
Un medicamento contra el sida sería eficaz para tratar el cáncer
Es el AZT, que redujo células tumorales residuales en ratones tras quimioterapia
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Los investigadores del Laboratorio de Oncología Molecular de la Universidad Nacional de Quilmes aplican el conocimiento actual sobre la biología del cáncer a la búsqueda de un nuevo uso terapéutico para un viejo conocido: el AZT, o azidotimidina , el primer fármaco empleado contra el sida.
"Hemos demostrado que el AZT es capaz de inducir el envejecimiento de las células tumorales, células que se caracterizan por su inmortalidad -cuenta a La Nación el doctor Daniel Alonso, codirector del mencionado laboratorio-. Y una vez que detectamos envejecimiento en estas células, al poco tiempo empiezan a morir."
"Pensamos que el AZT podría ser utilizado como terapia complementaria (adyuvante) para tumores sólidos, como el de mama, pulmón o colon, una vez que se extirpó quirúrgicamente el tumor y que se aplicó quimio o radioterapia -agrega el doctor Daniel Gómez, director del laboratorio y vicerrector de posgrado de la Universidad Nacional de Quilmes-. El fin es consolidar los efectos de la terapia convencional eliminando las células tumorales residuales."
En un trabajo publicado en enero en la revista Breast Cancer Research Treatment , los doctores Alonso, Gómez y Agueda Tejera demostraron que en ratones a los que les habían inoculado pequeñas cantidades de células tumorales para imitar los residuos que pueden sobrevivir a un tratamiento oncológico convencional, el AZT disminuyó la progresión del tumor e hizo que muchas células tumorales murieran ( apoptosis ).
"Calculamos que luego de dos años más de experimentación estaremos listos para comenzar los ensayos clínicos", estima Alonso.
Drogas menos tóxicas
"Actualmente, el tratamiento de los tumores sólidos consiste en detectarlos y extraerlos quirúrgicamente lo más temprano posible, y luego aplicar quimio o radioterapia -explica el doctor Gómez-. Ahí termina el tratamiento, y se abre un tiempo de espera que en aproximadamente la mitad de los casos lleva a una remisión completa de la enfermedad, pero que a veces culmina en su reaparición.
"Nuestro objetivo es hallar drogas menos tóxicas que nos permitan eliminar células tumorales sin afectar las células sanas, permitiendo un tratamiento sostenido y prolongado, complementario a la terapia convencional -continúa-. Esto daría lugar a tratar el cáncer como una enfermedad crónica, tal como la diabetes o la hipertensión."
En la búsqueda de drogas que cumplan con estos requisitos, la biología molecular posó su mirada en fármacos que integran los tratamientos de otras afecciones y que han demostrado que pueden ser utilizados en forma prolongada sin mayores efectos adversos. ¿Cómo es que el AZT entró en la lista?
"El AZT fue una de las primeras drogas de síntesis probadas en cáncer; ya en la década del cincuenta se la evaluó como tóxico celular y se llegó a la conclusión de que no servía", recuerda el doctor Gómez. Pasaron las décadas y a mediados de los años 80 se le halló una tarea para la que sí parecía ser apropiada: inhibir la transcriptasa reversa, una de las enzimas de las que se vale el HIV para replicarse.
Recomponer el reloj
Fue recién en la primera mitad de los 90 que se produjeron dos hallazgos que replantearon la utilidad del AZT frente al cáncer, aunque en un contexto terapéutico diferente. "El primero fue el descubrimiento de que todas las células tienen un reloj biológico, el telómero, que al acortarse indica la muerte -dice el doctor Gómez-; el segundo, que en las células tumorales hay una enzima llamada telomerasa que alarga el telómero, recomponiendo el reloj biológico e impidiendo su muerte".
Esto fue luego confirmado cuando Nam Kim y sus colegas de la Universidad de Texas, Estados Unidos, estudiaron 100 tejidos tumorales y hallaron que en 97 estaba presente la telomerasa; al realizar el mismo análisis en tejidos sanos, vieron que en ninguno había telomerasa.
La autoría del segundo hallazgo se debe a Elizabeth Blackburn, de la Universidad de California, Estados Unidos, que realizó un estudio computacional de la telomerasa y descubrió que esta enzima tiene una estructura muy parecida a la transcriptasa reversa del HIV. "¿Por qué no usar entonces al AZT para inhibir la telomerasa de las células tumorales?, se preguntó Gómez, que por aquel entonces trabajaba en el Instituto Nacional del Cáncer, de los Estados Unidos.
Finalmente, el Laboratorio de Oncología Molecular de la Universidad Nacional de Quilmes fue el primero en confirmar la hipótesis que postula que el AZT es capaz de revertir la inmortalidad de las células tumorales (ver infografía). Pero lo que insisten en aclarar Gómez y Alonso es que "esto no es mágico; el AZT es sólo un complemento de las terapias habituales".
"Los tratamientos convencionales disponibles son los mejores que tiene hoy la medicina para ofrecer -apuntan-. Con este tipo de terapias biológicas (aún en experimentación) esperamos que se pueda trabajar sobre los residuos de células tumorales y consolidar la respuesta antitumoral."






