
Un secreto muy bien guardado por los hombres
Nuevas curas para la disfunción eréctil
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RIO DE JANEIRO.- Bajo el pesado traje del macho latino (con sus variantes de macho argentino, macho brasileño, y siguen las firmas) muchos parecen convencidos de que las fallas masculinas a la hora del sexo deberían haber sido incluidas por Nostradamus entre las posibles razones del fin del mundo. A pesar de que existen tratamientos eficaces, sólo el 10% de los varones que sufren de disfunción sexual eréctil consulta por este problema, según las conclusiones del Panel Latinoamericano de Actualización en Sexualidad Masculina y Disfunción Eréctil, realizado ayer en esta ciudad, al que fueron invitados más de 50 medios periodísticos de América latina y en el que se presentaron los resultados del uso de la apomorfina sublingual, la primera droga para el tratamiento de la disfunción eréctil que actúa en el nivel cerebral, disponible desde el año último en Europa y varios países de América latina, incluida la Argentina.
"Se calcula que entre el momento en que un hombre comienza a sufrir de disfunción eréctil y la primera consulta médica transcurren, en promedio, cuatro años", afirmó el doctor Sidney Glina, presidente de la Sociedad Internacional para el Estudio de la Impotencia Sexual.
Es que, según el doctor Jairo Bouer, psiquiatra que trabajó en el Proyecto de Sexualidad del Hospital de las Clínicas en San Pablo (Prosex), "existe el preconcepto de que el varón no puede fallar, y mucho menos el latino. Si él falla, le parece que llega el fin del mundo. Pero no se puede pensar el tema de ese modo, y menos cuando existen soluciones".
El varón vergonzoso
En Brasil, ni la más maravillosa de las ciudades alberga mayoría de hombres dispuestos a consultar, a pesar de que ni el calor (35 grados ayer) ni la incomodidad del repelente para prevenirse del dengue parecen alterar el tradicional espíritu desinhibido de los cariocas. Aquí cerca, por ejemplo, en la sensual ciudad de Bahía, el 90% de los varones asegura que si tuviera un problema sexual consultaría con un profesional, pero en la práctica sólo el 12% cumple esta premisa.
Sin embargo, el pudor no es sólo brasileño: "Los estudios internacionales indican que al 70% de los afectados le da vergüenza hablar de su problemática, el 25% piensa que lo que le ocurre es normal y el 5% considera que no es un problema ", afirmó Glina.
Los datos, vale decirlo, constituyen un buen indicador de que gran parte de los 114 millones de actos sexuales que ocurren a diario en todo el mundo no siempre llega a buen término. Para los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de los Estados Unidos la disfunción eréctil -dificultad reiterada para lograr o mantener una erección que permita llevar adelante una relación sexual- es un problema de salud pública. Hoy afecta a más de 150 millones de varones en todo el mundo y se estima que, en algo más de 20 años, la cifra superará los 300 millones.
Dos estudios realizados durante la última década indican que la prevalencia de la disfunción eréctil ocurre en más del 50% de los hombres: el Massachussetts Male Aging Study, que estudió 1290 pacientes de entre 40 y 70 años, concluyó que el 52% de ellos manifestaba algún grado de disfunción eréctil; el estudio Densa, sobre 1946 varones de América latina, indicó, en 1999, que el 53% experimentaba signos de esta disfunción.
Si bien en esta parte del continente se espera que el incremento de esta condición llegue al 150% en 2025, el problema no está circunscripto a la región. "En ningún lugar la prevalencia es menor del 30%", aseguró Glina, que es coordinador del Departamento de Reproducción Humana del Hospital Israelita Albert Einstein de San Pablo.
Un diálogo que falta
Un trabajo publicado en 2001 por la revista Human Reproduction indica que el 72% de los hombres nunca ha hablado con su médico acerca de su vida sexual. A pesar de que, como se sabe, el tema les importa desde tiempo inmemorial: William Shakespeare supo referirse al órgano sexual masculino -la flecha del amor- en "Romeo y Julieta", y el genial Leonardo da Vinci asoció por primera vez el mecanismo de la erección a la presión de la sangre al interior del pene.
Pero desde el siglo XV hasta hoy se ha avanzado mucho en los tratamientos, aunque no lo suficiente en el diálogo médico-paciente. El subdiagnóstico de la disfunción eréctil no sólo se debe a la falta de consulta por parte de los afectados: "Los médicos no preguntan lo suficiente. Ellos también tienen pudor, o no están informados sobre el tema, o no tienen tiempo. Las universidades tendrían que incluir más materias relacionadas", dijo Glina.
¿Y por casa cómo andamos? "Sucede lo mismo: las consultas son pocas en relación con la problemática. Se esperaba un aluvión de pacientes, sobre todo desde la aparición de las nuevas drogas para el tratamiento de esta condición, pero esto no ocurrió -explicó a LA NACION el doctor Edgardo Becher, médico del Servicio de Urología del Hospital de Clínicas José de San Martín, jefe de Urología de Fleni y director del Centro de Diagnóstico Urológico de Buenos Aires-. En la Argentina hay tabúes muy enquistados, las personas no saben si pueden hablar del tema con su médico y son muchos los profesionales que no les preguntan sobre el tema. Por otra parte, el sistema de salud no cubre las drogas, que cuestan entre 7 y 8 pesos (cada comprimido; se emplea uno por relación sexual)."
Para Becher, que estuvo aquí para disertar en una conferencia sobre el tema de la que participaron unos 700 médicos, "como no es un asunto de vida o muerte a veces se le resta importancia. Sin embargo, puede afectar seriamente la calidad de vida".
Es sabido que la sexualidad "mejora la autoestima, otorga un sentido subjetivo de bienestar y las personas con una vida sexual activa presentan pocos síntomas de ansiedad y depresión", dijo el doctor Bouer.
Compleja y multifactorial, la disfunción eréctil puede tener causas psicológicas (esto ocurre generalmente en los pacientes más jóvenes), pero hace pocos años se han identificado factores de riesgo de otro tipo:
"El 50% de los diabéticos presenta disfunción eréctil; el 40% de los pacientes que buscan tratamiento sufre problemas en sus arterias, y al 71% se le identifica un alto riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular", advirtió el doctor Fernando Ugarte, presidente de la Sociedad Latinoamericana de Impotencia Sexual y Coordinador del Servicio de Urología del Hospital Angles del Pedregal, en México.
La edad, la obesidad, la depresión y el tabaquismo son otros de los factores que se suman a la enfermedad cardiovascular y la diabetes como predisponentes de la disfunción eréctil de causas orgánicas.
Por eso, si algo anda mal en el dormitorio "hay que poner en palabras el problema, despojándolo de toda tragedia", dijeron los médicos. Sobre todo, porque aunque para muchos todavía lo sea, ya no se trata de una tragedia inevitable.
Tabúes y silencios
"Las consultas son pocas. Desde la aparición de las nuevas drogas se esperaba un aluvión de pacientes para el tratamiento de este trastorno. Pero esto no ocurrió. Hay tabúes y muchos médicos que no preguntan por el tema."
Doctor Edgardo Becher
Cerebro, el órgano sexual más importante
RIO DE JANEIRO (De una enviada especial).- "El cerebro es el órgano sexual más importante. La cabeza gobierna", aseguró el doctor Jairo Bouer. La afirmación dio lugar a dos vertientes de preguntas. La primera: cómo intervienen los neurotransmisores en el proceso de erección (y de qué modo actúan los nuevos medicamentos contra la disfunción eréctil sobre estas sustancias).
La segunda: ¿siempre hay factores psicológicos involucrados?
Los especialistas explicaron que una erección es el resultado de una compleja interacción entre el sistema nervioso, el sistema circulatorio, el equilibrio hormonal y factores psicológicos.
La erección (ver infografía) se inicia debido a estímulos sensoriales, proporcionados por la vista, el oído, el tacto y el olfato. Estos estímulos actúan sobre los centros cerebrales en los que se libera dopamina (un neurotransmisor) y ocasionan el envío de impulsos desde el cerebro y la médula espinal, los cuales llevan a un relajamiento de los músculos lisos del cuerpo cavernoso peneano, permitiendo el flujo sanguíneo.
La sangre crea presión y provoca la erección.






