
Una empresa apuesta a la ciencia local
Hoy firman un convenio con tres laboratorios de la UBA y uno de la Universidad de La Plata
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“Cuando tenemos un problema tecnológico por resolver, los investigadores de la Universidad de Buenos Aires, de la Comisión Nacional de Energía Atómica, en suma, del sistema nacional de ciencia y tecnología son importantísimos para nosotros. Nuestra experiencia es que pudieron resolver cuestiones que ni en Canadá, ni en Estados Unidos, ni en el Reino Unido habían podido solucionar.”
Para algunos, la reflexión precedente puede resultar hiperbólica. Pero si se tiene en cuenta que quien la expresa es nada menos que Eduardo Dvorkin, doctor en ingeniería del MIT y director del instituto de investigaciones de una de las empresas más importantes del mundo, el inusual acuerdo que esta mañana, a las 9.30, se firma en el Círculo Italiano parece casi lógico.
El convenio en cuestión establece que la Fundación Rocca (por la empresa Techint) se compromete a entregar 50.000 pesos por año a tres laboratorios de la UBA y uno de la Universidad de La Plata sin más compromiso que aceptar en cada uno de ellos cinco alumnos para que realicen allí el último trabajo de su carrera. En otras palabras, para que se formen en la disciplina de la ciencia.
Científicos en ciernes
Destinar 400.000 pesos en dos años a la formación de científicos y tecnólogos es ciertamente un hecho desacostumbrado en el país. Pero Dvorkin lo explica así: “La idea surgió porque vemos que aquí existe una tendencia cada vez mayor de los ingenieros a trabajar en áreas de gestión y no en tecnología dura . Esto es preocupante, porque necesitamos cuadros tecnológicos. Por otro lado, la capacidad de los científicos argentinos que trabajan en ciencia básica para enfrentar problemas tecnológicos es sorprendente y el nivel de excelencia es altísimo”.
Los que participan de esta primera experiencia investigan temas que pueden resultar de interés capital para una empresa de alta tecnología: desde la electroquímica molecular, que investiga superficies modificadas químicamente en las cuales se intercambian cargas eléctricas (en el universo lilliputiense de las moléculas, donde las distancias se miden en millonésimas de milímetro), hasta técnicas de microscopía y medición con láser, o las interacciones que surgen entre un líquido y un sólido cuando se ponen en contacto, un fenómeno que se conoce como mojabilidad y pasa a primer plano cuando de lo que se trata es de aceitar bobinas de chapa o mantener en ellas un espesor de pintura lo más parejo posible.
Por otro lado, los laboratorios de los doctores Ernesto Calvo, Marta Rosen, Roberto Mercader y Oscar Martínez, probaron ya más de una vez su interés desde el punto de vista pragmático.
Hay un futuro
Pruebas a la vista. El tema de investigación del doctor Martínez, por ejemplo, es la electrónica cuántica, difícil de asociar con la vida diaria. Sin embargo, encontró una solución brillante a un problema industrial de los más difíciles de resolver: cómo medir el residuo carbonoso que queda sobre las chapas cuando se las lamina en frío. “El sistema es tan innovador que estamos gestando una patente y ya hay una firma canadiense interesada en producir industrialmente este equipo y venderlo a otras plantas”, cuenta Dvorkin.
Pablo Castro, uno de los doctorandos del doctor Calvo, adquirió en su laboratorio una importante experiencia en óxidos de hierro y como parte de su entrenamiento se perfeccionó durante seis meses en el Instituto Max Planck, de Alemania. Ingresó en Techint ya antes de doctorarse. “Así, a través de esta transferencia, la empresa se benefició de los convenios que tenemos con universidades del exterior. La globalización también puede resultar positiva para gente que hace negocios con el conocimiento”, asegura Calvo.
“¿Por qué Techint? –se pregunta Dvorkin–. Porque es una de las pocas grandes empresas que tienen su centro de decisión en el país. A mí me parece que eso es definitorio.”
Y más adelante agrega: “En los países desarrollados, este tipo de transferencia entre ciencia y tecnología es lo usual. Lo destacable, en este caso, es que estos investigadores actúan como si en lugar de cobrar salarios absurdos estuvieran trabajando en un gran centro internacional”.
Pablo Jacovkis, rector de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, es optimista: “Incluso en estos momentos de crisis –dice–, es una demostración de que las cosas pueden hacerse de otra manera. Si creemos que en algún momento podemos convertirnos en un país más desarrollado y más próspero, necesitamos emprendimientos como éste. Esto es un mensaje a los chicos de que todavía hay un futuro”.
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