados Unidos y Canadá- han podido ponerla en práctica.



