
Un trasplante capaz de curar
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(Télam).– Fabián Ricchetti, diabético insulinodependiente desde los 12 años, que desde el 2008 figuraba en la lista de espera del Centro Unico Coordinador de Ablación e Implante de la Provincia de Buenos Aires (Cucaiba) para recibir un trasplante simultáneo de riñón y páncreas, fue operado, finalmente, el pasado 11 de mayo.
La intervención se realizó en Pilar, provincia de Buenos Aires, donde un equipo de especialistas del Hospital Universitario Austral –el primer centro provincial habilitado para realizar este tipo de operaciones– lo "liberó" de la diabetes, hecho que constituyó el primer caso en territorio bonaerense de trasplante renopancreático.
"La cirugía para implantar un páncreas y un riñón sanos, provenientes de un donante cadavérico, en un paciente con diabetes insulinodependiente, es el único tratamiento que permite una potencial cura de la enfermedad y sus complicaciones", explicó el doctor Mario Acosta Pimentel, codirector, junto al doctor Martín Fauda, de la Unidad de Trasplante Renopancreático del Hospital Universitario Austral.
Ese especialista indicó que la cirugía que se le realizó a Fabián combina páncreas y riñón, porque la mayoría de los pacientes llegan al trasplante con insuficiencia renal crónica y terminal. La ventaja es que, tras la operación, la persona se independiza de la diálisis.
Calidad de vida
"El nuevo páncreas produce insulina de manera normal, con lo cual frena los efectos de la diabetes y protege el riñón trasplantado. El control de la diabetes mejorará la calidad de vida del paciente, ya que no requerirá chequeos tan constantes de su glucemia ni las inyecciones de insulina, y en el largo plazo evitamos el desarrollo de nuevas complicaciones relacionadas con la diabetes y detenemos la progresión de las ya existentes", añadió el doctor Pimentel.
Hoy, a semanas de la operación, Fabián, de 32 años, oriundo de Santa Fe pero que actualmente vive en Mar del Palta, presenta niveles de glucosa en sangre normales, y tanto el páncreas como el riñón funcionan bien, sin ningún signo de rechazo.
"Las claves, después del trasplante, son estas: no aumentar de peso, no contraer infecciones, evitar la trombosis vascular y consumir la medicación de inmunosupresión", aclararon los médicos que realizaron la intervención.
Dentro del año del trasplante, ningún paciente suele requerir insulina. A los 3 años, entre el 20 y el 30% pueden llegar a necesitarla, pero, a grandes rasgos, en el 60% de los trasplantados el páncreas funciona perfectamente bien.
"No es que el paciente se hubiera muerto si no se trasplantaba, pero a partir de ahora puede llevar una vida normal, sin insulina ni diálisis, y disminuimos el riesgo de enfermedad cardiovascular", concluyó Fauda.






