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La falta de sustentabilidad ecológica y las alteraciones en el normal funcionamiento del medio ambiente producen efectos negativos en la salud del ser humano. La magnitud e incidencia de las enfermedades a causa de problemas ambientales dependen, esencialmente, de cada ecosistema y de la susceptibilidad de las poblaciones humanas.
La malaria, la meningitis, el dengue, la enfermedad de Chagas y las diarreas, entre otras, afectan a millones de personas en todo el mundo. Según comentó el doctor Jorge Rabinovich, del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (Cepave), las principales alteraciones que constituyen riesgos para la salud incluyen: "La destrucción o fragmentación del hábitat silvestre, particularmente por la deforestación y la construcción de caminos; los cambios en la distribución y disponibilidad de agua; la deposición de contaminantes químicos; la urbanización fuera de control y la variabilidad climática, entre otras causas".
Los niños y los ancianos tienen mayores probabilidades de infección. La doctora Lilian Corra, presidenta de la Asociación Argentina de Médicos por el Medio Ambiente (Aamma), explicó: "Los niños están más expuestos ya que sus vidas se desarrollan cerca del suelo, donde están en contacto con polvo y sustancias tóxicas que allí se acumulan. Además, sus sistemas central, inmune, reproductivo y digestivo todavía se encuentran en desarrollo".
Los vínculos entre ecosistemas y salud se advierten más claramente entre las comunidades necesitadas, que suelen estar menos preparadas para implementar respuestas a los problemas ambientales.
Lo cierto es que el daño puede ser irreversible, pero a la vez evitable si se limitan las causas que alteran el ecosistema y se aplican planes de prevención.
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