Marina y Ángel habían adoptado a tres de los niños de entre 2 y 10 años; su situación económica les impedía recibir a los dos mayores; LA NACION contó su historia y gracias a la ayuda que recibieron, desde ayer los cinco viven juntos
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Hoy, Marina Casella y uno de sus hijos, de 7 años, fueron los dos primeros en despertarse. El chico se acercó a la cocina y, mientras preparaban el desayuno, le dijo: “Mamá, estoy muy feliz de que vivamos los siete juntos”.
Después de una noche larguísima y cargada de emociones, pronunció esa frase que tanto Marina como su marido, Ángel Mangas, habían imaginado durante meses.
Esta vez no había que volver a ningún hogar. No habría una despedida ni una videollamada el domingo siguiente. Los cinco hermanos, de 10, 7, 5, 3 y 2 años, estaban, por fin, bajo el mismo techo.
—No te puedo describir cómo estoy porque lloro —dice Ángel, con la voz quebrada—. Ayer nos volvíamos a casa con todos los bolsos de los chicos y pensé: “Ya no hay más videollamadas. Ahora vivimos todos en casa”.

Este es el final feliz de una historia que LA NACION contó hace un mes. Marina y Ángel, de 35 y 28 años, viven en Henderson, un pueblo bonaerense de 9000 habitantes. Se habían anotado para adoptar hasta dos niños y, cuando finalmente recibieron el llamado que tanto esperaban, durante el proceso descubrieron que los dos hermanitos que estaban por conocer tenían otros tres hermanos, también en situación de adoptabilidad.
La reacción de ambos había sido inmediata: querían adoptar a los cinco. Sin embargo, la realidad económica se los impedía. Primero recibieron a los dos más pequeños y, meses después, a una hermana mayor.
Los otros dos chicos, de 7 y 10 años, seguían viviendo en un hogar. Cada domingo, los cinco hermanos se encontraban a través de una pantalla.
“Las ganas y el amor sobran. La dificultad es económica”, habían contado Marina y Ángel a este medio en ese momento. Necesitaban ampliar su casa y ordenar la economía familiar para poder avanzar con la incorporación de los dos mayores.
El 27 de julio, LA NACION publicó su historia. Y entonces empezó a pasar algo que ellos todavía no terminan de dimensionar.
Repercusión inesperada
“Fue impresionante”, cuenta Marina. “La nota se replicó en medios radiales, de televisión y diarios. Empezaron a contactarnos empresarios y personas que simplemente querían ayudarnos”.
Una empresa ofreció cañerías; otras, griferías y sanitarios. Algunos empresarios aportaron dinero para pagar la mano de obra y uno de ellos reunió a otras cinco empresas que donaron buena parte de los materiales necesarios para comenzar la construcción. También consiguieron un préstamo sin intereses de un particular, que podrán devolver de acuerdo con sus posibilidades.
“Fueron muchos los empresarios que se contactaron para ayudar de forma anónima y estamos eternamente agradecidos”, subraya el matrimonio.
Aún no tienen todo lo necesario para terminar la obra, pero la ayuda alcanzó para dar el paso que hasta entonces parecía imposible: empezar.
La casa en la que vivían Marina, Ángel y los tres hermanos más pequeños tenía originalmente una habitación y un baño. Para ganar espacio, habían dividido el comedor con una pared de durlock y armado un segundo cuarto. Ahora comenzaron una ampliación que, una vez terminada, les permitirá tener cuatro habitaciones y dos baños.

Pero lo más importante no era la obra en sí, sino lo que significaba.
“Nosotros siempre habíamos dicho en el juzgado que queríamos a los cinco, pero que teníamos estos desafíos económicos”, explica Marina. “Cuando vimos que todo esto empezó a moverse a partir de la nota, que aparecieron empresarios y gente que quería ayudar y que la obra se volvía factible, lo primero que hicimos fue llamar al juzgado”.
Les dijeron que iban a empezar a construir como fuera. Que habían conseguido un préstamo sin intereses. Incluso un empresario les ofreció alquilarles una casa mientras durara la obra, pero ellos prefirieron pedirle que destinara ese dinero a materiales. “Les dijimos: nos vamos a acomodar como sea, pero queremos estar todos juntos”.
El juzgado fijó una audiencia.
La última despedida
Mientras esperaban que llegara ese día, los encuentros entre los cinco hermanos continuaron.
El fin de semana pasado fue el cumpleaños de la única nena del grupo y pudieron festejarlo todos juntos en Henderson. Los dos hermanos mayores viajaron al pueblo y pasaron el fin de semana con la familia.
“Fue hermoso”, recuerda Marina.
Hasta que llegó el domingo a la noche.
Los dos chicos tenían que regresar al hogar.

“Lloraban, pataleaban. Fue durísimo de los dos lados: para ellos, que se tenían que ir, y para los hermanitos que se quedaban acá”, cuenta.
Marina y Ángel intentaron calmarlos con una promesa. Faltaban apenas unos días para la audiencia en el juzgado y tenían la esperanza de que aquella pudiera ser la última despedida.
Ayer viajaron nuevamente a Buenos Aires.
Cuando llegaron al juzgado, llevaron una docena de facturas para cada oficina. Era una manera sencilla de agradecer el acompañamiento que, aseguran, habían sentido durante todo el proceso.
La jueza los recibió emocionada. “No hay nada que hablar, chicos. Cumplieron con todos los procesos legales”, cuentan que les dijo.
La audiencia terminó cerca de las tres de la tarde. Los dos chicos mayores todavía debían completar unos chequeos médicos. Después de la merienda, Marina y Ángel fueron a buscarlos al hogar.
Esta vez, cargaron sus bolsos sabiendo que no tendrían que volver.
“Ahora vivimos todos en casa”
El viaje desde Buenos Aires hasta Henderson duró varias horas. En un momento, dentro de la camioneta, todos iban cantando una canción.
Ángel manejaba.
“De un momento al otro me largué a llorar. No podía hablar. Era la emoción”, recuerda.
Llegaron al pueblo cerca de las 11 de la noche.
Los tres hermanos que ya vivían allí seguían despiertos. También los esperaban familiares y amigos. “La casa estaba estallada de gente”, cuenta Marina.
Habían pasado meses desde aquella entrevista en el juzgado en la que Marina y Ángel escucharon por primera vez que los dos niños que querían adoptar tenían otros tres hermanos. Meses de viajes a Buenos Aires, cuentas que no cerraban, una hamburguesería que tuvieron que cerrar durante semanas, domingos frente a una pantalla y despedidas que se volvían cada vez más difíciles.
Anoche, por primera vez, ninguno de los cinco hermanos tuvo que irse.
“Gracias infinitas”, repiten Marina y Ángel. También destacan el acompañamiento del hogar y, especialmente, de una psicopedagoga que durante meses estuvo presente en las videollamadas de los domingos y hasta iba en horarios extra para que los hermanos pudieran comunicarse.
El proceso judicial todavía continúa. Ahora están en plena vinculación con los dos mayores y, según les explicaron, en aproximadamente seis meses se realizará el juicio de adopción.
Pero la vida cotidiana de siete ya empezó. “Misión cumplida”, dicen Marina y Ángel.
Cómo colaborar
La ampliación de la casa recién comenzó y todavía faltan materiales y dinero para poder terminarla. Por eso, la familia sigue necesitando colaboración para completar la obra y acomodar la casa a esta nueva vida de siete.
Quienes deseen y puedan colaborar con la familia, pueden hacerlo escribiendo a marinacasella21@gmail.com
O mediante una transferencia bancaria:
- Alias: juntosyfelices2026
- CVU: 0000003100082532689920
- Nombre: Angel David Mangas Dupuy
Quiero una Familia
Esta nota forma parte de Quiero una familia, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca garantizar el derecho de cada niño a vivir y crecer en familia.



