
Virus de la mente
Es indudable que la cultura es el cáliz sagrado de la humanidad y que tradicionalmente se la opone a la naturaleza como si ambas fueran dos universos irreconciliables. Sin embargo, la memética , una provocativa teoría surgida en el último cuarto de siglo, se encarga de demostrar que -contrariamente a lo que se piensa- pueden encontrarse analogías llamativas en la evolución genética y cultural. Es más, después de rastrearlas, descubre inquietantes similitudes entre las formas de propagación de las ideas y... ¡la de los virus!
Para quienes defienden este punto de vista, tal como los virus se reproducen introduciéndose en la maquinaria genética de una célula y obligándola a producir miles de copias de sí mismos, la cultura evoluciona a horcajadas de ciertas ideas que parasitan nuestras mentes, alteran nuestra conducta y nos obligan a transmitirlas a nuestros congéneres.
El científico británico Richard Dawkins acuñó el término meme para designar estos patrones de información que nos inducen a repetirlos y propagarlos, y que literalmente inundan nuestro mundo posmoderno: slogans, melodías, modas, teorías científicas y filosóficas... Puede sonar un tanto siniestro, pero ¿acaso no son la materia prima de nuestra cultura? Para los meméticos , las ideas se propagan como una epidemia, y los memes en sí mismos evolucionan como esos mensajes que murmuramos en el oído de otro cuando jugamos al teléfono descompuesto: mutando levemente cuando saltan de un individuo a otro. "La selección favorece los memes que se entienden más fácil y son más fáciles de comunicar", afirma Glenn Grant.
Si los memes son formas de vida o no es aún materia de discusión, pero lo que queda claro -según estos investigadores- es que se comportan como tales y que pueden analizarse con las mismas técnicas que se emplean en la epidemiología, la evolución y la inmunología.
Autores como el filósofo Daniel Dennett defienden la idea de que los memes proliferan simplemente porque es parte de su naturaleza, y no necesariamente porque nosotros queremos. Al principio, concede, uno se resiste a la idea de que nuestros cerebros son una especie de deshecho en el que larvas de las ideas de otras personas se replican antes de enviar copias de sí mismas en lo que podría verse como una diáspora informativa.
Este concepto, por supuesto, plantea una interesante cuestión: "¿Quién tiene el control, nosotros o nuestros memes ?". Como concluye Dennett, no hay una respuesta sencilla a este interrogante.
Más allá de las diferencias de opinión, la comprensión de la ecología memética resulta útil para entender muchos aspectos de humanidad de fines de siglo: la existencia de cultos, ideologías masivas y campañas de marketing de todo tipo podrían muy bien explicarse enfocándolos con la lupa de los memes que, en su búsqueda de supervivencia, tienden a transmitirse de un individuo a otro independientemente de su validez.
A propósito: los periodistas, en este escenario, seríamos algo así como los vectores de memes por antonomasia. Para asegurarse inmunidad contra la información contagiosa tal vez venga bien recordar un axioma protector: "Uno posee sus ideas, pero las ideologías lo poseen a uno".
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