Día contra la explotación sexual: Alika Kinan, la activista que logró condenar al Estado

Alika Kinan, en la Unsam, donde trabaja como directora del Programa de Estudio, Formación e Investigación sobre Trata de Personas
Alika Kinan, en la Unsam, donde trabaja como directora del Programa de Estudio, Formación e Investigación sobre Trata de Personas Crédito: Ricardo Pristupluk
María Ayuso
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12 de agosto de 2019  • 20:23

Delgada, rubia, de pelo largo, pasada de hambre. Así llegó Alika Kinan a Ushuaia. Era 1995. Tenía 18 años, casi 19. Estaba desesperada por enviarle algo de plata a su hermana menor, que había quedado en Córdoba, en la casa de una amiga. En el aeropuerto, la esperaban Pedro Montoya y Claudia Quiroga para llevarla al Sheik, el prostíbulo donde sería explotada sexualmente durante 16 años.

Hoy, en el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas, Alika recuerda que lo primero que hicieron fue ir con ella a la policía provincial de Tierra del Fuego, donde le hicieron una apertura de legajo y le pidieron todos sus datos personales. "Querían ver que no tuviese antecedentes penales: que nadie me estuviese buscando", dice Alika. Después, a la Municipalidad de Ushuaia, para gestionar la libreta sanitaria. En un laboratorio privado, le sacaron sangre y le hicieron un exudado vaginal. En el hospital, le firmaron la libreta. "Todos sabían todo", cuenta. Ese mismo día, los policías y los municipales estaban en el prostíbulo "para probar" a la recién llegada. El Sheik se jactaba de tener las chicas "de mejor calidad".

Caer en la red

Alika había llegado desde Cruz del Eje a Córdoba capital con 18 años: dejó el último año del secundario y se fue a buscar trabajo. Dalma, una chica que conoció repartiendo publicidad en la calle, le ofreció ir al sur, a la inauguración de un boliche:

- Te llenás de plata, bailás, jodes.

Alika no hizo preguntas. A los tres días, tenía un pasaje de avión a su nombre.

"Hablé por teléfono con Claudia Quiroga, la socia del prostíbulo. Me preguntó cómo era físicamente", recuerda Alika. "Dalma fue la que me reclutó: una chica pobre, como yo, con los padres re enfermos. El premio que se debe haber llevado porque yo era linda y joven, debe haber sido quedarse durante algún tiempo, mínimo, con un porcentaje de lo que ganaba".

Cuando llegó al Sheik, Alika no tenía con qué calzarse. "Tenía una pobreza encima. Me acuerdo que había una caja de zapatos viejos y busqué ahí un par", cuenta.

En esos años, Tierra del Fuego era la tierra de los prostíbulos: Roxana, Sonia, El Sheik, Black and White, Tropicana, Candilejas, eran solo algunos de los nombres de los antros donde la oferta de mujeres y las drogas atraían a decenas de hombres por noche.

Salir del pozo

"Yo no soy víctima de nada. A Pedro y a Claudia los quiero", fue lo primero que le dijo Alika a María Hermida, la fiscal, después de la madrugada del 9 de octubre de 2012 en que Gendarmería irrumpió en el Sheik. La primera ley de trata estaba vigente desde 2008, pero ella no lo sabía. "Sentate, tomate un té", le dijo Hermida. Se tomó dos y declaró más de cuatro horas.

La fiscal le preguntó por su infancia, su familia, cómo había llegado al sur. Alika le contó que su mamá y sus tías habían sido prostitutas, que a los 14 la habían violado y que nadie le había creído; que había pasado hambre, que sus padres las habían abandonado a ella y a su hermana a su suerte.

Poner en palabras su historia fue el primer paso. "Reconocerme como víctima de trata fue un proceso muy largo. No todas lo pueden hacer. Implica revisar todo tu ser, enfrentarte a tus propios demonios. Es una barrera muy grande que tenemos las víctimas: reconocer que no está bien eso que nos pasó, que se aprovecharon de nosotras", dice Alika.

En 2016, en un fallo histórico, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Tierra del Fuego condenó a Pedro Montoya a siete años de cárcel por el delito de trata agravado por la pluralidad de víctimas. Además, reconoció la responsabilidad civil de la Municipalidad de Ushuaia como participe necesaria en la existencia de la red, teniendo que indemnizar a Alika con 780.000 pesos. En 2018, las condenas fueron confirmadas por la Cámara Federal de Casación Penal. Por primera vez, el Estado argentino fue considerado cómplice por el delito de trata de personas.

Hoy, Alika vive en Buenos Aires con Alfredo, su pareja, y sus seis hijos e hijas. Es directora del Programa de Estudio, Formación e Investigación sobre Trata de Personas de la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). Feminista, activista y abolicionista, para ella la prostitución no es un trabajo: son violaciones pagas. Las mujeres víctimas de trata están condicionadas por su situación de extrema vulnerabilidad, a la que sus explotadores le sacan el jugo. "¿Cuándo hay autonomía en la prostitución, si lo que vos estás haciendo es garantizar un privilegio ancestral del macho sobre la mujer?", pregunta Alika.

Para ella, el principal desafío para acompañar a las víctimas es que exista un trabajo articulado entre municipalidad, provincia y Nación: "Tiene que haber un programa de fortalecimiento no solamente en lo económico, sino también en lo terapéutico. Las víctimas están anestesiadas con el dolor y el sufrimiento y hay que sacarlas de ahí".

En activista no se convirtió de la noche a la mañana. "Me lo encontré cuando empecé a reclamar por mis derechos. Dije: 'Lo que hicieron conmigo, lo están haciendo con otras'", cuenta Alika. "Además, tenía mucha necesidad de sentirme acompañada por mujeres que hubiesen pasado por lo que pasé. Yo tengo el don de poder hablar, de explicar claramente lo que viví. Pensaba: 'Si ellas no puede, ¿cómo no voy a hablar yo por ellas?'".

"En nuestro país, a once años de la ley de trata -sancionada en 2008 y modificada en 2012- las organizaciones sociales, las víctimas y sobrevivientes de este delito siguen reclamando la reglamentación de los artículos que hablan de asistencia, protección y acompañamiento para las víctimas. No se ha destinado la partida presupuestaria necesaria para poder proteger a las mujeres de que sean captadas nuevamente por las redes mafiosas", dice Alika.

Cuenta que desde el programa que dirige en la Unsam, están comprometidos "en avanzar en la producción de conocimiento a nivel regional y dar fundamentos a la creación de políticas de Estado que garanticen la restauración de los derechos humanos de los cuales fueron despojadas las víctimas". "Para ello, visitamos cada universidad con el anhelo de que se sumen a investigar, estudiar y formar sobre este terrible delito que cada día crece en nuestro país y en el mundo, incluso adoptando nuevas formas", concluye Alika.

Dónde pedir ayuda

En la línea 145 se puede solicitar información, asistencia y denunciar todo tipo de casos de trata de personas; funciona las 24 horas, todos los días, en todo el país y es anónima.

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